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Capítulo VII:
A la deriva
Una ocupación cualquiera que fuera, un acto
para sobrevivir a la tempestad y su corazón
no reaccionaba ante las acciones que se presentaban.
Se sentaba hasta delante en clase observaba por largas
y tediosas horas al profesor en turno y su cabeza
seguía en otros lugares. Sonaba la chicharra
terminaba otra clase y el expositor empacaba sus cosas
- Señorita Mizuno
- Diga profesor bajó la mirada temerosa
de que descubriera el aburrimiento que la batía
- Tengo un chico en la preparatoria que desea entrar
a la Facultad de Medicina
- Pues buena suerte no importaba si el mundo
en ese preciso momento se derretía, si vivían
o lloraban, si morían o eran presa de la algarabía
- Me gustaría mucho que usted lo prepara para
presentar el examen de admisión...
- ¿Yo? comentó extrañadísima
- Sí, le acreditaré puntos extras por
ello... no sé que pase por su vida y sea lo
que sea ya se ve reflejado en su desempeño
escolar... ya no vendrá a mi clase ni hará
examen si acepta
- Lo pensaré
* * * *
No quiero retenerte a mi lado por una obligación,
no quiero que el deber te impulse a estar conmigo...
si es así preferible no habernos conocido.
Sé que en otras vidas estuvimos juntas, que
fuimos felices pero nadie nos dice que obligadamente
debamos repetir la historia.... tal vez, solo tal
vez pueda realizarse ese sueño. Háblame
cuéntame qué te lleva a estar junto
a mí
Un sonido vacío en medio de las calles, un
cuerpo delicado e inocente llorando, sentada en una
banca de cualquier parque y en un suspiro penetró
a sus pulmones el olor a tierra mojada para rejuvenecer
sus fuerzas
- Michiru dijo esa voz perfecta que tanto
adoraba
- No podemos hacer nada....
Aquella tarde la madre de Michiru había conocido
a Haruka y más o menos éstos eran los
acontecimientos: Le vio saludar cariñosamente
a su hija, observó sus azules ojos y con mirada
fría barrió aquel atlético cuerpo.
Quizá a primera vista no del todo había
logrado adivinar que se trataba de una mujer, eso
sucedió a mitad de la tarde, pero lo que le
había incitado a odiarla en primera instancia
era su apellido y la forma tan amorosa en que trataba
a Michiru
- Te prohíbo cualquier amistad con Haruka
- ¡No puedes dictar a quien amaré o
no!
Y no podía mandar en corazón ajeno.
Ahora Michiru lloraba sin entender el motivo que su
madre la obligaba a sobreprotegerla. Haruka se sentó
en la banca la tomó en brazos y Michiru se
deshizo en llanto.
* * * *
Distraída caminaba pensando en cuánto
tiempo tenía sin verlo. Tal vez después
de todos estos años de ausencia hubiera cambiado...
madurado. Estaba sorprendida de la inmensa brecha
que entre ellos se había abierto así
como la distancia en tiempo entre uno y otro encuentro.
No lo jugaba solo pensaba si la amaba, si de verdad
ella Amy Mizuno tenía un peso importante en
su vida. Porque para ella su padre solo se traba de
un extraño conocido, hasta sabía más
de la vida del chico de la cafetería que de
su propio padre
- ¡Adiós guapa! oyó un
par de voces obscenas que le gritaron al pasar por
una construcción ¿Te acompaño
lindura?
Hecha una fiera volteó a quienes emitían
aquellos piropos. Sus ojos se hallaron con la cínica
sonrisa de un muchacho joven que escudado en el periódico
evitaba verle a los ojos
- ¿Te es muy simpático molestar a las
mujeres?
- Pero si yo no fui se defendió el
muchacho
Amy nunca había sido una persona agresiva
y mucho menos con la iniciativa que hoy estaba tomando.
El chico la sacó de sus casillas, más
de lo que ya estaba, aquellos ojos negros saboreándola
victoria de verla explotar, su expresión antipática,
arrogante y petulante...
- Majadero ¡Pero con que tipos se topa una
estos días! decía Amy encaminando
sus pasos a su destino
- ¡Como si fueras muy bonita! y Amy
se paró en seco giró sobre sus talones
con el rostro coloreado de rojo intenso
- ¡Qué dijiste!
- Tengo malos días pero no malos gustos no
piropiaría a alguien ... ehm... pues así...
así como tú
Las carcajadas de los albañiles hicieron que
Amy regresara a su forma habitual de ser. Ahora avergonzada
y humillada dio media vuelta para seguir su curso
* * * *
Todo había comenzado como una fría
sensación recorriendo su espina dorsal, un
palpitar desfrenado y un loco frenesí que no
medía convicciones ¿Qué había
hoy de peculiar en la biblioteca? Quizá la
tranquilidad, quizá el aire acondicionado o
el olor a libros nuevos quizá solamente la
soledad. El silencio reinaba en la gigantesca habitación,
ella estaban en un rincón cerca de la estantería
marcada con el número trescientos. Michiru
se acaba de levantar en busca de otro libro. Ella
se aburría mucho, la química no solo
le producía sueño sino malestar, sentía
el ambiente caliente y su presión descendiendo
a cero. No lograría entender las nomenclaturas,
no importaba cuanto se esforzara Michiru o ella misma
siempre acaba donde había comenzado.
Michiru podría estar contenta, podría
mostrar que la vida iba bien pero en sus ojos leía
la tristeza, ahora se preguntaba qué seguiría,
si tendría que enfrentar a todos los Kaioh
para poder amar libremente a Michiru. Quizá
hoy enloquecería. Si es que no lo había
hecho ya porque en todo caso sería la perfecta
excusa de Haruka Tenou para la acción que estaba
por emprender.
Michiru se sentó de nueva cuenta, ahora trataba
de explicarle cómo se realizaban los cambios
de electrones entre los elementos químicos
o algo así Haruka había dejado de escucharla
- Suena bien le musitó Haruka al oído
No importaba la materia, no importaba nada sino solo
esos resplandecientes ojos que hoy guardaban la tristeza.
Hizo su cuerpo hacia el frente quedando a milímetros
del rostro de Michiru. Y ella respondió separándose
en cuestión de segundos. Haruka se levantó
y tomó a Michiru por la cintura, estaba cansada
y hasta algo apasionada, tomó aire, suspiró
en su oído. Entonces entendió que debía
permanecer quieta, que el ambiente se tornaba oscuro
y estaba apunto de cometer un error. Y el error ocurrió,
se disponía a sentarse pero Michiru la tomó
de la barbilla sonriendo le nombró algún
elemento de la química hasta que finalmente
los labios de Michiru rozaron sus labios y la pasión
se desbordaba, aquello era inverosímil, tan
fantástico, tan irreal como un sueño
del que ninguno quería despertar. Suspiró
volviendo a tomar esos labios carmines, la seducía,
moría y vivía en sus labios, caminaron
un poco y terminaron en la mesa tendidas, ahora la
mano de Haruka recorría aquellos pechos jóvenes
mientras Michiru se hacía a la espalda de Haruka
como un náufrago a su tabla. El encanto no
podía durar más.
Aquel mar de sensaciones, aquel siniestro aroma a
desconocido impregnado en su piel y sobre todo el
dulce sabor de esos labios prodigiosos. No había
tiempo, ni espacio ni censura, existía el amor
existía en el silencio sin ser palpable sin
ser nombrado, solo estaba ahí tomando posesión
de lo que le correspondía. ¿Cuándo
se había dado cuenta que amaba a Michiru? Tal
vez hacía mucho tiempo. Tanto que su inconsciente
había desistido a emprender aquella aventura
que no comprendía ¿Por qué desatarla
ahora? ¿Por qué cuando más le
aterraba amar lo había hecho?
- ¡Para! gritó Michiru alejando
a Haruka de su lado y sus fríos labios pronunciaron
sentencia Lo siento, no debió ser
¿Tendría tanto miedo como ella lo tenía?
¿Le amaba? Haruka se levantó con la
mirada perdida en los libros de la estantería
aún saboreando esos labios y sin poder para
el remolino en que se batía su mente y su corazón,
sin poder entenderse a sí misma o a sus acciones
- Lo siento masculló con su gruesa
voz
No dijo más ni esperó algún
comentario solo se fue. Huyó antes de verse
obligada a rechazar a Michiru... antes de mentirle
y confesarle que no la amaba
* * * *
Su mirada se mantuvo en las hojas de su libro ¿Sería
a caso hoy su día de mala suerte? No creía
en los horóscopos pero tal vez... esta mañana
había leído el suyo y decía clara
y concisamente evitar salir y parase en algún
restaurante. No, simplemente cuentos, tomó
su café y continuó la espera que ya
se había prolongado por espacio de media hora.
Oyó entre pensamientos una voz que le era familiar
pero no lograba saber a quién pertenecía.
Cerró de golpe su libro observando con frialdad
que sus sospechas eran cierta
- ¿Otra vez él?
Sí de nuevo el chico arrogante de ojos negros
sentado en la mesa de lado con su sonrisa burlesca
esperando por ser captada por algún ingenuo...
ingenua en este caso. El muchacho le dirigió
una mirada y al reconocerla esbozó una mueca
burlona. Amy se levantó de la silla caminó
hasta la mesa de joven con esa expresión desafiante
poco vista en ella
- ¿Me estás siguiendo?
- ¡Yo! Creí que habíamos dejado
en claro que no tengo malos gustos
Amy estuvo a punto de propinarle un certero pisotón
pero por raro que sonara regresó a ella la
calma. Dio media vuelta repitiendo que no dejaría
que cualquiera la sacara de sus casillas. Fue entonces
a la caja y pidió su cuenta, no se iba a quedar
ni un minuto más en el mismo sitio que ese
despreciable muchacho
- Son 74
Revisó sus bolsillos, su expresión
se tornó oscura, preocupada y hasta angustiada.
Volvió a meterse las manos a todos los bolsillos
de sus ropas
- Olvidé mi dinero
- ¿No tiene par apagar? interrogó
la cajera desdeñosamente
- Yo lo pagaré intervino el muchacho
- ¡Ni muerta! No me dé la cuenta, deme
otro café ante la mirada suspicaz de
la cajera agregó Tengo dinero de sobra
par apagarle
- Yo no lo creo le susurró el muchacho
Te vas a quedar a lavar platos
Amy se coloreó de rojo carmín y cinco
minutos después tenía en su mesa servido
un café que no podía pagar. Sorbió
lentamente aquella mezcla su única salvación
era que llegara su padre al que ya tenía buen
rato esperando y ya dudaba mucho acudiera a la cita
que él mismo pidió.
- Me plantó frunció el ceño
El muchacho pasó y con la mano le dijo adiós
y ella se escondió entre su libro
- Lava bien los platos gritó desde
la puerta
- La cuenta por favor sí su fin ya
lo había aplazado por una hora, no podía
seguirse haciendo la y tonta y menos esperara que
el chico volviera para carcajearse a expensa suya
- Ya la pagó el joven que se acaba de ir
le dijo la mesera
No sabía si agradecerlo, enfurecer, reír
o llorar. Hoy no era su día. Tomó sus
cosas y regresó a su casa
* * * *
Su vida se volvía van, tan vacía y
llena de la nada que le dolía si quiera respirar.
Por enteras horas esperaba que sonara el teléfono
y éste nunca cumplía su capricho. Cómo
había detenido aquel beso cuando ella también
lo deseaba, era cierto ella lo propició y con
certeza sabía que ella había besado
primero, seguramente Haruka estaría desconcertada
y ella ahí en su habitación con el alma
hecha pedazos. Eran sus padres, en el fondo los amaba
a pesar de todo y sentía algo de terror al
pensar en enfrentarlos. Una medida comprensiva alegaban
aquellos sujetos que le habían dado loa vida
cuando le prohibieron verse con Haruka. Una oportunidad
pedía a grito silencios, una oportunidad par
amar. Mirarse a los ojos sin ocultar la drástica
verdad, gritarle al cielo los sueños que tenía
sobre Haruka y la animaban a dormir más de
sus horas regulares. Estaba vagando en la nada. Solo
eso.
Volvió a recostarse en la cama antes de oír
sonar el teléfono como loco quiso contestar
pero la pesadez de su cuerpo le impidió hacerlo
y oyó a su madre hablando con algún
extraño finalmente colgó y ella siguió
ensombrecida pro el mismo pensamiento
- ¿Qué te pasa?
- Nada mamá
- ¿Es por Haruka? ¿O cómo se
llamaba?
- Quiero dormir... solo eso
- ¿A las tres de la tarde?
- Sí a las tres
- Llámale
- ¿A quien? preguntó más
dormida que despierta
- A Haruka
- Lo haré cuando despierte o tal vez mañana
- ¿Te sientes bien?
- Solo quiero dormir
C o n t i n u a r á ......
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