| Capítulo V:
Torbellino de sensaciones
No podía evitarse ponerse nerviosa en su presencia.
Sonrojarse, tartamudear, hacer cosas tontas y torpes...
un frasco se le resbaló de las manos y cayó
estrepitosamente al suelo. Ángel acudió
a su ayuda
- Espera... se te encajó un vidrio con
mucho cuidado lo sacó
- No es necesario tartamudeó
Ángel le tomó de la mano y con la delicadeza
de una rosa limpió la sangre que se deslizaba
por los dedos de la jovencita.
- Dime el chico de la otra noche ¿te gusta?
- ¿Cuál? ¿Haruka?
- Sí creo que así se llama
- Sí, me gusta contestó muy segura
no sin evitar sonrojarse. Ángel hizo una mueca
de alegría que más parecía de
disgusto
- Y ¿sales mucho con él?
- No a veces
- ¿Es celosos?
- Un poco - ¿por qué no le preguntaba
de una buena vez si eran novios? Tal vez y Ángel
sentía el mismo cosquilleo angustiante que
ella sentía al tenerlo cerca
- ¿Se enojará si te invito a cenar?
- No tiene por qué
- ¿Quieres acompañarme a cenar?
- No
- Ahm..... bien
* * * *
Había un dolor inexplicable, una impotencia
difícil de expresar, no hallaba la forma de
entrar en el corazón de aquella muchacha, no
hallaba la forma de ser parte de ella, no había
oportunidad, se quedó estática observaba
a todo salir de aquella escuela pública, observó
a Hanna cómo tomaba de la mano a Haruka cómo
era parte de aquella turbulenta vida, no había
mas si Hanna podía hacerle feliz por qué
seguir aferrada dio media vuelta, las lágrimas
se le escaparon, el amor le dolía, y nada podría
curarlo.
- ¿Qué te pasa? volvió
a preguntarle Marcela has estado muy callada
Michiru
- No es nada, son los exámenes
- De cuando acá te preocupan tanto... es Haruka
¿Verdad?
Michiru sonrió, acababa de acertar
- Ella ya no me interesa
- Claro, no te interesa que Hanna la quiera tanto,
la mime todo el día... la... la
- Cállate... Marcela no lo entiendes, no vale
la pena y quiero que respetes mi decisiones
Guardo silencio, tenía razón Haruka
de ninguna forma le correspondería.
Tomó el teléfono y marcó a casa
de Hanna necesitaba compañía y no sabía
quien mas podría dársela No esta
fue la respuesta que recibió, se acostó
en la cama cerró los ojos, llevaba días
sin ver a Michiru, se levantó, ahora sabía
a donde acudir.
Estuvo paseando por la calle donde vivía Michiru,
no tocaría, si tenía suerte quizá
saldría por casualidad y se verían.
Se detuvo en su paseo qué le importaba lo que
hiciera esa niña. Suspiró profundamente,
debía reconocerlo sentía gran simpatía
por ella.
* * * *
Haruka no paraba de reír.
- ¡Le dijiste que no! gritaba Michiru
furiosa
- Creo que se ha enamorado de mi alardeó
Haruka para después volver a reír
- Es que no me iba a dar permiso mi mamá. No
esta noche suspiró ni ninguna
musitó
- ¡Le dijiste no! Sin una explicación...
nada solo un seco No seguía gritando
Michiru yendo y viniendo alrededor de la piscina
- ¿Y por qué? le interrogó
Haruka extrañada de la actitud que estaba tomando
su madre ante la madurez de Amy
- Está tensa, simplemente ya no nos entendemos
bien y no me da permiso de nada
- No te preocupes ya habrá otra ocasión.
No le hagas caso a Michiru
* * * *
No debía sacar el auto, sabía que tendría
problemas pero el suyo estaba en la cochera y su madre
estaba en la sala, si le escuchaba salir tendría
problemas, no lo pensó más nadie notaria
la ausencia del auto. Tomó las llaves del cajoncito
y salió sin hacer mucho ruido. Necesitaba respirar
aire puro, le ahogaba la casa, la escuela la misma
gente y a veces creía que hasta su propio ser.
Se sentó en la mesa del fondo pidió
algo de tomar, deseaba huir deseaba dejar todo y volar
tan lejos como el viento, ser libre. Se revolvió
el cabello pensando en la frialdad de aquel mundo
en el que coexistía, pensando en la soledad
que le embargaba y que a pesar de tener lo indispensable
para vivir se sentía desfallecer. Si alguien
no la rescataba moriría esa misma tarde.
Condujo por la carretera, rebasando el límite
de velocidad. Era una de tantas noches frías.
Un auto salió de la nada para rebasarla, no
pudo controlar el volante y en el impacto los cristales
salieron disparados en lo que pareció una lluvia
de vidrios. La vista se le nubló, el volante
viró salvajemente. Sintió que algo le
golpeaba con fuerza en la pierna después, después
sólo había confusión, oía
sonidos, voces, sirenas, creyó perder el conocimiento,
un paramédico le sacaba del auto. Cerró
los ojos esperando mitigar aquel dolor tan fuerte.
* * * *
Amy creía que aquel perverso mundo se ensañaba
con ella. Ya no sabía con certeza qué
le pasaba iba de la tristeza a la felicidad sorpresiva,
de la felicidad a la melancolía y así
sucesivamente paseaba por estados de ánimo
con una facilidad inimaginable.
Michiru estaba preocupada, el simple hecho que los
últimos cinco días no hubiera dicho
ni una sola palabra de Ángel era sinónimo
de que algo turbio sucedía. Además tenía
la impresión de que las estaba evitando. Decidió
seguir todos sus movimientos, claro sin que ella lo
supiera. Le sorprendió lo que vio. Amy se había
sumido en un estado de apatía total, ya nada
parecía importarle. Había vuelto a encerrarse
en sus libros que nunca daño le harían,
ni le exigirían imposibles, al contrario la
perdían de sus problemas en aquellas hermosas
letras encantadas que la trasladaban a lugares excitantes.
- Pero qué bien finge esa niña
Amy se mostraba natural, la vida marchaba bien y se
lo dejaba en claro a todos
- Déjame invitarle un café. Necesita
despejar la mente sugirió Haruka
se siente sola y lo peor es que desconfía de
todos
- Lo que nos incluye
- Así es... se exige demasiado, no admitirá
un fracaso. No logra entender que hay más en
la vida que solamente sacar buenas notas...
* * * *
Estaba colérico, eran las tres de la madrugada
y Haruka aún no llegaba, golpeó la mesita
y se dirigió al despacho. El teléfono
sonó, la dama que le acompañaba levantó
el auricular
- ¿Haruka? ¿Dónde estás?....
¿Cómo?... ¡Haruka! colgó
angustiada. El hombre de inmediato imaginó
que su hija debía tener algún problema.
No había nada que lamentar, mas que los daños
del auto, su padre le miró molesto, sus ojos
penetrantes le vieron con recelo sin decirle ninguna
palabra
- Lo importante es que estás bien le
dijo su madre abrazándola fuertemente
La joven se sentía aún desubicada, el
impacto había sido muy fuerte y no lograba
tener ideas claras.
Cerró los ojos ignorando la presencia de aquellos
individuos.
Su padre se mostró frío y cortante,
en su rostro se notaba lo molesto que estaba, seguramente
no le haría ningún reproche y se tragaría
su coraje como otras tantas veces. No había
dado explicación alguna, no había dado
una razón para haber sacado el auto tan tarde.
Jugueteó con la pluma, su esposa aún
seguía concentrada en su computadora
- No sucedió nada que lamentar comentó
la mujer con la vista fija en la pantalla de la computadora.
Aquel comentario le pareció insulso
- Haruka se nos atontó hay que pagar tres multas
y negociar con el otro automovilista
- Haruka no tuvo la culpa del accidente
El hombre ignoró el comentario, aún
estaba muy molesto.
De nuevo sólo se escuchó el teclear
de la mujer, el hombre la veía con indiferencia.
- A veces pienso que lo único que te importa
es el dinero comento con saña
No debiste darle ese auto
- ¿El auto? ¿Qué tiene que ver
el auto?
- Tú y tus autos ¿por qué te
empeñas en que Haruka haga cosas que tu no
tuviste el valor de hacer?
El hombre sonrió ante aquel reproche sin sustento.
El tono de voz se tornó agresivo
- Me molestó de sobre manera la forma en que
la trataste, no tuvo la culpa del choque, ¡por
dios! parece que te importó más la multa
y los daños
- Me molesta su actitud, se está saliendo de
nuestro control...
- ¿Control? No debiste darle ese maldito auto,
sólo tiene quince años.
- Por lo menos tuve la decencia de acordarme de su
cumpleaños
- Sabes que no fue mi intención
- ¡Me casé contigo para darle una madre
a mi hija!
- ¿Por eso nos casamos? gritó
al borde de la histeria
- Haruka está llegando al límite de
mi paciencia gritó molesto volviendo
al punto de partida de la discusión
¡No contribuyes a la solución!
- Tampoco el auto
- Necesita una madre, una madre de tiempo completo,
lo único que haces es estar pegada a ese maldito
aparatejo
- ¡No me vengas con estúpidos reproches!
Si buscas un culpable de su actitud vete a ti
La discusión ahora eran violentos gritos de
reproche que pronto despertaron a Haruka. La joven
cerró los ojos de nueva cuenta, dio media vuelta
y se tapó la cabeza con la almohada ya no quería
oírlos más.
Oyó que alguien entraba en la habitación,
no quiso averiguar de quien se trataba, oyó
el rechinido de la cama, una leve caricia le recorrió
sus cabellos
- Haruka - Le susurró su madre. La muchacha
abrió los ojos ¿cómo te
sientes?
- Estoy bien contestó en tono agresivo
- Necesitamos hablar... tu padre esta muy molesto,
tiene razón y lo sabes, cariño vas de
mal en peor... He pensado en una buena solución...
necesitas mantenerte ocupada, una amiga mía
puede darte trabajo en una biblioteca. Sólo
será temporal
- No me interesa contestó con sequedad
- Sólo quiero ayudarte. No te cierres por favor
* * * *
Había tenido otra discusión con su
madre a veces creía que el problema estaba
en ella misma ¿Quién era la del mal
carácter? Tenía razón en estar
molesta, no era su culpa olvidar ir a hacer las compras,
olvidarse de llevar equis paquete o de llevar equis
vestido a la tintorería, su cabeza estaba ocupada
en asuntos más trascendentales.
- ¿Por qué no limpiaste la casa?
- Porque no me dio la gana le había
contestado molesta, ¿era necesario que le interrumpiera
en su proyecto por pequeñeces como esas?
Amy no era así, había cambiado por las
circunstancias. Ya estaba en universidad y le seguían
mangoneando como a una niña de diez años.
Su madre necesitaba darse cuenta que ya había
madurado, sabía que esa no era la forma de
demostrárselo pero en el momento la tensión,
la rabia y hasta ese chispazo de agresividad le nublaba
la razón y actuaba como una adolescente prepotente,
sí como lo que era al fin y al cabo.
* * * *
Caminó lentamente, la vida le parecía
tan simple y llena de contrariedades, bajó
la vista no tenía ganas de llegar a casa
- Hola Michiru le saludó Javier
- Javier, hola... buscas a Marcela?
- Sí... nos hemos enojado y quiero... quiero
disculparme
- Se ha ido a casa temprano.
- Lástima. ¿Cómo has estado?
- Muy bien, con trabajo, estamos en exámenes
- También nosotros, pero yo me siento detrás
del cerebrito del salón. sonrió
maliciosamente
- ¡Aprovechado! Ponte a estudiar... ¿Y
a los demás como les ha ido? la pregunta
era muy general, quería saber algo sobre Haruka,
tenía semanas de no verla
- En general pasaremos... Haruka dejó la escuela...
creo
- ¿Cómo?
- ¿No supiste? Tuvo hace poco un accidente,
no le pasó gran cosa, pero su padre estaba
fúrico, el auto quedó hecha pedazos
y bueno ya no creo que regrese a la escuela
Michiru arqueó la ceja su rostro notaba desconcierto,
era una idea estúpida, Haruka estaba echando
su vida por la borda
- Hablaré con ella
- Yo que tú ni lo intentaba, está insoportable...
vamos todos lo veíamos venir encontró
un buen pretexto y punto
Michiru suspiró Javier tenía razón
Dos días después pensaba aún
que era lo adecuado, tenía tantas ganas de
verla, Marcela le había dicho que Haruka estaba
bien, quería verla; debía dejar de pensar
en ella, tenía que entregar un trabajo esa
misma semana y aún no tenía nada, ahora
caminaba a otra biblioteca de la ciudad. Pronto llegó,
se veía grande el local, quizá si tuvieran
algún libro que le ayudara, subió la
gradas rápidamente y entro al recinto.
Tocó fuertemente en el mostrador
- Diga en que le puedo...
Michiru se quedó petrificada, una gran sonrisa
se dibujó en su rostro
- ¡Haruka!
La joven rubia le devolvió la sonrisa, se rascó
la frente
- Hola se inclinó sobre el mostrador
para besar la mejilla de la joven en un cortés
saludo ¿en que te puedo ayudar?
- ¿Cómo has estado? Supe que tuviste
un accidente
- Bien, sólo fue el susto, mírame
dijo extendiendo los brazos horizontalmente
nada de preocupación
Michiru le veía con ternura, a veces los deseos
se hacen realidad, sonrió satisfecha
- Te ves bien... estas más delgada... más
guapa
Haruka rió nerviosamente
- ¿Trabajas aquí?
Haruka miró a uno y otro lados volvió
a sonreír
- Si, es temporal, tengo que pagar los daños...
meneó la cabeza
Michiru bajó la vista y meneó la cabeza
en un reproche
- No fue mi culpa, el otro auto se pasó el
alto... es solo que me atonté y cuando levantaron
el acta me pusieron como culpable.. de todos modos
no quería discutirlo
- Debiste hacer algo... de verdad te atontaste. Lo
único bueno es que no te paso nada grave
Haruka volvió a sonreír, la joven la
ponía nerviosa
* * * *
Sus ojos no se apartaban de su libro. Sentía
las penetrantes miradas de Haruka y Michiru, sabía
que tomar un café con ellas equivalía
a la muerte. No les debía una explicación
de su comportamiento, ni les permitiría que
se entrometieran en su vida. Su cabeza estaba revuelta
con toda aquella información de la escuela,
de sus cursos, de los libros que leía, de los
videos y ahora no tenía tiempo para permitirle
a su bobo corazón enredarse en aquella trampa
mortal llamada amor. Pronto vendría la competencia
estatal de Química y ella debía ganarlo,
se trataba de cuestión de honor, de una obligación.
- ¿Cómo va la escuela? le preguntó
Haruka
- Bien contestó con toda la sequedad
que era capaz de expresar
De nuevo el embriagador silencio.
- ¿Y cómo lo tomaste Michiru?
preguntó Amy sin separar su atención
del libro
- Qué
- Qué Haruka fuera mujer... que no tuvieras
los mismos gustos que la gente común
- Yo siempre supe que Haruka era mujer, es difícil
explicarte cómo me di cuenta... aunque eso
más bien deberías preguntárselo
a Haruka, ella fue la que no admitía que yo
le amara
Amy volteó a verla
- Tenía muchos asuntos que arreglar mi vida
no marchaba bien y en casa estábamos pasando
por un difícil momento... tal vez y no admitía
quien era... me odiaba
* * * *
La evitaba, sí solo eso hacía, tenía
la impresión que al acercarse a aquella niña
y dejarla entrar en su corazón su vida daría
una vuelta radical de 360 grados y no se sentía
con la facultad de afrontarlo. Tenía miedo.
Michiru era muy persistente, tenía una forma
muy sutil de acercársele. El jueves estuvo
esperándola a la salida del trabajo, sacó
de su carpeta la invitación que con tanto recelo
guardaba
- Hola Michiru
- ¿Cómo estás?
- Bien. Y tú
- También gracias. El otro día te asombraste
de que tocara el violín y dijiste que te gustaría
escucharme tocar ¿era en serio?
- Si
Michiru le entregó la invitación. Su
corazón se aceleró. Tenía la
impresión que esa noche se definiría
los caminos de sus vidas
- ¿A las siete el sábado? leyó
Haruka
- Sí ¿podrás ir?
- No lo creo, pero gracias. Nos vemos después
se despidió con la frialdad de un hielo
* * * *
- ¡Ah! Pero eso no fue lo peor. Haruka tuvo
el descaro de hacerse la difícil y acabó
asistiendo al barco donde tocaría y solo para
estar de criticona y...
- ¡Criticona! chillo Haruka
- Si acuérdate de mi cuadro
- ¡Ah sí!
- Y para hacerme sentir mal, peor que un gusano. De
solo acordarme me dan ganas de .... gruño
- Está mal humorada dijo Haruka ignorándola
El gato no la dejó dormir
Si la había dejado en las escaleras con la
advertencia de que le dejara en paz. Cuando la vio
marcharse se arrodilló llorando sin consuelo,
la aborrecía, la odiaba y a la vez la amaba.
Lo que no sabía era que Haruka había
quedado muy arrepentida de sus palabras. No creía,
más bien no quería ver que Michiru le
amaba, que aquel sentimiento era puro y no se trataba
como con otras tantas de sus admiradoras de simples
fascinaciones por salir con una persona importante
o diferente.
- ¿No te ama quien quieres que te ame?
le preguntó su madre al verla tan pensativa
en las escaleras
Haruka se sorprendió de que aquella mujer pudiera
leer sus sentimientos
- No, no es eso. ¿Cómo sabes cuándo
es amor y cuándo capricho?
- No debes juzgar a las personas por su condición
social, tal vez esa personita sea muy rica, te parezca
ególatra y hasta presumida pero a veces es
el medio en el que debes moverte, acabas aprendiendo
modismos que no van con tu naturaleza real. Date al
oportunidad de averiguar si esa personita realmente
te ama o solo te desea.... yo creo que aquí
sentada en las escaleras lo único que lograrás
es averiguar cuánta gente pasa al día
por aquí
Haruka sonrió y echó la cabeza atrás.
- Sal y diviértete... esa personita solo espera
un momento para encontrar si aquello que siente es
real. Tal vez al primer intento no se dé ese
amor puro pero conforme conoces a las personas vas
a prendiendo más acerca de ti misma y de cómo
te ven los demás. No esperes que venga tu amor
verdadero a tocar la puerta y decirte que es lo que
has estado buscando ¡sal!
- ¿Y mi padre?
- Yo te cubro.
No fueron sencillos los días venideros. Una
tensa calma se tendió sobre su vida. Michiru
se alejó de haruka sin embargo seguía
protegiéndola como ángel guardián
nocturno. Sabía que tarde o temprano se revelaría
su identidad, sus antepasados despertarían
de su largo sueño y cuando ese momento llegara,
cuando fuera el momento de convertirse en Sailor Uranus
ella se lo impediría. No quería verla
caminar en aquel horrible sendero.
- Tengo que regresar a casa. Me gusta escuchar sus
historias de amor. Buena tarde se despidió
Amy
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