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El dulce sabor del amor
Capítulo VIII:
“Sin razones”

Un instante para descifrar su persona. Frente a sus ojos al típico niño genio que nadie en la escuela quiere por sus modos raros de ser y hasta esa extraña vanidad en que se envuelve. Tenía dieciséis años, el cabello lacio hasta el hombro color castaño y unos ojos que se escondían entre los mechones que caían. Tenían cinco minutos y el chico no podía decirle nada, estaba tan tartamudo que Amy hacía hasta lo imposible para no terminar carcajeándose. Si no se equivoca esa misma expresión boba y azorada que mantenía el chico era la misma expresión que sus amigas tenían al conocer a un guapísimo galán... ¿Ella guapa? Y esta vez soltó la carcajada.

- Señorita Mizuno – saludó su profesor llegando a la sala

- Profesor – sonreía con tanto encanto que el chico hasta babeaba

- ¿Ya conoció a Mitzachi?

- Desconocía el nombre. Mucho gusto. Amy Mizuno.

- Bueno pero Mitzachi no te quedes allí parado llévala a tu laboratorio

Mitzachi resultó ser el hijo de su profesor, un chico que ascendió dos grados y hoy estaba un pelo de reprobar química por su falta de atención, sus constantes errores, su despistes y tantos pretextos que Amy conocía para evadir la propia responsabilidad

- ¿Cuántas horas inviertes a química?

- No...No... No... No...

- ¿No sabes?

- Sí... No... Sí...No... No sssssé – tartamudeaba tanto que Amy ya estaba sería mente pensando en catalogarlo como retrazo mental

Trató de hacerle un examen para evaluar su nivel, el pobre chico estaba tan nervioso que ni su nombre pudo escribir correctamente. Así que las fallas restantes fueron nimiedades. Pensó en dejarle hacer una plana de su nombre o tal vez decirle al padre que su hijo carecía de cerebro.

- Pupuedo hacerlo mememejo... puedo hacerlo mejor... no..no..no.. le digas a mi papapadre

- Mañana vendré, estudia el primer capítulo y ya veremos

* * * *

No pasaría química y menos si pensaba tanto en Michiru. Se concentraba en mirar el horizonte soñando con un mejor mañana para ella. Tal vez debía llamarla. O simplemente olvidarla. Suspiró, tan fuerte que su misma pasión se liberó en aquel acto físico para viajar por el cielo hasta llegar a su amor.

- Moriré – repitió en un murmullo

- Pero primero enfermarás – sonrió su madre – Te buscan

- No quiero ver a nadie

- Es una simpática muchachita que quiere decirte algo muy rápido, creo debes bajar.

Ahí estaba, Michiru Kaioh y su semblante triste, no pudo mirarla a los ojos, temía descifrar el fin último de su visita y entonces morir allí mismo del amor. Michiru sonrió tratando de que la joven cambiara esa expresión de autodefensa, ella no era el enemigo.

- Les dejo... Traeré galletitas y té – dijo la mujer rompiendo el silencio

- Dime – y Haruka se portaba con tanto despotismo que mataba el amor del Michiru

- Me voy a Tokio... Voy a estudiar en el Munge y quería despedirme de ti

- ¿Te vas? – intentó guardar la calma en vano

- Sí

Frunció el ceño, se levantó de su asiento paseando como loca por la sala sin entenderle. Golpeó el respaldo del sillón con el puño.

- Pues eres libre de hacer lo que te venga en gana... Lárgate

- Sí, yo también te quiero – contestó en tono juguetón Michiru – Salgo pasado mañana

* * * *

Cinco treinta. Tratar de hacer que el chico leyera correctamente el libro de química y ella intentando no estallar en sonoras carcajadas. Pobre niño, no podía ni concentrarse por el hecho de tener una mujer cerca de él. Ése podía ser el problema. Necesitaba un tutor varón. Oyó ruidos y el chico se quedó petrificado.

- Essss... esss... Yukaio

- ¡Qué pasó! – gritó el chico enfurecido sosteniendo en su mano una parte de la motocicleta quemado

- ¡Tú de nuevo! – gritó Amy al punto del cólera

- ¡Qué parte de no me gustas no has entendido!

- ¿Se conocen?

- ¿Conocernos? – gritaron al unísono

- Este chico es un grosero, un...

- Ya basta qué hace aquí esta niña malcriada

- Es mi... mi... tutora

- Con razón repruebas – dio media vuelta regresando a la sala

Yukaio era el hermano mayor de Mitzachi, estudiaba ingeniería en al Universidad de Tokio y para colmo de males era un chico tan bueno en la escuela que bien podía opacarla. Amy creía que eso ya era una jugarreta del destino muy macabra.

- No es malo – tartamudeaba su alumno – Es, es solamente él

- Supongo – frunció el ceño con enfado

La clase continuó y así averiguó que el chico reprobaba química porque tenía una maestra y una lo suficientemente joven para que él pudiera delirar n poco y dar n sentido a su corazón adolescente. Quizá… solamente quizá estuviera enamorado de ella… Como ella misma estaba enamorada de Ángel. Un suspiro se le escapó al mismo instante que a su joven estudiante.

* * * *

Quiero dormir y soñar contigo, vagar por el cosmos pensando que tú y yo solamente existimos, sin barreras, sin fronteras, sin preocupaciones… Quiero saber que me amas y amarte para siempre. Michiru miró la lluvia que caía sin cesar, recordó la primera tarde que sintió pesar por estar enamorada y comprendió que ese sentimiento se apoderaba de Amy. Volvió a marcar el número en su móvil, el timbre sonó y ella detrás de esa puerta impenetrable aguardaba por una Amy ensimismada en sí o quizá divagada en una de sus tantas materias

- Abre – gritó cansada tocando la puerta frenéticamente

Sin respuesta de nueva cuenta.

- Abre – y casi lloraba de rabia al ver que Haruka tenía razón, esta vez era el tiempo quien intentaría resolver el problema

scuros matices cubrían su pasado, un pasado marchito y sin aliento para vivir másNo más entrometerse donde ya no podría hacer nada. Había situaciones que el tiempo resolvería… O quizá la misma Amy… Y de nuevo ese brillo espectacular se posó sobre sus ojos, estaba dispuesta a ser cupido por otros días más. Dio media vuelta, a la salida del edificio. Mientras descendía las escaleras su mente divagaba soñando con lo que fue y lo que hoy era. Aquellas tardes mágicas en las que escapaba solamente para amar.

* * * *

La tarde era mágica, el sol chispeaba en el cielo y la luna apenas se empezaba a asomar. Michiru se sentía aturdida pues sabía que a pesar de sus sueños y deseos s historia no era una novela. Allí en la línea de trenes esperaba con anisa por el amor de su vida, por esa persona especial que llegaría para pedirle que no se fuera, para decirle que la amaba y que sobretodos las cosas era ella lo único. Pero no sería así. Hora de partir. Volvió a mirar a la entrada esperando por Haruka.

No lograba entender cómo el miedo la llevaba al punto de dejar ir el amor y hasta pensó que quizá no la amaba y que de verdad aquello eran promesas de una vida inexistente, un porqué sin lógica pues se seguía con un amor olvidado, un amor que no existía. Con e l dorso de la mano se secó las lágrimas. Ella no llegaría para detenerla. Subió al tren, ocupó su lugar y por cuarta vez revisó sus papeles. Miró por la ventana, le tren marchaba y de verdad seguía esperando escuchar la voz de Haruka gritándole la amaba… no sucedió…

* * * *

Tomó la tarjetita con mucho cuidado buscando en aquellos ojos penetrantes del niño una explicación al misterio. Alguien le había invitado a una conferencia, la tarjeta estaba marcada con su nombre y un distintivo listón que terminó por convencer a Amy que nada tenía que ver con Haruka, Michiru o Ángel. Sonrió pensando que no habría mejor siti para estar escondida que en medio de un gran tumulto

- Gracias – despidió al niño y buscó entre sus bolsillos una moneda para darle

Pobre Amy, ésta no era su semana ese chico molesto estaba frente a ella con una ceja arriba y otra abajo haciéndose la misma pregunta ¿Cómo terminaron juntos? El relato era sencillo, ambos habían asistido al evento petroquímico que aparentemente solo atrajo su atención a ellos dos. El chico arrugó la invitación, prefería morir antes que estar con aquella niña engreída que tenía ya cinco minutos presumiendo su intelecto mientras él seguía sin entender nada de la conferencia privada y exclusiva que un tonto destino se encargó de acomodar para ellos

- Soy un sonso – repetía hastiado

- Sí – contestó Amy tomando notas de la conferencia

- Y estoy con una sonsa

- ¡No! – pero ella replicaba porque perdía puntos importantes de la conferencia por oírlo

- Bueno yo decía – reía alegremente. Por lo menos podía ocupar las dos horas de conferencia en molestarla y de esa forma no perdería su tiempo

- Deberías ayuda a tu hermano y no perder el tiempo en tonterías – le recriminó por fin

- ¿Ayudarle? En qué… Yo no tengo ni la mínima idea de cómo conquistar a una mujer o ser popular

- Claro como eres de malvado no debes tener ni un amigo

- No es eso – frunció el ceño disgustado y Amy por primera vez lo miró a los ojos

Sí no era su carácter lo que alejaba a la gente sino ser un genio. En sus ojos leía la misma amargura que se había anidado en su ser los últimos meses. Como si el estigma de “cerebrito” significara la muerte en vida, la amargura y hasta el deseo de una muerte física antes que seguir vagando por el mundo solo.

- Te invito a comer – dijo sin más

- ¿Cómo?

- Pues así me dirás en que ayudo a mi hermano… Digo sé que soy un poco malvado…

- ¿Un poco? – interrumpió la joven

- ¡Cállate! Me refiero a que… a que no sé mucho de él, supongo que a veces me ocupo demasiado de mí y…

- ¿Y? – sus miradas se cruzaron, leer el alma o por lo menos echar un vistazo a los secretos profundos que hay en el corazón…

Cómo explicar lo que duele el corazón, cómo descifrar en palabras el encanto del amor, ese ser que se liberó de su corazón con una tierna mirada y después despertar a la realidad para darse cuenta quién es. Y la pregunta crucial era ¿Ahora qué? ¿Qué hacer con esa soledad? ¿Qué hacer con ese esencia que se impregnó hasta la médula, con los besos que jamás se dieron, con el amor suspendido que se quedó en la nada? ¿Qué hacer si siempre sería ella? Siempre Amy Mizuno, la niña genio que no sabía, ni sabría hacer otra cosa que estudiar.

- ¿Y?

- ¿Y? – estaba al punto del llanto, pero su orgullo absurdo le impedía salir corriendo

- Nada que no me contestaste por decirte nerd – rió con gran ánimo hasta que su risas se apagaron en la mirada triste de la chica – Lo siento

- No

Y el silencio incomodaba a ambos. Yukaio se rascó la cabeza hasta que por fin pareció encontrar un buen tema de conversación: Comidas a las que se les podía poner chocolate… Como el pescado, un pan tostado, una hamburguesa…

* * * *

La tristeza la consumió lentamente, su misión parecía ser lo único que la mantenía a flote. La extrañaba, la amaba, la anhelaba como a nadie más en ese mundo. Haruka tenoh resonaba el nombre en su cabeza y el recuerdo permanente de la última vez que se vieron se quedó prensado a su ser para solamente ser olvidado en la muerte misma.

Ojos azules que embelezan el alma, sentidos e instintos que afloran con el alaba, simplemente pasiones que se dejaron al descubierto para perder todo sentido en un arrebato de nada. ¿No sabía que era suya? ¿No entendía que la amaba de verdad? Podría ser, solo por casualidad que esto fuera mejor así, porque Haruka no sería suya por una obligación, el destino las unió pero fue la propia rubia quien decidió su final. Un triste final para tratarse de una historia de amor. Y entonces su vida termino. Cuánto no daría por escucharla decir que la amaba, por saber que se quedaría a su lado y que jamás la abandonaría. Palabras que jamás llegarían. Con el tiempo, sabía se acostumbraría, olvidaría y volvería a amar. Nunca con la misma pasión que a ella, nunca con la intensidad del primer amor pero sobreviviría.… Esperaba fuera así…

C o n t i n u a r á ......

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