Prólogo. Konoha,
cuna de vida y muerte
Destrucción, la única palabra capaz de
describir el caos que estaba sufriendo la villa de Konoha.
Las mujeres y los niños huían despavoridos
a los refugios de la ladera, mientras cada ninja que
podía lanzar un simple ataque corría en
dirección contrária, con tal de enfrentarse
a la mayor amenaza que nunca había sufrido el
país del Fuego.
Kyuubi. El legendário Bijû de las nueve
colas había vuelto.
El pánico había sucumbido a la villa.
Era algo inesperado. Ni siquiera habían tenido
tiempo de pedir ayuda a la Arena o la Niebla. El temible
demonio había caído sobre ellos sin previo
aviso. Las bajas eran alarmantes, los cadáveres
de los combatientes demasiados.
Aquel era el fin de Konoha.
Todo aquel apocalipsis era aún más terrible
visto desde los ojos de la pequeña niña
que lo observaba todo desde la ventana de su casa. Allá
a lo lejos podía ver claramente la maligna y
abominable silueta del Kyuubi, rugiendo encolerizado
ante los inútiles ataques de la élite
de Konoha. Un repentino temblor sacudió toda
la villa, rompiendo los cristales de la ventana. La
niña lo sintió justo a tiempo y corrió
a protegerse del temblor bajo el pilar de una puerta.
Al cabo de unos segundos, todo volvió a la normalidad.
La niña, de apenas unos tres años de años
de edad, entreabrió sus ojos, los cuales eran
de un azul profundo y límpio. Sus cabellos eran
de un particular rúbio intenso, los cuales llevaba
recogidos en la cabeza con dos coletas. Sin perder tiempo,
corrió con sorprendente habilidad para su edad
al lado de una cuna, en la cual lloraba un bebé
de apenas unas cuantas horas de vida. La niña
le abrazó con ternura, lamentándose amargamente
por el negro destino que les aguardaba.
De repente, la puerta del piso de abajo se abrió
bruscamente, golpeando sin duda alguna el muro de madera.
En un instante, en el umbral de la puerta apareció
un hombre joven de una admirable altura. Sus cabellos
eran del mismo color rúbio que los de la niña,
sus ojos del mismo penetrante azul cian. Sin perder
tiempo, el chico se lanzó sobre la niña,
abrazándola con fuerza. La niña rompió
a llorar de puro desconsuelo, de incertidumbre y miedo.
- Papá...¿qué está pasando...?
-susurró con fluidez la pequeña.
El hombre acarició sus cabellos rúbios,
tratando de calmar su angústia. Una niña
tan pequeña no merecía sufrir tanto.
- No tengas miedo, Fuuko... -murmuró el chico,
con gran serenidad- Todo irá bien...
- He visto a ese monstruo... -gimió la niña,
totalmente aterrorizada- Konoha está perdida...
- Nunca pierdas la esperanza. Jamás permitiré
que nuestra villa quede destruída -dijo con firme
decisión el rúbio.
Dicho esto, se puso en pie, dirigiéndose a la
cuna en la cual había guardado la pequeña.
Sin dar explicación alguna, cogió entre
sus brazos al bebé que contenía, provocando
que este detubiera su llanto de inmediato. El hombre
le hizo un gesto a la niña, la cual le siguió
escaleras abajo, cogiéndole de una mano. La puerta
estaba abierta, dejando ver la multitud enloquecida
que huía hacia un lugar más seguro. Una
vez llegaron a fuera, el hombre se agachó frente
a la niña, la cual parecía de lo más
asustada.
- Escúchame, Fuuko -dijo con una calma admirable-
Cuando yo me marche, debes ir a la Académia Ninja.
¿Sabes dónde está, verdad? -ella
asintió, por lo que continuó- Muy bien.
Allí busca a Kakashi. Ya le conoces. Él
te llevará a los refugios de la ladera. Son los
únicos lugares seguros de Konoha en estos momentos.
- Papá... -dijo la niña, con voz rota-
¿Tú...a dónde vas...?
Una sombra oscura cruzó efímeramente la
transparente mirada azul del chico. Sin pensarlo un
instante, se inclinó levemente y tomó
a la niña entre sus brazos, cerrando los ojos
con visible dolor, mientras la apretaba contra sí,
hundiendo el rostro en sus dorados cabellos. La pequeña
rompió a llorar, sin razón aparente, únicamente
por una repentina angústia que se había
apoderado de su ser. Al cabo de unos segundos, el chico
se separó de ella, dirigiéndole una mirada
llena de cariño y dulzura, mientras secaba suavemente
sus lágrimas.
- Fuuko...por favor, necesito que escuches lo que voy
a decirte... -susurró- Nunca dejes que la gente
te hunda... Seguramente tendrás que sufrir el
desprecio de las personas... No solamente tú,
lo más probable es que también tu hermano...
Nunca te rindas ni te des por vencida... Entrena mucho,
házte más fuerte y conviértete
pronto en una ninja capaz de dominar tu própio
poder...
Una lágrima solitária resbaló por
el rostro del chico, intensificando la agradable expresión
de su rostro.
- Nunca dejaré...de estar pendiente de vosotros...
Lo prometo -sus ojos se volvieron de nuevo decididos-
Y ahora márchate.
Sin decir una palabra más, el hombre se puso
en pie, echando a correr a una velocidad impresionante
calle abajo, desapareciendo tras una esquina junto con
el bebé que llevaba en brazos.
La muchacha se quedó totalmente desolada, plantada
en aquella fría calle de Konoha, una ciudad casi
seguramente condenada a la destrucción.
"Tengo la sensación...de que no volveré
a verle...nunca más... Papá...por favor...vuelve
a casa...con mi hermano..."
Sin embargo, la obediéncia tenía primordial
lugar en su mente, por lo que Fuuko giró sobre
sí misma y echó a correr en dirección
contrária, dejando únicamente las manchas
de sus lágrimas en el suelo gris.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
El joven rúbio corría a una velocidad
digna de admiración, acercándose sin
miedo alguno hacia el campo de batalla, en el cual
podía vislumbrarse la enorme y terrible silueta
del zorro de las nueve colas, el cual se cobraba víctimas
una tras otra. Incluso los miembros del ANBU y demás
jounnins que habían estado en los límites
de Konoha habían acudido de inmediato. El hombre
saltó un gigantesco desnivel y aterrizó
con un control absoluto y una agilidad sorprendente.
En apenas unos instantes, un grupo de cinco hombres
le rodearon, con los rostros iluminados por la esperanza
al ver la portentosa aparición del rúbio.
- ¡Yondaime-sama! -exclamó uno- ¡El
Kyuubi está fuera de control...! ¡Es
el fín de Konoha...!
- Tranquilos -aseguró el Cuarto Hokage, con
un aura de serenidad que les sorprendió a todos-
El Kyuubi será sellado...dentro de este niño
-añadió, mostrándoles al bebé
que dormía entre sus brazos.
La expresión de todos se tornó en horror,
algo que Yondaime ya esperaba. Él simplemente
avanzó hacia donde estaba el enorme demonio,
viendo como su sombra se cernía sobre él.
Una expresión de absoluta decisión cruzó
su rostro.
- Escuchadme bien... -dijo bien alto- Quiero que Naruto
reciba todos los honores. Será un héroe,
porqué él salvará a Konoha de
la destrucción. No dejéis que ni él
ni Fuuko...sufran las consecuéncias de un odio
sin fundamentos.
- Hokage-sama... -susurró unos de los jóvenes,
totalmente patidifuso.
Pero ya no había marcha atrás. El rúbio
miró con dulzura por última vez al niño
que dormía entre sus brazos y después
descubrió su pequeño cuerpo. Se inclinó
y, con una sola mano, dibujó unos complicados
signos en el suelo, los cuales formaban un círculo
con ocho orbes. Con gran solemnidad, dejó al
bebé en el centro del círculo, mirándole
con una extraña melancolía.
- Sé feliz, Naruto.
Dicho esto, juntó las manos en un complicado
sello y su grito se levantó sobre la batalla.
- ¡FUUIN JUTSU!
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Todas las personas hablaban a su alrededor con inquietud,
ella lo sentía y estaba totalmente aterrorizada.
Fuuko estaba sentada en un banco en el exterior del
pasillo de la sede del Tercero, viendo como jounins
y chuunins iban y venían incesantemente. Los
nervios se respiraban en el ambiente, la tensión,
la desgrácia... Muchos ninjas habían
muerto en la lucha contra Kyuubi. El hospital estaba
repleto de urgéncias y los miembros del equipo
médico trabajaban sin pausas.
Cuando habían salido del refugio, el joven
Kakashi la había traído a aquel lugar,
separándola del resto de la multitud, alegando
que el Hokage debía hablar con ella. Sin embargo,
hacía mucho rato que estaba sola, solamente
viendo con inquietud como decenas de ninjas malheridos
y derrotados aparecían y desaparecían
en la confusión. Al contar mentalmente más
de una hora de esperar, se puso en pie y se acercó
con cautela a la puerta del estudio del Hokage. Miró
alrededor, para asegurarse de que nadie se percataba
de sus movimientos, y pegó el oído a
la puerta.
Dentro pudo distinguir, en medio de la confusión,
las voces serias de tres personas, las cuales gritaban
casi al tiempo.
- ...algo intolerable! -vociferaba una voz de mujer-
¡No estamos hablando de un jounin, estamos hablando
de una cría!
- Tsunade, por favor, cálmate... -trataba de
sobreponerse una voz masculina.
- No me interrumpas, Jiraiya... -exclamó la
mujer, de nuevo encolerizada- ¡Hokage-sama,
esa niña es muy madura para su edad, pero apenas
tiene 3 años...! ¡Por el amor de diós,
no podemos hacerle eso...!
- Tsunade -habló entonces una voz mayor- Sin
la influéncia que ejercía Yondaime sobre
ella, no sabemos lo que podría suceder. Debemos
tomar medidas ante esto. No podemos dejar que lo que
ha ocurrido esta noche se repita.
- ¡Pero, Hokage-sama...! -gritó de nuevo
la voz femenina- ¡Esa criatura estará
traumada de por vida...! ¡Su padre ha muerto
y su hermano se ha convertido en el contenedor de
un monstruo...! ¡¿Tenemos derecho a someterla
a eso...?!
- ¿Tienes alguna otra idea, Tsunade? -inquirió
el Hokage sagazmente- En ese caso, estaré dispuesto
a escucharla...
La voz de mujer no volvió a oírse, seguramente
callando a causa de la aceptación. De pronto,
oyeron un particular sonido, el de la puerta abriéndose
lentamente. Las miradas de los tres se posaron en
el umbral, para encontrarse con un rostro conocido
que hizo encoger sus corazones. La carita de la pequeña
Fuuko asomaba tímidamente por la puerta, con
sus preciosos ojos azules arrasados en lágrimas.
Sus pequeñas piernas temblaban incontrolablemente,
mientras unos mechones rúbios de su cabellos
cubrían su mirada.
- ¿Pa-papá...ha muerto...?
Nadie supo qué decir en aquel momento, solamente
seguían mirándola con sumo dolor. La
niña rompió a llorar definitivamente,
provocando que unos espasmos recorrieran su cuerpo.
- ¡¿Por qué...?! -gritó
desconsolada- ¡Él dijo que siempre estaría
pendiente de nosotros...! ¡Lo prometió...!
-gimió, llevándose las manos al rostro.
Aquella imagen rompió definitivamente la seriedad
de los tres presentes. La mujer de cabellos rúbios
se acercó a la niña y la abrazó
con fuerza, dejando que hundiera el rostro en su kimono,
aunque no logró contener los sollozos.
- Fuuko-chan... -susurró Tsunade, con una seriedad
que mantenía a duras penas- Tenemos que hablar
de algo muy serio... Por favor, trata de ser fuerte...
-acarició con ternura el cabello rúbio
de la pequeña.
La criatura tardó un poco a reaccionar, pero
al fin se tragó sus lágrimas, asintiendo
lentamente. Tsunade suspiró pesadamente y se
llevó a la niña en brazos, sentándose
con ella al lado del alto hombre de cabellos blancos.
Fuuko mantuvo la compostura, mirando al rostro aparentemente
inexpresivo del Tercer Hokage, los ojos del cual estaban
totalmente fijos en ella.
- Fuuko -dijo seriamente- Escúchame, pequeña...
Tu padre ha muerto en un noble acto por proteger Konoha.
Y tu hermano...
- Naru-chan... -susurró la niña, reaccionando
de repente- ¿Qué le ha pasado a Naru-chan...?
- Nada, pequeña, nada -se apresuró a
aclarar el Tercero- Está perfectamente. Sin
embargo, hay algo muy preocupante que debemos discutir
contigo...
La niña abrió mucho los ojos, dejando
que las últimas lágrimas se precipitaran
por sus mejillas, haciendo que el azul de sus ojos
se volviera más claro.
- ¿Qué pasa...? -susurró, con
voz queda.
- Fuuko -dijo el Hokage con gran pesadez- Eres la
primogénita del Cuatro Hokage. Sin embargo,
estás en una...situación especial...
¿Lo sabes, no?
La pequeña asintió, aunque asiéndose
con fuerza al kimono gris de Tsunade. El Tercero no
parecía demasiado seguro de lo que iba a decir,
aunque al final cogió las riendas de la situación.
- Fuuko, creemos que sería mejor para tu seguridad
y la de toda la aldea...que te alejaran de Konoha.
- ¿Qué...? -susurró la niña,
casi en shock- Pero... ¿por qué...?
- Las personas de tu condición poseen un futuro
muy incierto -dijo el Hokage solemnemente- Tus poderes
son absolutamente increíbles, pero...llegar
a dominarlos te costará muchos años
de entrenamiento... Nadie aquí en Konoha puede
predecir lo que ocurrirá si se desencadena
tu fuerza...y quizás nadie pueda detenerte
entonces... Por mucho que nos pese, debes irte de
Konoha cuanto antes...
- Pero...¿y Naru-chan...? -susurró Fuuko,
visiblemente preocupada- ¿Qué pasará
con él...? Aún...es un bebé...¿quién
le cuidará...?
Los ojos negros del Tercero se oscurecieron visiblemente.
- Aunque tú y tu hermano compartís algo,
ciertas circunstáncias hacen que vuestras situaciones
sean totalmente distintas... -explicó- Naruto
no supondrá un problema quedándose en
Konoha...pero tu caso no es el mismo... -una ligera
expresión de lástima cruzó aquellos
ojos que tanto habían vivido- Debemos alejarte
de la aldea por quince años. No te preocupes
por Naruto: crecerá sin saber nada de vuestro
secreto... Todos esperamos que tenga una vida absolutamente
normal. Fuuko, eres tú quién debe decidir
qué debe hacer... -añadió el
anciano, inclinándose levemente.
La pequeña pareció pensárselo
detenidamente, calibrando la situación como
si de un adulto se tratara. Sin duda su madurez era
sorprendente.
Quince años era mucho tiempo. Supondría
romper con todo lo que había conocido hasta
entonces. Sin embargo, debía cumplir la última
voluntad de su padre.
"Entrena mucho, házte más fuerte
y conviértete pronto en una ninja capaz de
dominar tu própio poder..."
- Sólo quince años -dijo, muy seriamente-
Después, regresaré a Konoha.
Capítulo 1.- Si no es Naruto, ¿entonces
quién es?
Sus pasos ascendieron rápidamente por una pendiente
de lo más abrupta. Subió sin problema
alguno, encontrándose mirando a un valle lleno
de una vegetación verde y frondosa. Allá
a lo lejos, casi en el centro de la inmensidad natural,
bajo el cobijo de la ladera esculpida con el rostro
de los Hokages, podían verse los edificios
de Konoha, la villa oculta del país del Fuego.
Una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
- Apenas ha cambiado... -susurró, mientras
el viento zarandeaba su cabello- Aunque...noto una
cara de más en esas esculturas...
Sin nada más, la silueta saltó desde
el precipicio, aterrizando en la rama de uno de los
árboles más altos, camuflándose
y avanzando a la vez en dirección a Konoha.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
El despertador sonaba de un modo estrepitoso. Un
quejido ahogado resonó en la estáncia,
mientras las sábanas de la cama se removían
y una mano viajaba veloz para estrellarse sobre el
molesto aparato. Instantes más tarde, una mata
de pelo rúbio emergía de las telas blancas,
seguido del rostro de piel bruna de un muchacho de
unos quince años. Quejándose aún
entre dientes, el chico entreabrió los ojos,
mostrando un intenso color azul. Bostezó ruidosamente
y se puso en pie, frotándose los ojos con insisténcia.
Miró el despertador aún medio dormido...
"Sólo las nueve..." pensó
aliviado "Espera un momento..."
- ¡Las NUEVE! -gritó, saltando de la
cama y quitándose el pijama de un tirón,
buscando su ropa naranja entre el desórden
de su cuarto.
Se calzó las sandalias y cogió el protector
de la frente sin apenas darle tiempo a desayunar.
- Mierda, mierda...Kakashi-sensei va a matarme...
-murmuraba de malhumor, mientras se lavaba los dientes
y ordenaba sus cabellos.
Uzumaki Naruto estaba mucho más animado desde
hacía un par de meses. Por suerte, su mejor
amigo Sasuke se había dado cuenta a tiempo
del plan de Orochimaru y la misión para traerle
de vuelta fue relativamente fácil. Sasuke había
roto con cualquier intento de conseguir poder de forma
indebida: incluso había aceptado con relativa
tranquilidad que su sharingan volviera a poseer simplemente
la mitad de poder que podría haber conseguido.
Sabían que el Sannin no dejaría de perseguirle,
pero no iban a permitir que el último Uchiha
cayera en manos de tal traidor a Konoha. Ya que su
inseparable compañero no corría peligro
inminente, no había nada en la vida del kitsune
que le angustiara lo más mínimo...excepto
llegar tarde a los entrenamientos con Kakashi y sus
otros dos compañeros.
- ¡Hoy van a matarme...! -gritó, saliendo
a toda pastilla por la ventana de su cuarto.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
La chica de cabellos rosados no cesaba de tamborilear
insistentemente con un pie en el suelo, así
mismo con una expresión de enojo en el rostro.
En la sombra de una de las casas, un chico de cabellos
negros y ojos azabache permanecía sentado en
el rellano, con la barbilla apoyada elegantemente
sobre las manos entrelazadas. Haruno Sakura soltó
un bufido y miró su reloj de pulsera con una
mirada furibunda.
- Maldita sea... es normal que Kakashi-sensei llegue
tarde... -dijo, visiblemente fastidiada- Pero que
Naruto llegue tan tarde...
- También es normal -dijo el Uchiha, levantando
levemente la vista.
El ácido sentido del humor de Sasuke. Era algo
que Sakura había echado mucho en falta desde
hacía más de dos años, en el
aquel fatídico día en el que Sasuke
había marchado de Konoha. Sin embargo, en aquellos
momentos se sentía como si hubieran regresado
a los viejos tiempos. Sasuke no quería comentar
nada de su estáncia con Orochimaru durante
dos años. Ni tan siquiera Naruto había
desvelado la forma con la que consiguió hacer
volver al Uchiha, pero Sakura prefería no preocuparse.
Después de todo, sus dos mejores amigos estaban
con ella. No podía pedir nada más.
Miró de reojo a Sasuke. Siempre tan frío,
tan impasible... Sin embargo, había notado
un cambio sustancial en aquellos ojos negros. Ya no
eran los negros pozos llenos de odio que fueron en
tiempos. Había una extraña calidez,
una profunda y escondida eufória por el hecho
de haber regresado a su hogar...
De un modo inocente, totalmente suave, Sakura pensó
que aquella calidez sólo le confería
más atractivo a Uchiha Sasuke.
De repente, la Haruno sintió que eran observados.
No fue la única. Sasuke también sintió
unos ojos puestos en ellos. Se puso en pie rápidamente,
escudriñando cada sombra de las casas con ojo
avizor.
Ninguno de los dos notó hasta instantes más
tarde una silueta que se dibujó en el asfalto,
provinente de alguien que permanecía de pie
en lo más alto de un tejado.
- Uzumaki Naruto...¿dónde puedo encontrarle...?
Los ojos verdes de Sakura y la mirada oscura de Sasuke
giraron en dirección a la voz. Ninguno de los
dos pudo asimilar de inmediato lo que veían
sus ojos.
----------------------------
- ¡Maldita sea, Naruto! -gritaba como histérica
una voz aguda- ¡Deja de hacer el burro!
Shikamaru no pudo dejar de notar aquellos gritos que
rompían la calma que tanto amaba. Con un suspiro
de resignación, avanzó un par de calles
y encontró una escena insospechada.
Sakura estaba enmedio de la calle, junto con Sasuke,
el cual miraba al frente con una habitual superioridad.
El domador de las sombras se acercó a ello
y preguntó sin apenas interés.
- Sakura, ¿qué haces gritando de esa
manera?
- ¡Es Naruto! -gritó fuera de sí
la Haruno- ¡Me pone de los nérvios! ¡Ya
vuelve a hacer el imbécil con esa estúpida
técnica suya, el Sexy no jutsu!
El Nara apenas prestó atención, para
mirar a una persona que permanecía de pie justo
en medio del asfalto, con una total impasibilidad.
Frente a ellos se encontraba una muchacha de unos
diecisiete años como mucho, de una considerable
altura. Su indumentária era típica de
una ninja, con las camisas de malla y las sandalias
azules. Sus cabellos eran rúbios, a juzgar
por los mechones dorados que quedaban visibles bajo
un sombrero oriental que cubría su rostro.
La chica dió un paso al frente, con una mano
en la cadera y la otra totalmente firme.
- ¿Dónde vive Uzumaki Naruto...? -repitió,
ignorando los gritos de Sakura- Necesito hablar con
él.
- ¡Naruto, cómo no pares ahora de hacer
el imbécil te juro que te...!.
La chica que había frente a ella sonrió
maliciosamente, mientras cogía con dos dedos
el extremo de su sombrero, levantando levemente la
prenda para observar atentamente al frente. Después,
lanzó el sombrero el aire, dejando al descubierto
su rostro. Aquella imagen no hizo más que incrementar
la seguridad de todos de que se encontraban ante una
de las conocidas bromas de Naruto. La muchacha tenía
los ojos de un azul casi transparente, ligeramente
rasgados. Sus cabellos rúbios estaban recogidos
en dos coletas sobre su cabeza. Incluso tenía
las mismas y curiosas marcas en las mejillas que el
kitsune.
Sin duda eran víctimas de aquella en apariéncia
inútil técnica de su compañero.
Sin embargo...
- Mira, niña, no tengo ningún interés
en pelearme contigo -dijo la rúbia con mucha
seguridad- Decídme dónde está
el Uzumaki o yo misma iré a buscarle.
Sasuke, por su parte, miraba a la chica con agudez.
Si Naruto les estaba gastando una broma...estaba yendo
demasiado lejos. De repente, alguien llegó
a toda velocidad desde una calle lateral, deteniéndose
y jadeando ligeramente, sin notar todos los ojos de
los presentes puestos en él.
- Sasuke, Sakura-chan...lo siento...me he dormido...
-dijo el rúbio con una sonrisa avergonzada.
- ¡¿Naruto?! -gritaron todos a unísono.
Los ojos verdes de Sakura se posaron en la rúbia,
la cual había perdido parte de la prepoténcia
de su rostro.
- Entonces...¿quién es ella...?
A Naruto le llamaron la atención aquella palabras.
Se incorporó levemente, tratando de observar
el blanco de las palabras de Sakura.
Una leve sonrisa de satisfacción se dibujó
en el rostro de la rúbia, la cual dió
un paso al frente.
- Uzumaki Naruto -dijo levemente- Por fín te
encuentro.
El rúbio estaba visiblemente sorprendido, entre
otras cosas porqué aquella chica era idéntica
a su Sexy no jutsu. Pero, por otra parte...¿qué
querría ella de él?
- ¿Quién eres...? -preguntó,
sorprendido.
La expresión de ella se tornó afable,
dándole una expresión de lo más
agradable.
- Soy una ninja del país del Fuego, como vosotros
-explicó- No puedo decirte nada más
de momento. Pero ahora vamos al grano -dijo, dando
un paso hacia delante.
Su sonrisa se convirtió en una mueca de seguridad.
- Quiero luchar contra tí, Uzumaki Naruto.
-------------------------------
El silencio parecía más que capaz de
aplastar a todos los presentes. Naruto seguía
mirando fijamente a la chica, la cual parecía
muy segura de sus palabras. Los ojos azules de Naruto
se agudizaron, clavándose en ella.
- ¿Tú no perteneces a Konoha, verdad?
-inquirió de repente Sasuke, interrumpiendo
y clavando su mirada negra como la brea en la chica.
La mirada celeste de la chica resbaló lentamente
desde Naruto hasta el Uchiha.
- Digamos que estuve en Konoha antes incluso de que
vosotros naciérais -dijo ella- Sin embargo,
hacía mucho tiempo que no venía por
aquí...
- ¿Eres una espía del sonido? -dijo
Sasuke totalmente desconfiado.
- Sasuke, ella aún no ha hecho nada... -dijo
Sakura sorprendida.
- Podría haber adoptado la forma de esa técnica
de Naruto sólo para confundirnos -explicó
el Uchiha- Puede ser peligrosa...
Una maliciosa sonrisa cruzó el rostro de la
rúbia, con una extraña satisfacción.
- Pónme a prueba, Uchiha -dijo de un modo desafiante.
Sasuke ni siquiera sabía cómo conocía
ella su nombre, así que supuso que, en efecto,
se trataba de una enemiga. Sin pensárselo una
sola vez, el chico cogió tres kunais con su
mano derecha y se dirigió hacia su oponente
con una velocidad muy mejorada. Fugazmente, los proyectiles
volaron hacia la rúbia, la cual ni siquiera
se movió un poco. Fue algo parecido a un efecto
óptico, o al menos podía tacharse de
ilusión debido a la velocidad, pero el caso
es que la chica atrapó las tres armas con una
sola mano, provocando que quedaran atrapadas entre
sus dedos.
Una sonrisa de lo más segura se dibujó
en su rostro, mientras lanzaba los tres kunais en
el aire junto con una decena más y formaba
un rapidísimo sello.
- ¡Fuuton: kazegafuku no jutsu!
Aquella técnica desconocida impulsó
de un modo insospechado los kunais, provocando que
regresaran a toda velocidad hacia el atacante original.
Sasuke a penas tuvo tiempo de apartarse de la trayectória,
permitiendo que las armas se clavaran en el suelo.
El Uchiha levantó la vista, con sus ojos rojos
a causa del sharingan, el cual mostraba sus tres aspas
con fiereza.
- ¿Eso ha sido...viento...? -preguntó
Naruto inquietado.
Sasuke no habló, simplemente trató de
descubrir qué era aquella técnica.
"Maldita sea...no puedo copiarla... ¿Es
una barrera de sangre? No lo creo...pero...yo no podría
usarla... La energía del Fuuton es la más
difícil de dominar..."
- Viento, ¿ne? -preguntó el Uchiha burlón-
Para el viento, está el fuego -formó
rapidísimamente una gran cantidad de sellos-
¡Katon: Gokakyuu no Jutsu!
Una gran bola de fuego salió disparada a toda
velocidad hacia la chica. Seguramente ella conocía
la debilidad del viento contra el fuego, por lo que
en unos efímeros instantes logró apartarse
de la trayectória con un impresionante y fugaz
movimiento, aterrizando sin esfuerzo alguno en la
parte superior de una farola.
- Veo que los Uchiha seguís dominando las técnicas
del Katon -dijo, con seguridad- Pero para eso...tengo
esto.
Sus manos formaron unos sellos rapidísimos,
doce en total, los cuales Sasuke copió con
el sharingan, aunque no pudo llegar a entender.
"¿Una técnica mixta?"
- ¡Yakeru...nagare! -gritó la rúbia,
extendiendo la mano.
Súbitamente, la temperatura a su alrededor
se disparó de un modo brutal. Un torbellino
de fuego rodeó a la desconocida, la cual al
abrir sus ojos provocó que el rayo incandescente
viajara directamente hacia el Uchiha, el cual lo observó
con una sorpresa aplastante, incapaz de determinar
qué era aquello...
Bruscamente, la masa ardiente se esfumó en
el aire, justo cuando Sasuke empezaba a notar el calor
rozarle. Observó patidifuso como un par de
cabellos carbonizados caían ante sus ojos.
Su enemiga había detenido el ataque justo a
tiempo para evitar que del muchacho sólo quedaran
sus cenizas. Se sentó tranquilamente en la
parte plana de la farola, con una sonrisa de autosuficiéncia.
- Si hubiera querido, ahora mismo estarías
carbonizado -explicó- Te has dado cuenta de
que el viento es débil contra el fuego... Conozco
mis puntos débiles. Por eso tengo el yakeru
nagare. Una buena combinación de fuego y viento
que vence a ambos elementos... El fuego no supone
un problema a la hora de aprenderlo: el problema es
saber manejarlo.
El Uchiha se mordió el labio inferior, visiblemente
fastidiado. La mirada azul de la chica se desvió
de nuevo, hasta posarse en Naruto, el cual la miraba
sorprendido.
- Creo que tenemos una lucha pendiente, Uzumaki -dijo-
Quiero probar tu poder.
Naruto no dijo nada, solamente agudizó sus
ojos de un color azul casi translúcido. Dió
un paso al frente, sobrepasando a Sasuke.
- No sé ni quién eres ni que intenciones
tienes, pero si quieres luchar, lucharemos.
La chica sonrió notablemente al ver que los
ojos del muchacho se encendían.
Aquella mirada llena de decisión era lo que
había esperado ver durante mucho tiempo.
Dicho esto, Naruto se lanzó a la carrera hacia
ella, formando un sello con ambas manos.
- ¡Kage Bunshin no jutsu!
En apenas un instante, la imagen del rúbio
se distorsionó para dar lugar a cuatro cópias
exactas de él. Estas se dirigieron a toda velocidad
hacia su oponente, saltando en el aire para tratar
de alcanzarla. La chica ni siquiera pareció
impresionada: solamente recostó una mano en
el metal de la farola y se dejó caer al suelo,
huyendo en segundos de aquellas copias. Era increíblemente
ágil: sus pies apenas rozaban el suelo cuando
saltaba. Sus dedos se entrelazaron de un modo concreto,
mientras sus ojos azules se agudizaban visiblemente.
Sin duda era de reacciones extremadamente rápidas.
- ¡Fuuton: kirikizu no jutsu!
El viento se convirtió en cuchillas a su alrededor.
Parecía domarlo casi de un modo nato. La brisa
se hizo más poderosa y pasó cortante
entre las cópias de Naruto. Tres de ellas desaparecieron
ante el própio contacto del elemento aéreo.
La chica se dió la vuelto, buscando con la
mirada al auténtico. Había distinguido
desde el principio las cópias del original,
pero ahora el verdadero había huído
de su vista.
Notó una tremenda energía tras de sí.
Giró fugazmente sobre sí misma, para
encontrarse una escena que no esperaba.
Naruto estaba en el aire, acercándose rápidamente
a ella, con una mano extendida detrás. A su
lado, una de sus cópias parecía concentrar
el chakra en su palma, creando un perfecto y esférico
remolino azul. Una vez la esfera fue totalmente uniforme,
el rúbio se lanzó sobre ella con un
grito de guerra.
- ¡Rasengan!
Los ojos azules de la chica se convirtieron en una
fugaz mirada afable, llena a la vez de melancolía
y de sorpresa.
"¿Ya ha aprendido...el Rasengan...?"
Naruto se lanzaba sobre ella, dispuesto a atacarla
con toda la poténcia de su chakra azul. Pero
la chica conocía bien los efectos de tal técnica,
lo letal que resultaba recibir el impacto directo.
Simplemente saltó, de un modo ágil y
rápido, en un elegante movimiento, aferrando
la muñeca de Naruto con la cual pretendía
atacarla. El chico se quedó petrificado, sobretodo
cuando ella aterrizó tras de él, sin
soltarle el brazo rodeado de chakra.
Pensó que estaba perdido. Sin embargo, ella
reaccionó de un modo que él no había
esperado. La chica sonrió levemente y dijo
solamente una palabra.
- Naru-chan...
El chico se quedó de piedra, una sensación
que aumentó aún más cuando ella
se inclinó y depositó un cálido
beso en su mejilla. Un gesto cargado de cariño
y a rebosar de dulzura. Naruto no se movió:
no pudo moverse. Aquella chica en apariéncia
tan fría y agresiva le había besado
en la mejilla con total confianza y naturalidad.
No pudo evitar un leve sonrojo, que nada tenía
que ver con la atracción o el rubor. Únicamente
el recuerdo de un sentimiento que nunca recordaba
haber sentido...
Al cabo de aquellos interminables instantes, la chica
soltó la mano de Naruto, en la cual ya no quedaba
chakra, y se alejó con un hábil salto
de espaldas. Saltó de nuevo sobre el tejado,
no sin antes recoger su sombrero oriental y cubrir
su rostro. Posó de nuevo su mirada en Naruto,
el cual seguía contemplándola ensimismado.
- Ya he comprobado lo que quería -anunció.
Después, le guiñó un ojo pícaramente-
Nos veremos pronto, Naruto.
Dicho esto, una corriente de aire les cegó
por unos instantes, levantando polvo. Una vez la brisa
se detuvo, la chica y todo el alboroto que había
organizado habían desaparecido.
Todos los presentes estaban totalmente patidifusos.
Cientos de pensamientos confusos y entremezclados
se aglomeraban en sus mentes. Al cabo de unos insoportables
segundos, la voz fastidiada de Sakura se hizo oír.
- ¿Quién diablos era esa tía?
-preguntó visiblemente molesta.
- No tengo ni idea... -dijo Shikamaru, con su habitual
pasotismo. Como era de esperar, ni siquiera se había
inmutado por lo ocurrido- Pero seguro que será
de lo más problemática...
- Oye, Shikamaru -dijo Sakura- Ya que eres un jounnin,
deberías preocuparte un poco más por
si nos invaden .
Y sí, el Nara respondió lo mismo que
pensaba de casi todo lo que se mueve.
Por su parte, Sasuke seguía quieto en su lugar,
mirando con desconfianza el lugar por el cual había
desaparecido la chica.
"Quizás no parezca demasiado agresiva,
pero...no entiendo porqué no he podido copiar
sus técnicas de Fuuton..."
Naruto ni siquiera prestaba atención a lo que
había a su alrededor. Todos sus pensamientos
estaban puestos en aquella misteriosa ninja, en aquellos
ojos que le habían parecido fríos y
cálidos a la vez...en la curiosa sensación
que había tenido cuando ella le había
besado con cariño. Se frotó la zona
de la mejilla, aún sin entender porqué
se había sentido tan...protegido, reconfortado,
seguro al tenerla cerca. Era como si le hubiera arropado,
como si le abrazara y le protegiera de cualquier peligro.
"Tengo la sensación de que ya la conozco..."
"Aunque...eso es imposible..." se recordó
mentalmente, con una sonrisa maliciosa.
Un suave viento removió sus cabellos dorados,
arrastrando sus últimas dudas y devolviéndole
la calma.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Kakashi descendía tranquilamente por la escalera
que venía de la sede de la Quinta. Acababa
de tener otro absurdo encuentro con Gai y de charlar
en rato con Shizune. No sabía qué hacía
allí, solamente paseaba sin hacer nada en concreto,
ya que tenía la sensación de haber olvidado
algo importante (N/a: tiene memória de pez,
por lo menos ). Sumido en sus perdidos pensamientos,
apenas reparó en una persona que ascendía
por la escalera, contráriamente a él.
Notó que era una mujer, a juzgar por sus piernas
estilizadas y bastante morenas. Sin embargo, no pudo
ver su rostro, ya que lo cubría con un sombrero
oriental. La curiosidad aumentó en su interior,
especialmente al no ver por ningún lado la
marcha de Konoha que debería llevar cualquier
ninja de la villa. Su mirada se agudizó. El
aspecto que ofrecía la desconocida con aquella
curiosa prenda de juncos sobre la cabeza le recordaba
demasiado a los miembros de cierta organización...
Cuando la chica llegó a su altura, se detuvo
paulatinamente. Él sintió sus sentidos
en absoluta alerta, sobretodo al percibir una risa
suave y melodiosa desde los labios de ella.
- Tus alumnos estan esperándote desde hace
rato -dijo casi de pasada- Será mejor que no
les hagas esperar...
El sensei desvió la mirada para posarla en
ella, ahora ya de un modo descarado. Notó los
mechones dorados de ella que se movían al compás
de la brisa.
- Me gustaría saber cómo ha vuelto el
Uzumaki a cumplir misiones contigo después
de que Jiraiya-sama le enseñara el Rasengan...
Aunque ahora tienes demasiada prisa por llegar a tiempo...
En otra ocasión será.
Kakashi se alarmó por la gran cantidad de información
que poseía ella. Su mano se desvió rápidamente
para aferrar un kunai con la mano izquierda, aunque
algo le detuvo. Una sonrisa dulce que se dibujó
en el rostro casi descubierto de la chica.
- Sigues siendo tan agudo como siempre, Kakashi-sama...
-apuntó ella, levantando con un dedo el borde
de su sombrero.
La mirada azul que Kakashi vió bajo tal prenda
le dejó totalmente impactado. Sus recuerdos
retrocedieron aproximadamente quince años en
el tiempo, hasta una noche oscura y peligrosa, en
la cual fue llamado por última vez de aquella
manera. La sorpresa no dejó de hacerse notar
en su rostro.
- Uzumaki...Fuuko-san -salió únicamente
de sus labios.
Capítulo 2.- La soledad desaparece. Revelaciones
El silencio en la sala era tan denso que prácticamente
podía cortarse con un cuchillo. Tsunade permanecía
sentada en su parte del escritorio, con ambas manos
sobre la mesa, retorciéndose los dedos de forma
nerviosa, algo bastante inusual en ella. A su lado,
recostado contra la pared donde no llegaba la luz
de la ventana, estaba Kakashi, el cual seguía
con su habitual silencio calmado. Los ojos castaños
de la Hokage se posaron en la chica que estaba sentada
frente a sí, con una ligera sonrisa de seguridad.
Habían pasado casi cinco años desde
que la viera por última vez, aunque nadie de
Konoha aparte de ella, Jiraiya y el Tercero la habían
visto en quince años. Los ojos de la joven
eran límpios, puros, transparentes, llenos
de una energía jovial y tranquilizadora...muy
lejos de la mirada fría que esperaba haber
encontrado en ella después de tanto tiempo.
Al mirarla, veía aún a aquella niña
inocente y rota por dentro que lo había perdido
todo hacía ya tanto tiempo. A pesar de que
debía tener casi diecisiete años, parecía
bastante más niña. Sin embargo, la adolescente
que tenía ante sí desprendía
una calma y una tranquilidad admirables.
La Quinta suspiró pesadamente y después
volvió a mirarla.
- Me gustaría saber qué circula por
tu cabeza, Fuuko... -se explicó la mujer.
- ¿He hecho algo malo...? -inquirió
la rúbia arrugando las cejas.
- No, pero...¿por qué tan de repente?
-preguntó la Hokage.
- Los quince años han pasado -respondió
Fuuko- Tal como prometí, he regresado a Konoha.
- Lo entiendo, pero aún así... -empezó
la mayor, recapitulando mentalmente- ¿Qué
hay de tu "pequeño" problema...?
La aludida permaneció quieta por unos instantes,
aunque depués agachó levemente la cabeza
y sonrió con tristeza.
- Está todo bajo control, Tsunade-sama -expuso
con seguridad- Hace más de cuatro años
que no ha vuelto a suceder...
Kakashi permanecía con todos sus sentidos puestos
en la conversación. Era evidente que la Quinta
confiaba en él al permitirle su preséncia
en aquella habitación. La mirada de Tsunade
se tornó reprobatória.
- ¿Estás segura?
Fuuko apenas de lo pensó unos instantes.
- Por supuesto -añadió.
Tsunade pareció dudar por unos instantes, pero
finalmente pareció aceptar sus palabras.
- Confío en tu juicio -dijo con seguridad-
Aunque preferiría realizarte un estudio físico
y del chakra yo misma.
- No tengo nada en contra -respondió la chica
con una sonrisa infantil. Después, sus ojos
se iluminaron- Así...¿qué? ¿Puedo
regresar a Konoha?
- Ya lo has hecho -sonrió la Hokage amablemente-
Y de forma muy llamativa, me atrevería a decir...
- Ah...ya... -enrojeció la chica, al recordar
su actuación ante aquel grupo de jóvenes
ninjas- ¿Cómo se ha enterado...?
- El joven Nara ha venido a darme el parte de inmediato
-aclaró la mujer. Después, cambió
rápidamente de tema- Bueno, oficialmente ni
siquiera eres ninja, así que haremos una excepción
y te concederemos el grado de genin tras comprobar
tus habilidades...aunque seguramente eso es innecesário.
Después deberás realizar el exámen
de Chuunin para...
- Tsunade-sama -interrumpió repentinamente
Fuuko- Siento decirle que no tengo ningún interés
en convertirme en chuunin.
- ¿Qué? -exclamó Tsunade sorprendida.
Aquellas palabras llamaron también la atención
de Kakashi, el cual se incorporó levemente
y se acercó a las dos mujeres, uniéndose
a la conversación de la que hasta entonces
había permanecido al márgen.
- Fuuko -dijo el jounin- Todos los ninjas necesitan
ascender de grado si estan preparados para ello. Si
quieres reincorporarte a Konoha, deberás actuar
y aspirar al igual que todo ninja.
La chica recapituló sobre aquellas palabras,
pero después inclinó levemente la cabeza,
dejando que unos mechones rúbios cubrieran
sus ojos, de un azul límpio y transparente.
- Yo...no es que no quiera... -se explicó la
joven- De hecho, siempre he querido ser una ninja...tal
y como prometí una vez... Pero antes he visto
a Naruto...
La verdad se hizo patente en la mente de Tsunade.
La mujer suspiró con aceptación y miró
a la chica con tristeza. Los ojos azules de esta parecían
haberse apagado notablemente.
- Sé que no...no tengo ningún derecho
para con él... -empezó a hablar con
voz rota- Aunque fuera contra mi voluntad, le dejé
solo cuando apenas era un recién nacido...
Pero cuando hoy le he visto... me ha recordado tanto
a nuestro padre... Son...casi idénticos...
Es su viva imagen... Seguro que cuando Naruto crezca
será casi una cópia de él...
-las lágrimas casi asomaban en sus ojos- Y
yo...quiero recuperar todos estos años perdidos...
Porqué soy su hermana...creo que es suficiente
razón...
Los dos adultos contemplaban totalmente sosprendidos
y a la vez apenados la desaparición de la seguridad
de la joven Uzumaki.
- Por eso no puedo ocuparme en exámenes y demás...
Quiero que Naruto sepa la verdad... Quiero que sepa
que tiene família, aunque sea sólo una
persona... Me gustaría entrenar con él,
saber qué técnicas posee, cómo
las ha desarrollado, enseñarle nuevas, acabar
agotados después de días de entrenamiento...
Quiero acercarme a él, saber cómo es,
qué le preocupa, ayudarle, protegerle...
Tsunade reflexionó sobre todo lo que había
oído, sin dejar de mirar intensamente a la
chica.
- En otras palabras, ¿prefieres seguir siendo
una genin y poder estar al mismo nivel que Naruto?
-inquirió la Quinta.
- Exacto -respondió Fuuko con determinación-
Os ruego que me permitáis permanecer como gennin...
La Quinta pareció pensar su decisión
unos instantes, en los cuales la joven permaneció
tensa. Al final, pero, la legendária Sannin
asintió con una leve sonrisa.
- Espero que no le des problemas a tu hermano en las
misiones y le ayudes en cuanto puedas. Si no, yo misma
me encargaré de ponerte en tu sitio.
El rostro de la rúbia muchacha se iluminó
por completo, mientras una enorme sonrisa se dibujaba
en él.
- Se lo prometo, Tsunade-sama -dijo agudamente.
Dicho esto, la chica se puso en pie y se alejó
hacia la puerta, con un entusiasmo y una jovialidad
dignas de la hermana mayor de Naruto. Antes de irse,
pero le dirigió una sonrisa cargada de calidez
a la Hokage.
- Se lo agradezco mucho, Tsunade-sama -dijo muy feliz-
Siempre ha hecho todo lo que ha podido por mí....
La puerta se cerró tras la rúbia una
vez se marchó. Después, un silencio
aplastante, como si nunca hubiera ocurrido nada. Kakashi
permaneció quieto unos cuantos segundos, aunque
después dirigió la mirada de su ojo
negros hacia la mujer de aspecto veinteañero.
- Hokage-sama... -dijo levemente- No es que dude de
usted, pero me extraña que alguien tan firme
en cuanto a las normas ascienda con tanta facilidad
a alguien a gennin...además de permitirle no
presentarse a los exámenes de chunnin...
La mirada castaña de Tsunade impactó
sobre la suya, mostrando una seriedad increíble.
Después de mantener el contacto visual por
unos segundos, lo rompió bruscamente y entrelazó
los dedos de ambas manos, mirando hacia la ventana
abierta.
- No voy a mentirte, Kakashi -dijo firmemente- No
negaré que lo he hecho con segundas intenciones...
El jounin observó detenidamente a la mujer,
detectando en su rostro una seriedad que nunca antes
había notado. Sin saber la razón, Tsunade
le pareció más cansada que nunca antes
en su vida. La mirada castaña de la Hokage
estaba perdida, fingiendo contemplar la villa de Konoha.
En aquellos ojos podía entreverse una preocupación
muy intensa, algo que no había sentido desde
hacía meses.
- Existe una razón para el regreso de Fuuko
a Konoha...
La tensión que reinaba en el ambiente terminó
por afectar también a Kakashi, que puso su
total y absoluta atención en la Quinta, la
cual parecía meditar muy bien sus palabras.
- En estos momentos, Uzumaki Fuuko es una de las cuatro
personas...que tienen alguna posibilidad de derrotar...a
Uchiha Itachi...
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Konoha no había cambiado tanto. De hecho,
permanecía casi exactamente igual a cómo
recordaba en su difusa memória de tres años.
Sin embargo, a la vez todo le parecía diferente.
La última vez que había andado por aquellas
calles, lo veía todo como una criatura, una
niña apenas. No podía compararse a lo
que le ofrecía en aquellos momentos la mirada.
No sabía exactamente qué hora era, pero
empezó a oír unos gritos agudos e infantiles
muy cerca. La chica saltó ágilmente
un muro de madera y observó la escena. Una
leve sonrisa se dibujó en su expresión.
La Académia Ninja. El lugar en el que había
alcanzado a estar durante unos pocos meses de su vida.
Así mismo, durante muchas tardes había
ido a jugar allí con...
Una repentina nostálgia la llevó hacia
allí. Andó tranquilamente por aquel
patio de pocos pero frondosos árboles. Vio
el columpio en el que una vez su padre le ayudara
a subir. Entonces, escuchó una voz masculina
cercana, la cual sonaba realmente afable. Dirigió
sus ojos azules hacia aquel lugar, para ver un hombre
rodeado de niños, los cuales parecían
despedirse de él, todos con grandes sonrisas.
- ¡Hasta mañana, Iruka-sensei...!
- Hasta mañana, chicos -respondía el
moreno, con una dulce sonrisa- Practicad mucho, ¿eh?
- Sí, Iruka-sensei -respondieron ellos a coro.
Los niños empezaron a salir a toda prisa de
del patio, dejando al ninja de cabellos, piel y ojos
oscuros sonriendo cálidamente, viendo como
sus alumnos se alejaban. Iruka se dió la vuelta,
dispuesto a entrar de nuevo en la escuela, pero entonces
sintió una cálida brisa tras de sí.
Giró rápidamente sobre sí mismo,
para ver a una chica de cabellos rúbios e intensos
ojos azules, la cual sostenía un sombrero oriental
en su mano izquierda.
Sonreía. Una sonrisa que le trajo unos recuerdos
increíbles. El recuerdo de un pasado lejano,
de cierta persona que creía haber olvidado...
- Hola, Iruka-kun... -dijo ella levemente, recostada
con una mano en el tronco de un árbol.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
La mente de Kakashi trabajaba a toda velocidad, tratando
de asimilar el impacto de las palabras de la Quinta.
Tsunade no parecía reparar en su reacción,
simplemente seguía en la misma posición
pensativa. El jounnin no pudo resistirse y se plantó
frente a ella, mirándola con absoluta sorpresa.
- Tsunade-sama... -dijo, casi sin voz- ¿Pretendéis...crear
un enfrentamiento entre Uchiha Itachi y ella? ¿Así
sin más?
- Yo nunca he dicho eso -le reprochó Tsunade,
mirándole casi con enfado- Fuuko necesita aún
un fuerte entrenamiento. Es posible que algún
día tenga el poder necesário para derrotar
a Uchiha Itachi...
- Pero...Tsunade-sama... -protestó de nuevo
Kakashi- Nadie que no posea el sharingan puede enfrentarse
a ese Uchiha.
- Uzumaki Fuuko aprendió el Kage Bunshin cuando
tenía tres años -soltó de repente
Tsunade.
- ¿Qué? -inquirió Kakashi, sin
entender el porqué de aquel giro en la conversación.
Sin embargo, Tsunade estaba dispuesta a seguir con
lo suyo.
- A los cuatro dominaba la Técnica del cambiazo
a la perfección -continuó, sin inmutarse
de la reacción del jounnin- Manipulaba su chakra
de una manera admirable a pesar de los problemas que
tuvo inicialmente. A los seis adquirió el Kazegafuku
junto con el Kirikizu. A los ocho dominaba a la perfección
el elemento aéreo, junto con ciertas técnicas
basadas en la cópia de la realidad -sus ojos
castaños se posaron de lleno en Kakashi- Es
absolutamente increíble que en su situación
y su estado psicológico produjera tantos avances.
Por sí sola llegó a desarrollar técnicas
que nadie le enseñó.
- ¡Pero ni siquiera con esa habilidad podrá
derrotar a Uchiha Itachi...! -aseguró el jounnin
casi fuera de sí- Un enfrentamiento entre esos
dos supondrá la muerte de Uzumaki Fuuko.
- No estés tan seguro -apuntó Tsunade,
apoyando un brazo sobre la mesa.
Kakashi se silenció ante la seguridad que emanaba
la Hokage. No podía entender cómo podía
ser tan optimista ante una teoría como aquella.
La mujer suspiró lentamente y se recostó
sobre el respaldo.
- Esa ninja...aún no ha mostrado su técnica
más poderosa... Es una técnica quizás
simple, pero que bien utilizada... podría llegar
a vencer al sharingan...
Los rasgados y exóticos ojos marrones de Tsunade
se posaron totalmente en la mirada oscura de Kakashi,
el cual no era capaz de sacar los ojos de ella.
- E incluso quizás matar a Orochimaru...
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Ambos jóvenes reían, sentados tranquilamente
al pie de uno de los árboles de la Académia
Ninja. Llevaban ya un rato hablando animadamente.
La diferéncia de edad entre ambos no parecía
impedir que regresaran a aquellos tiempos de infáncia
que vivían en su memória. La rúbia
miró levemente al moreno, deteniendo su risa
pero no borrando su sonrisa.
- Así que...te convertiste en Sensei, tal como
querías...
- Sí -asintió Iruka, con una sonrisa
complacida- Aunque me sorprende que te acuerdes de
que yo dijera eso... Aún eras muy pequeña
cuando te ví por última vez...
- Eso es verdad, pero siempre fuiste como un hermano
mayor para mí -respondió Fuuko con una
sonrisa maliciosa- Era una pesada... Siempre te enredaba
para que vinieras a jugar conmigo... Y eso que tú
tenías más de 10 años...
- Ya, pero me lo pasaba muy bien a tu lado... -respondió
el chunnin sonriendo con melancolía- Me dolió
mucho saber que habías dejado la aldea...
Aquella expresión pensativa desapareció
de su rostro, mientras la miraba y le sonreía
de un modo casi infantil.
- Pero, bueno, ¿a qué se debe este regreso
tan repentino...? -preguntó el chico.
- Bueno... -susurró la chica, dibujando una
sonrisa triste en su rostro- Quería...acercarme
un poco a Naruto...
- Ah, ya... -dijo de repente el moreno, pensativo,
mientras dirigía su vista al cielo- Si quieres
verle, te aconsejo que vayas con cuidado...
Fuuko le miró. Era evidente que él conocía
muy bien a Naruto. Seguramente sabía más
de él de lo que muchos podrían llegar
a conocer jamás. El chico de piel oscura ahogó
un suspiro, mientras se ponía en pie.
- Naruto cree que nunca ha tenido hermanos... -explicó-
Siempre le han ocultado tu existéncia... Ni
siquiera sabe quién era su padre... Todo el
pasado de Naruto ha sido borrado de los archivos de
Konoha. No sabe nada de su família -añadió,
mirándola- Quizás...deberías
ser precavida con lo que le dices... Seguramente deberás
explicarle las cosas poco a poco...
La chica no dijo nada, pero después dobló
las rodillas y se abrazó las atléticas
piernas con ambos brazos. Sus ojos azules no fueron
capaces de ocultar su inseguridad.
- Tienes razón... -susurró- No creo
que fuera fácil para él...saber que
es hijo del Cuarto...
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
La noche era preciosa. El kitsune tuvo que reconocerlo.
Las estrellas se encendían aquí y allá
como millones de velas que nunca parecían apagarse,
mostrándose mortecinas en aquella inmensa oscuridad.
Suspiró con pesadez y se dejó caer de
espaldas sobre el tejado, colocando sus brazos tras
la cabeza. Estaba más pensativo que de costumbre:
sus rasgados ojos azules lo denotaban.
Había estado pensando mucho en aquella ninja,
la chica de cabellos rúbios y ojos color cielo.
Seguía pareciéndole increíble
que se semejara tanto a aquella técnica suya.
Había sentido algo muy insólito cuando
ella se le había acercado. Una espécie
de nostálgia, quizás... Una sensación
de calor y de familiaridad que le habían hecho
sentir vivo. Inspiró profundamente y dejó
salir el aire de un modo calmado. El viento transportó
una hoja hacia él, la cual cayó sobre
su nariz.
La cogió entre dos dedos, mirándola
por todos lados. Sin apenas concentrar chakra, consiguió
cortar la hoja en dos partes exactamente iguales.
Desde que Sasuke había regresado, Kakashi le
había enseñado aquel método de
entrenamiento para fortalecer su dominio sobre el
viento.
Empezaba a funcionar.
De repente, escuchó el conocido sonido de unos
nudillos golpeando la puerta de madera. Se incorporó
un poco molesto, preguntándose quien sería
a aquellas horas, mientras entraba de un salto por
la ventana de su cuarto. Andó descalzo por
la casa y abrió la puerta, esperando encontrar
quizás a Kakashi, Sasuke, Sakura o quizás
a Hinata, que últimamente había ido
muchas veces a verle por las tardes.
Tras el umbral había una figura femenina, un
poco más alta que él. La luna lanzaba
reflejos de plata en aquellos largos cabellos dorados
recogidos de aquel particular modo. Unos ojos azules
pálidos y tétricos en aquella oscuridad,
aún así de una belleza expectante. Naruto
se quedó de piedra, contemplando a la chica
que veía frente a sí, la cual no parecía
mirarle a él, si no a través de sí,
llegando al lugar más recóndito de su
mente.
Una leve sonrisa iluminó la expresión
de la chica.
- Te dije que nos volveríamos a ver, Naruto.
----------------------------------
El portador del Kyuubi no supo qué le impulsó
a aceptar la petición de ella, unas simples
palabras que salieron de aquellos rosados labios pidiéndole
que le dejara pasar. El chico sólo alcanzó
a apartarse del camino y a dejarle pasar. Era algo
inconsciente: toda precaución había
desaparecido de su mente.
La rúbia entró en la casa y miró
alrededor: la desordenada cocina, la ropa esparcida
por el suelo, los platos apilados en el fregadero...
Sin duda era un desastre. A pesar de ello, una sonrisa
emmarcó sus labios. Giró sobre sí
misma para mirar al chico, el cual seguía observándola
con precaución y quizás incertidumbre
en aquellos ojos color cian. Entendió de inmediato
qué debería suponer para el chico dejar
entrar a una extraña en casa. Lentamente, deshizo
la correa de su portakunáis, tanto el del muslo
como el del brazo. Se los tendió al chico,
el cual los cogió sin entender nada.
- No voy a atacarte, Naruto... Nunca te haría
daño -dijo la chica de un modo sincero.
El chico no supo qué decir. La cercanía
con aquella muchacha le producía una extraña
añoranza que no era capaz de entender. Le ofreció
asiento a la chica, la cual aceptó sin decir
nada y se sentó con las piernas cruzadas frente
a él. El silencio les sumió en su infranqueable
manto, del cual no pudieron escapar. La rúbia
paseaba su mirada aquí y allá, observando
cada detalle de la estáncia. Naruto, por su
lado, no le quitaba los ojos de encima. Demasiadas
preguntas que requerían respuesta.
- Escucha...¿se puede saber quién eres?
-inquirió mirándola con intensidad.
La chica fingió no darse cuenta de aquella
pregunta, pero después hizo resbalar su mirada
hasta clavarla en los ojos azules del chico. Aquella
intensidad le pilló por sorpresa.
- Creía que era evidente, ¿no? -preguntó
con sorna.
Dicho esto, ella se incorporó levemente sobre
el asiento, acercándose a él lo suficiente
como para que sus ojos quedaran a la misma altura.
- Yo estuve aquí hace quince años...la
noche en la que Kyuubi atacó Konoha... -empezó
a explicar.
El corazón del rúbio se estrujó
de repente. ¿Por qué sabía ella
sobre Kyuubi...? Entonces...¿era verdad que
había sido una ninja del país del Fuego?
Escuchó con más atención las
palabras que decía la chica, la cual miraba
hacia otro lado de un modo distraído.
- Yo no nací aquí en Konoha...pero fuí
traida aquí al nacer y viví aquí
durante tres años...hasta que el Bijuu legendário
arrasó la villa... Desde ese momento, aunque
sólo tenía tres años, me ví
obligada a marcharme de Konoha... He vivido lejos
de la villa durante todo este tiempo... Sin embargo,
siempre he querido regresar...
Le miró ahora directamente. Naruto sintió
como si penetrara en su corazón, en su alma,
desnudando todos sus sentimientos y sus emociones
pasadas...
- Aquel fatídico día dejé atrás
a un niño... Apenas era un recién nacido
y le esperaba un negro destino... Recuerdo sus dulces
ojos...eran muy azules...como los míos... -una
suave sonrisa se dibujó en sus labios, expresando
una fuerte ternura- Como los tuyos...
Todo escaseó de sentido en aquel momento, solamente
la increíble y absoluta revelación que
intuía que iba a tener lugar. La sonrisa desapareció
de la expresión de la chica, para dejar únicamente
una leve y suave tristeza.
- El portador del Kyuubi...el último Jinchuuriki...era
mi hermano...
----------------------------------
La reacción de Naruto no fue la que se esperaba.
El chico se puso en pie bruscamente, mirándola
fijamente con los ojos azules enormes y la boca ligeramente
entreabierta. El rúbio ni siquiera parecía
respirar. Podía notarse un gran dolor apoderándose
de su ser, una angústia y una sorpresa que
dominaban su alma por completo...
- ¿Qué...qué has dicho...? -preguntó,
viéndose incapaz de creérselo.
La chica se negaba a sostenerle la mirada, pero al
final entabló un fuerte contacto visual con
él, sacando valor de no se sabe dónde.
- Mi nombre es Uzumaki Fuuko... No hace falta que
te explique...qué tipo de parentesco tenemos...
Es evidente -finalizó, entornando sus ojos,
tan parecidos a los del chico.
Naruto seguía sin reaccionar. Cientos de sentimientos
trataban de mostrarse a la vez, miles de emociones
ya pasadas...
Recordaba sus tristes años... Despreciado,
humillado, abandonado por todos... Creyéndose
solo en el mundo, poseído por un monstruo la
sombra del cual todos parecían ver en él...
Derramándose a cada instante en lágrimas
por cualquier rincón de la villa, dejando sueltos
su angústia y su dolor cuando nadie podía
verle...
Nadie sabía quiénes eran sus padres,
nunca nadie le había dicho si había
nacido en Konoha, si tenía hermanos o família
alguna, si alguna vez había alguien que le
había querido...
Todos le daban la espalda. En el fondo, sabía
que estaba destinado a seguir vagando solo por su
negro mundo, sin alguien en quien recostar su dolor...
Y entonces, cuando se resignaba a no conocer jamás
su orígenes, aparecía ella. Aquella
chica que se parecía tanto a él. El
mismo color de piel, los mismos cabellos rúbios,
los ojos rasgados y azules idénticos...
Ya no tenía dudas. Sentía que por fín
existía algo antes de Kyuubi, algo antes del
terrible momento en el que se convirtió en
el contenedor de un monstruo...
La chica que tenía delante, mirándole
con aquel deje de ternura, no era otra que con la
que compartía su sangre, el poder que fluía
por sus venas, una unión mística y poderosa,
más allá del afecto o la comprensión...
Su única família. Família...que
curioso le resultaba pensar en aquella palabra...
Poco a poco, notó que sus ojos se llenaban
de lágrimas. No era un llanto de dolor, de
angústia o de desesperación...
Únicamente una manifestación de cuanta
felicidad sentía, de cuanto alivio, de cuanto
calor sentía en el pecho, una sensación
que casi le quemaba... Sin dudarlo, se llevó
la mano al corazón, estrujándoselo de
un modo desesperado, con los ojos rezumando lágrimas
clavados en el piso.
- Después de tanto tiempo...resulta que...tengo
família... -una sonrisa quebrada por las lágrimas
cruzó su rostro- Al menos...tengo una hermana...
Fuuko quedó totalmente petrificada. Había
sido tan precavida como había podido. Aún
así, esperaba que Naruto se enfureciera, que
la atacara, que la rechazara... Después de
todo, era una absoluta extraña para él.
Por eso, no esperaba que lo siguiente que sintiera
fuera los brazos del chico rodear su cuello, aferrándose
a ella como si le fuera la vida. Sintió el
rostro del muchacho hundirse en su hombro, sus manos
aferrar su ropa con fuerza...lágrimas calientes
como gotas de cera resbalar por su piel. Escuchó
cerca de su oído los llantos retenidos, un
sentimiento de consuelo que se le clavó como
una daga en el alma. La chica cerró los ojos
levemente. Sus manos acariciaron levemente la espalda
del chico, fundiéndose ambos en un abrazo lleno
de cariño y apoyo.
Se sintió como abrazando a un niño,
un muchacho que apenas acababa de llegar a la adolescéncia,
con un alma sensible y fácil de herir, hecha
de un cristal tan frágil que se rompía
con sólo mirarlo.
Aquel reencuentro significaba el fin de la soledad
de ambos. El fín de una separación iniciada
por unas circunstáncias que ellos no había
elegido.
Una gota caliente y transparente resbaló por
la mejilla de Fuuko Uzumaki.
Juntos por primera vez...en quince años.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
La bruma se levantaba en el bosque tenebroso como
queriendo proteger los secretos que allí se
guardaban. Ocho siluetas se movían en la oscuridad,
camuflándose perfectamente en las tinieblas
grácias a sus ropajes negros. No hacían
ruido al moverse, a pesar de que muchos de ellos eran
de una altura considerable.
Solamente dejaban atrás el tétrico sonido
de un cascabel.
Las ocho figuras se dirigían hacia un lugar
en concreto, un claro sumido en sombras donde les
esperaba alguien. La figura en particular permanecía
de pie encima de un roca, de espaldas a ellos. En
su túnica negra podían verse los dibujos
de unas nubes rojo oscuro. En el anillo que llevaba
con gran firmeza en su pulgar podía leerse
el carácter "nada". Al sentir la
preséncia de los demás, se dió
la vuelta, de modo que su rostro quedó oculto
en la oscuridad. Todos los presentes podían
notar su fastidio.
- ¿Por qué tan tarde...? -inquirió.
- Je... -se quejó un tipo que portaba una guadaña
con tres hojas en su mano- El mierda de Kakuzu, con
su p--- obsesión... Se ha parado a atracar
una aldea por el camino.
- Hidan, mide tus palabras o te rebano la cabeza...otra
vez... -respondió uno de los más altos.
- Ya basta -dijo el que había esperado- Os
he llamado para anunciaros algo.
Las ocho figuras permanecieron expectantes. Sentían
la mirada fría e inrrompible del líder
mirarles uno por uno. Al fin, este se irguió
y empezó a hablar.
- En la estátua...ha aparecido un décimo
ojo...
Un murmullo casi inaudible recorrió a todos
los presentes, los cuales se miraron unos a otros,
visiblemente sorprendidos. Solamente una persona permaneció
impasible, sin moverse, aparentemente sin sorpresa.
El sombrero oriental que cubría su rostro ocultaba
a la perfección sus ojos, aunque dejaba ver
unos mechones negros que asomaban por debajo.
- ¿Y cómo debemos interpretar eso...?
-inquirió uno de ellos, de cabellos rúbios.
- Ni siquiera yo lo sé -respondió el
líder- Hay un ojo por cada Bijuu... Nunca había
creído posible la aparición de un décimo...
- ¿Quieres decir que hay...otro Bijuu? -preguntó
el que portaba una enorme espada.
Todos guardaron silencio. Para ninguno era imaginable
algo semejante. ¿Un décimo Bijuu? Las
leyendas lo contaban claramente: existían nueve
demónios malignos en el mundo, nueve en total,
cada uno más poderoso que el anterior. El Kyuubi
era el más fuerte y legendário de todos,
con un chakra ilimitado. Sin embargo...¿qué
significaba el décimo ojo en la escultura del
sellado?
Al cabo de unos minutos, el líder inspiró
calmadamente y les observó a todos en profundidad.
- Solo quería informaros para que estubieráis
ojo avizor... -anunció- Ahora regresad a capturar
a los Bijuu.
Al oír aquellas palabras, las figuras se fueron
dispersando, algunas desapareciendo en la nada, otras
a una velocidad increíble. El muchacho que
había permanecido firme se dió media
vuelta y se dispuso a marcharse junto con su compañero.
No obstante, una voz le detuvo.
- Itachi -llamó.
El aludido se detuvo lentamente, girando levemente
la cabeza para clavar su mirada en el que había
pronunciado su nombre.
- ¿Vas a pasarte por Konoha pronto, verdad...?
-inquirió el Líder de Akatsuki- Si es
así, procura ir con cuidado... Algo me dice
que encontrarás algún que otro obstáculo.
Aquellas palabras parecieron herir profundamente el
ego del Akatsuki, el cual le dirigió una muerta
pero ardiente mirada roja como la sangre, machada
con motas negras, a su líder.
- Mataré a cualquiera...que se interponga en
mi camino...
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Capítulo 3.- Lazos. Cortando el viento
Después de unos cuantos minutos de llanto entrecortado,
Naruto se incorporó levemente y separó
su rostro del cuerpo de la rúbia, ahora sí,
su hermana. La chica sonrió levemente y le
secó una lagrimita con un dedo, dándole
una sensación reconfortante que no recordaba
haber sentido nunca.
- ¿Mejor...? -preguntó suavemente.
El muchacho asintió levemente y después
se sentó a su lado. Fuuko siguió abrazándole,
pasando un brazo por detrás de su espalda y
rodeándole los hombros. El chico suspiró
pesadamente y recostó la cabeza en el brazo
de su hermana. Los ojos azules de ella no le perdían
de vista, aunque los entornó al cabo de unos
segundos.
- Naruto, yo creía...que no me aceptarías...
- ¿Por qué...? -inquirió el muchacho,
mirándola con sorpresa.
La muchacha no sabía qué decir, de modo
que agachó la cabeza visiblemente.
- Porqué...he estado estos quince años
lejos de tu vida... -había un fuerte remordimiento
en su aguda voz- Me alejaron de Konoha cuando tú
naciste... Apenas tuve tiempo de estar contigo...
- Pero...¿por qué te marchaste de Konoha?
-inquirió el rúbio, deseoso de saber-
¿Por qué...tanto tiempo...?
Los ojos de Fuuko se oscurecieron notóriamente.
Naruto pensó que se parecían hasta en
eso: el azul de sus iris se tornaba casi negro cuando
estaban angustiados.
- Debía proteger el secreto de nuestra família...
Todo lo relacionado con Kyuubi. Yo...conocía
ciertos detalles que podrían haber sido una
fuerte arma para otras villas... P |