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El dulce sabor del amor

Capítulo IX

Entre llantos

Y quisiera que la magia existiera, que con solo pensarlo yo pudiera cambiar y tener así alas para volar lejos de esta miseria. Pero ésta es mi verdad, esta es mi manera de ser y vivir en contra ello es ir contra mi misma naturaleza, es morir en el intento de aniquilarme a mí misma.

Miraba con atención su reloj esperando terminara la clase, estaba aburrida y lo suficientemente desanimada como para dejarle de importar los libros, el estudio o cualquier cosa que no fuera sentir pena por ella misma. Contó cada segundo sin escuchar cómo el muchacho, su pequeño pupilo, recitaba con tartamudez cada elemento de la tabal periódica. Por fin se terminaba el tiempo.

Se levantó con rapidez de la mesa y en un segundo recogió todas las cosas. Tomó su mochila pero al dar la vuelta para marcharse chocó contra el fornido pecho de Yukaio. Ella frunció el ceño y el sonrió de forma irónica, abrió la boca para decir algo pero Amy no tenía tiempo de escuchar tonterías ni mucho menos insultos. Intentó esquivarlo para salir de allí pero él le cerró el paso sin borrar de su rostro esa irónica sonrisa.

- ¿Vas al cine?

- No

- ¿Vas al cine?

- No – y de nuevo intentó pasar pero él no estaba dispuesto a darse por vencido

- No te hagas del rogar, vamos al cine, te prometo que veremos algo muy interesante

- ¿Y por qué quieres ir conmigo al cine?

- Porque sí… En realidad porque dudo consiga alguien que aprecie cine de arte – sonrió de nuevo pero esta vez Amy lo contempló con objetividad, sin esa aura y sensación de ser el enemigo o quien debía pagar por sus lamentos. Sí, esa sonrisa irónica no lo era así, era una sonrisa un tanto extraña pero su manera de mostrar algo de interés, algo de fascinación por alguien que no fuera él. De nuevo se dejaba llevar por la subjetividad, ella no sabía si era o no vanidoso

- ¿Entonces? – cortó por fin todas sus ensoñaciones

- No

- Oh que la… Anda vamos te compraré palomitas y dulce

- Acepta – tartamudeó su pupilo – es muy co… co… do…. Ni a su novia le compra… pa… pa… palomitas… ah lo olvidada… daba… no tienes no… no… novia

- Cállate sonso

- Bien, voy pero sé puntual

- Bien – rió con gran ánimo y Amy lo miró interesada por saber si esa expresión era normal en él o pensaba jugarle alguna treta

* * *

Michiru se sentía desolada. Cómo pudo ser tan ilusa, cómo pudo creer que sucedería, que Haruka Tenoh la acompañaría en su loca aventura. Ni ella misma entendía el porqué emprendía el viaje a Tokio, cómo llegó a esa decisión. Era egoísta, quería pelear al lado de Haruka y no sola, quería tenerla allí con ella aunque fuera por esa falsa lealtad a un destino que cumplir. Pero fue ella misma la que pidió a los dioses porque su viento nunca se quedara a su lado por una misión, por un pasado milenario ni mucho menos por salvar al mundo. Entonces, ahora por qué cambiaba de idea. Porque la amaba demasiado, sin saber cuando se enamoró loca y perdidamente de ese viento indomable. Emitió un suspiro mientras su vista se perdía en el basto paisaje.

Su madre tuvo razón, la vida no se basaba en el amor ni mucho menos en sueños efímeros. El amor era parte de la existencia humana una pizca de lo mucho que se vive. Entonces, si así eran las cosas, la mitad de su vida no tenía sentido, y el futuro se veía negro y oscuro. Se levantó de su asiento para correr al baño pues las lágrimas ya se vertían en ese amargo viaje.

***

A las cuatro y media en punto el timbre de su casa sonaba. Amy no podía creer que Yukaio se hubiera presentado y mucho menos de forma tan puntual. Terminó de arreglarse para abrir la puerta. Pero las sorpresas no terminaban allí, el joven había decidido llevarle unas rosas y unos dulces. Ella se quedó muda de la impresión, se veía tan guapo y elegante que no tuvo mucho tiempo para que su cerebro procesara la imagen que tenía frente a sus ojos. Recibió las flores con torpeza y corrió a la cocina por un jarrón. Entre balbuceos le dio la bienvenida y se disculpó por ser tan ruda esa mañana.

- Que va esta bien – contestó él

- Y bien

- Pues entonces vámonos – la invitó a tomarlo del brazo. Ella sonrió con cierto dejo de picardía. Si sus amigas la vieran apostarían su vida a que esto era una cita y quizá sería lo más cercano que tendría a una en toda su vida.

- A que me veo linda – comentó sin pensar

- Ah – se encogió de hombros – Eso es siempre – sonrió

- Ah – se sonrojó dándose cuenta de su torpeza

No se imaginó que podría pasar un día tan especia en compañía de un muchacho como Yukaio. Después de la muestra de cine el chico la invitó a cenar en un local de unos tíos. Ella intentó negarse pero Yukaio tenía don para enfadarla y hacerla cambiar de idea.

- Odio cuando me retas…

- Odio que seas odiosa… Eres – y sus ojos adquirieron cierto brillo – Eres muy molesta cuando te lo propones – sonrió

- Debo regresar temprano a casa

- Está bien, te regreso temprano… Aunque

- Aunque – no de nuevo, no otra riña tonta de psicología inversa que no ganaría

- Quería llevarte al observatorio

- Está cerrado – frunció el ceño molesta

- Pero yo tengo llaves – y dicho esto sacó un juego de llaves que sacudió ante los asombrados ojos de Amy

- Está bien – sonrió la joven, y de verdad lo estaba. Era mejor que estar en casa sola esperando a su madre

Era como mágico, como un encanto extraño estar con él. Pensaba en Ángel y si él saldría así con ella alguna vez. Pero debía dejar de preocuparse por lo que era y no era, estaba tan errada que dejó de ver su propia belleza, las cosas hermosas de la vida y así permitió que su vida se apagara. Mañana sería otro día, uno mejor y entonces quizá entender por completo que la soledad y el vacío está en uno mismo, en lo que se hace o no, en lo que se permite y en cuántos sueños se dejan apagar por tonterías. Sonrió con encanto sin igual y su compañero se lo hizo saber.

- Eres hermosa

- Ah – se sonrojó sin saber cómo evitar sentirse cohibida

- De verdad lo eres… Tengo un proyecto, algo raro pero muy bueno ¿Te gustaría participar? Es sobre química… Es con otros chicos de la universidad…

- Ah – pero ella se quedó todavía con el sonrojo del elogio como para poder escuchar lo que le decía

***

Michiru terminaba de desempacar, ya tenía dos días allí y ni si quiera sabía dónde estaba la tienda. Vivía en la tristeza y siempre buscando ese enemigo que en sus visiones veía. La idea de salvar al mundo no le daba ánimos para continuar. Se sentía desamparada como si su vida ya no tuviera un sentido de ser.

***

Emitió un suspiro lleno de tristeza y Haruka la abrazó por detrás para besar sus hombros. Ella contestó con un beso igual de cálido. La joven rubia leyó en sus ojos la tristeza de un vago recuerdo. Tal vez ese sentimiento que se quedó de antaño: el no saber si ella se quedó a su lado por amor o un compromiso.

- Te amo ¿Lo sabes? – susurró a su oído haciéndola estremecer

- Sí – sonrió

- ¿Te pasa algo?

- Recordaba… Cuando llegué a Tokio

- Ah – sonrió burlonamente – Fue toda una aventura. Recuerdo ese día como si fuera ayer…

- Shhh calla – besó sus labios – No me refería a ese día… Por todos los dioses por qué eres tan burlona

- Ah eso no sé pero sé que te amo con locura – y en un giro brutal la abrazó

- Suéltame me vas a tumbar

- Te amo hermosa sirenita – le susurró la rubia

Haruka se quedó pensativa mientras ella la miraba con cierta dulzura provocadora. Recordaba esos días tristes, ese momento en que las decisiones marcarían el resto de sus vidas. Fue difícil, tenía tanto miedo, tenía la intensión de escapar lejos y olvidarse que ella era Haruka Tenou. Pero algo la ató allí, algo más que un deber o compromiso: el amor.

- ¿Te preocupa Amy todavía?

- Un poco, se siente tan sola que no se da cuenta de lo importante que es ella, de lo mucho que la queremos y nos intensa… Como si no viera al resto de personas que la amamos y…

- Y déjala – sonrió con delicadeza – Todos tenemos un tiempo, ella necesita descubrirse a sí misma

- ¿Y Ángel?

- Ah ese feo no importa – y al terminar la oración Michiru rió encantada de verla tan posesiva con Amy

***

Durante horas se quedaba sentada observando la nada, pensando en esa enorme ciudad que se convertiría en su hogar y sintiéndose desolada, hubiera querido tantas cosas que solamente podía quedarse allí mirando la nada en esperada de un ansiado milagro. Se dejó llevar por los susurros de la calle para adormecerse y así dejar que el tiempo sanar sus heridas… su soledad

***

Y Amy extrañamente se sentía feliz. Como si su vida adquiriera algo de ensueño y magia que no podía comprender. Llegaba puntual a su cita, participar en un proyecto nunca antes le había causado tanta felicidad. Pero las sorpresas estaban a la orden del día. Al entrar sus ojos se toparon con los de Ángel. Se congeló por aquella imagen ante sus ojos, como si el destino le jugara malas tretas intentando destruirla. Frunció el ceño casi por un reflejo inexplicable mientras Ángel iluminaba su propio rostro con esa sonrisa afable y atenta que ella tanto amaba.

- ¿Lo conoces? – interrogó a Yukaio

- ¿A Ángel?

- Sí – y su mirada se llenaba de cólera como si encontrara en el chico el perfecto ser material a quién culpar de sus lamentos y fracasos

- Somos compañeros… ¿Eso sirve? ¡Por qué! ¿Él te molesta?

- Me molestas tú – y sin más dio la vuelta para salir del lugar. Pero Ángel alcanzó a reaccionar y la sujetó de la mano impidiéndole su huida

- No te vayas…

- Suéltame – sus ojos se llenaron de una furia indescriptible

- Te necesitamos – suplicó – Te necesito

No supo qué contestar. Ese resentimiento que guardó para sí misma y hoy depositó en otros se apagó, leyó en esos ojos tiernos la verdad de la amistad, el respeto, la ternura y sensibilidad. Pero no era suficiente, su suspicacia ganaba terreno. Se liberó de su opresor para escapar.

- Está loca

- ¿Lo crees? – sonrió Ángel

- Todas las locas son bonitas… Amy está loca por tanto

- ¿Es bonita? – reía el muchacho a carcajadas él nunca se expresaba así de una mujer

- Y está loca… Loca de atar, no olvides lo más importante

***

Todo el día esperaba, ansiaba con fervor escuchar su voz, saber que la siguió o por lo menos la buscó pero ya era demasiado tiempo y la ilusión debía terminar no aumentar más, claro, ella era Michiru Kaiou, la persona más soñadora que pudo pisar la tierra. Entonces escuchó gritaban su nombre, su rostro de niña se llenó de alegría y volteó observando no era ella a quien llamaban

- Juan Adolfo – se abrazaba al muchacho – te extrañé tanto

- Michiru – la abrazaba con fervor

- ¡Odio mi vida! – gritó observando que esa ridícula mini serie de amor usó su nombre

- Es muy buena seño… Juan Adolfo se fue a África porque creía que Michiru Maritna ya no lo amaba y entonces Michiru Martina creyó que un León se lo había comido pero lo que no sabe Juan Adolfo es que ella está comprometida con su hermano Octavio Adalberto pero fue él quién fraguó todas las mentiras para separarlos y la hermanastra de Michiru Martina, Ana Carolina Isidora está embarazada y dirá que es de cuando fue a ver a Juan Adolfo a África pero no es cierto es del hermano Octavio Adalberto y…

- Creo no es tan malo – se sentó en la pequeña cafetería para ver la novela

Después de una semana y estar tres días frente al televisor viendo las grabaciones anteriores de la mini serie hoy sabía la vida de los personajes mejor que ni la propia. Esa novela tenía toda la ilusión que Haruka Tenou le robó a ella, hasta pensaba que pronto encontraría un amor nuevo, una maravillosa persona que sería fanática de África y los leones.

- ¡Me estoy volviendo loca! – gritó apagando el televisor – se supone debo proteger al mundo del silencio, no ver ridiculeces…

***

Estaba llorando como todas las tardes, con la diferencia que hoy lo hacía afuera de los departamentos, se cansó que la nada escuchara sus lamentos, hoy por lo menos ya dos personas habían pasado y visto sus lágrimas de cocodrilo

- Señora ¿le duele algo? – preguntó el niño que hacía una hora la había visto

- No – se limpió las lágrimas con su pañuelito – sí – y sin más comenzó a llorar desesperadamente – el corazón

- Así se murió mi tío – contestó la otra niña – ¿crees que esto es una emergencia? Mamá dijo que podíamos usar el teléfono en una emergencia

- ¡Debe serlo! – gritó el niño emocionado – vamos a usarlo – y dichosos se fueron corriendo

- ¡Malvados! – gritó Amy viendo se quedó sola. Pero la culpa la tenía ella, se alejaba de todos, cómo quería alguien viniera ayudarla. Se levantó y de un teléfono público marcó a la primera persona de su lista – Serena – lloraba a mares – me duele el corazón

Diez minutos después tenía una ambulancia allí, dos doctores, a todas sus amigas y a tres vecinas que intentaban encontrar qué le pasaba. Era más de lo que pidió. Sólo quería una amiga con quién platicar no medio edificio enloquecido preguntando si se infartó. La culpa la tenía ella por decir que le dolía el corazón…

- Ya tranquila – la abrazó Rei y luego se volteó para abrazar a la inconsolable Serena – deja de llorar tonta

- ¿Quién de las dos? – preguntaron al unísono las jovencitas

- Que tal las dos

- ¡No te mueras Amy! – gritaba Mina a sus pies – no te mueras

- No se infartó boba – reía Lita – vamos Amy dinos qué tienes

- Ganas de llorar

- Parece una crisis de histeria – terminaba el paramédico de aplicar el sedante – la llevaremos a urgencias ¿Quién irá en la ambulancia? – para qué preguntó, las cuatro jovencitas tenían la mano levantada y tres vecinas que Amy nunca había visto

El paramédico marcó en su libretita los departamentos como lugar no grato, alguien lo empujó sin intención haciendo que rayara su cuaderno. Las cuatro jovencitas iban en la ambulancia, no había mucho espacio y más de una se iba quejando por lo reducido de la unidad

Su madre llegó dos horas tarde, como siempre, fue la última en enterarse y tal vez, sólo tal vez, tenía mejores cosas qué hacer para prestar interés a niñerías. La abrazó y pidió el expediente observando que sólo fue una crisis nerviosa.

- Nos tomaremos unas vacaciones

- No – comenzó a llorar, tan absurdamente como su primer llanto

- Hija estás enloqueciéndome

- Tú me enloqueciste así que estamos a mano

- ¿Qué tienes Amy?

- Ganas de llorar

Y ganas de morir. Estaba tan fuera de sí que ni siquiera ella entendía que le pasaba. De nada sirvió lo que dijera, hasta sus amigas estaban de acuerdo en que necesitaba unas vacaciones. Y en cuanto regresó a casa a regañadientes empacó. No podía ir tan mal hasta sus amigas irían al viaje… Tal vez de una buena vez se olvidara de todos y todo

- Vacaciones – sonrió la rubia – hace mucho no tomo unas sola

- ¡Haruka! ¿Cómo estás?

- Aburrida, no te he visto y me aburro… ¿Cómo sigues linda?

- Bien, sólo fue una crisis nerviosa, es que trabajo tanto y…

- Y estás obsesionada con casi todo – se burló – tómatelo con calma, un día verás que ser tú no es tan malo, sino fenomenal, la gente te ama o te odia, a veces eres sólo alguien más y otras… sólo tú

- Eso es lo que no quiero seguir siendo, sólo yo

- Sino aprendes a amarte jamás nadie más lo hará

- ¡No me gusta quien soy! – bramó molesta

- ¡Pues cambia!

- ¡No puedo!

- Entonces aprende a vivir contigo – silencio – te traía unos chocolates – le mostró la caja abierta – pero alguien se los comió en el camino… así que ¿Aceptarías en su lugar tomar una malteada conmigo?

- Sí – se rió observando que aún tenía chocolate en las mejillas – qué ratón tan malo que se los comió

- ¡Fue Michiru! Creyó que eran para ella… y ¡Yo no me los comí!

- Como digas – reía a carcajadas

- ¿Ves? Te ves más linda cuando sonríes de esa forma – y Amy se sonrojó

 

Email de la autora: abccorporation1@yahoo.com.mx

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