La Web

Fanarts

Varios

Demencia
Oscuros matices cubren mi vida. Cada uno va forjando un sendero, cada uno escoge el lugar donde quiere residir y así cada cual forja lo que llamamos destino. Es difícil y casi imposible dar una definición de lo que es el amor y el valor que este adquiere en nuestro largo sendero, más difícil es saber si éste existe o tan solo es parte de una actitud que se vuelve costumbre. Más de una vez yo he comprobado la existencia del amor, el amor de un padre a su hijo, el amor de hermanos, el amor de una pareja...el amor es un ser incomprensible que sin ton ni son se anida en nuestros corazones cuando menos lo imaginamos... yo conocí el amor... también conozco la soledad.... Suntuosos sueños heráldicos que se escriben en un libro en blanco y el hálito vital exhalado con la última campanada del reloj de la torre. Es de noche, media noche para ser mas exactos y el viento murmura un sin fin de voces que ahora decrecen en sus peticiones...Y esto que redacto hoy es mi verdad, tal vez lo último claro que quede de mi mente y tal vez lo último que con un poco de cordura pueda escribir.

No ha dejado de llover, parece por el clima que vamos en el mes de agosto, la fecha exacta la desconozco, es tarde el sol ha comenzado su declive muy temprano y la poca luz artificial me impide escribir adecuadamente. El hambre me sacude con indomable pasión, subo la vista buscando en la pequeña mesa donde trabajo algún alimento que sé perfectamente no encontraré.

No pretendo contar una historia ni mucho menos usar este papel como carta solo pretendo escribir lo que sucedió, una explicación en la cual encontremos la lógica, en la cual te de un por qué de este suceso tan caótico, porque no podemos llamarle lamentable cuando a mis escasos dieciocho años pretendo encontrarme a mi misma y el destino que deseo forjarme.

Durante años me esforcé en huir al amor, huir a la gente y hasta pretendí huir de mí misma. Hasta que un día me topé con un ángel y conocí a Michiru Kaioh. No niego que fui feliz, que encontré mil formas de amar y mil maneras más en que lo recibía....

La lluvia acaeció en medio de la madrugada y del frío intenso que sacude mi morada, dormito entre mis confusos recuerdos buscando el punto donde se diferencia la realidad de la fantasía. Acababa de celebrar mi cumpleaños numero diecisiete, era el mes de enero. Fue un día triste, Michiru tuvo que salir durante seis meses fuera del país por una beca que había conseguido apenas a inicios de ese mismo mes solo se molestó en hablarme ese día. Tan solo llevábamos semanas de separo y ya la añoraba con un ansia entrañable difícil de describir. No intento reprochárselo yo lo entendía, su vida acababa de dar un giro radical y ella comenzaba a despegar en su vuelo por un sueño era su oportunidad de brillar y yo no iba ser quien la opacara....

- Happy birthday Haruka – sonó su voz al otro lado del auricular

- Gracias… ¿Cómo has estado? Recibí tu e mail y tu postal, parece que Viena es un lugar precioso

- Yes It’s beatiful

- ¿Y cómo te ha ido?

- Well, ok they are getting us to come in every days and the work is exhausting

Oírla hablar en otro idioma me hacía sentirla más distante. A veces parecía que la persona de Michiru había cambiado que hablando ese idioma ella se volvía otro ser tan distante y ajeno a mi y me dolía. Europa no esta a la vuelta de la esquina pensaba en muchas cosas y trataba de olvidarlas todas... de no imaginar situaciones distantes y pensar que los días transcurrirían con rapidez... las primera semana fue difícil y conforme los días avanzaban mi soledad crecía, estaba deprimida debo reconocerlo, no me interesaba la escuela, no me interesaban lo autos y mataba más de la mitad del día consumiéndome en la computadora y el televisor

- ¿Cuándo regresas? – la pregunta no servía de nada yo bien conocía su evasiva contestación

- Six months you must make an effort

- Hago lo que puedo

- They say suffering makes you stronger – rió, jugueteaba y sabía que para ella era tan difícil como para mí pero los sueños cuestan.

- No hables en inglés – estaba molesta, molesta con la vida y conmigo misma por atreverme en la soledad de mi alcoba a reprocharle su ausencia, molesta con la vida por arrebatarme siempre lo que amaba....

- Lo siento, la costumbre, además practicas...

- No lo necesito – ... y molesta por su actitud positiva ante la vida que yo ya veía de forma pesimista

La vida continuaba con o sin Michiru, la extrañaba y la extraño tanto que casi creo morir, todos los días me levantaba sintiendo la cama fría viéndome al espejo en la soledad de aquella casa y sabiendo que solo escucharía su voz hasta el fin de semana y tal vez leería alguno de sus email o la vería en algún chat. Me había vuelto dependiente, la necesitaba para respirar. Me parecía vivir una eternidad en soledad, y dentro de aquella soledad comencé a hablar conmigo misma primero a la nada platicándole todas mis anécdotas del día, desopués al espejo y finalmente a los muñecos de peluche que Michiru guardaba con tanto recelo. Y llegó el momento en que perdí el intereés por hablar con seres reales.

Las cosas no mejoraron.... un día, no recuerdo con precisión la fecha recibí una carta, el contenido era largo y todas aquellas cuatro cuartillas escritas a manuscrita finamente y con tanta pulcritud resumían el evento más desdichado de mi vida, mi tía Hichiro había sufrido un percance... fue el mes más difícil de mi vida, nunca pensé en avisar a Michiru. Solo me encerré en la alcoba a mirar fijamente el techo y soñar con mil cosas después extasiada por el aroma de alguna fragancia exótica empaqué y fui directo a Osaka donde mi tía residía. Un profundo cariño había tenido yo por ella que en mi más tierna infancia se había vuelto mi madre después de que ésta falleciera en el parto. Poco conocía yo del amor de padres, ante mi padre yo era el primogénito que había cruelmente arrebatado la felicidad y la dicha y pronto pasé a formar parte de su triste baúl de los recuerdos. A los quince años había decidido apartarme de su vida. Nunca recibí una negativa y mucho menos un apoyo…. yo no importaba. Mi infancia fue dura y mucho hay que contar de ella: hazañas, derrotas y tantas cosas de las cuales muchas me parecen escenas inventadas por mi mente. La soledad fue parte de mi tierna infancia y viejos recuerdos me hicieron sumirme en extrañas ensoñaciones dejando de percibir lo que frente a mi sucedía

Por días enteros pasé el tiempo observando el techo de la habitación del hotel donde me hospedaba, no comía, no me levantaba y solo pensaba, pensaba en tantas cosas: en mi tía en el sin fin de recuerdos que tenía de ella en mi madrastra y lo feliz sí feliz y hasta satisfecha que me sentía de que también hubiera muerto en el percance, una sonrisa de satisfacción se me escapaba de pensarlo. Si tantas noches había soñado con este día que quería gritar a los cuatro vientos lo dichosa que era yo era libre ya no habría quien me dijera o reprochara mi forma de ser... Y sin darme cuenta cómo o en que momento perdí mi identidad. Los autos dejaron de interesarme me absorbí en la computadora y en la música, llegué a coleccionar compactos y casi llegué a gastarlo todo en ello. Volví a casa cuando el dinero se acabó para pagar el hotel. Me sentía satisfecha de mi papel en el funeral, yo no había llorado, mantuve mi postura en seriedad luciendo mi mejor traje sastre negro que pude alquilar

- Debiste presentarte vestida de otra forma – refunfuñó mi padre y yo solo sonreí complacida de ser su crudo calvario

Me encerré en casa dormía dos o tres horas por la mañana, no comía, pasaba la tarde entera encerando el auto y el resto del día escuchando música pegada a una pantalla de computadora, entonces llegó el momento en que dejé de contestar el teléfono, la ropa se apilaba en los rincones más insospechados, la alacena lucía vacía, el piso sucio lleno de grasa, aceite y otros trebejos que hacían difícil el caminar, poco a poco se apilaron los trates en el fregadero haciendo caótica la casa. Sí sufría de depresión, la soledad me estaba matando.

Reprimirse no fue una de mis mejores ideas, siempre escudada en un yo falso, huyendo de mi verdad y hoy esto me hunde. La luz se había ido; llevaba tres días o tal vez más no lo sé con claridad, sin comer encontré por casualidad una botella de Vodka que Michiru guardaba para ocasiones especiales, respiré profundamente lo recuerdo bien quería traspasar la botella y saborear el dulce aroma del vodka, pensé que sería una buena ocasión para celebrar... ¿Celebrar? No sabía exactamente qué. Un solo vaso bastó para enloquecerme, para bailar con una vieja muñeca de trapo que le habían regalado a Michiru, la cabeza me daba vueltas, me sentía en la gloria y todas las penas, todo el dolor se esfumó como por arte de magia .Subí a la azotea de la casa le grité al mundo lo mucho que lo odiaba y varios sonidos sacudieron mi mente veía so9mbras espantosas que se aproximaban a mi dispuestas a devorarme. Recuerdo que llamaron de la escudería para saber como me encontraba ya que llevaba mucho tiempo sin asistir al autódromo y recuerdo perfectamente que los despedí con mil groserías... había dejado de ser yo para volverme esclava de esos seres imaginarios. Toda la tarde bailoté por la casa sin poderme sostener en pie, no era la cantidad de alcohol consumida sino el hecho de haberlo hecho en ayunas, el hecho de desear escapar a esta terrible soledad que me estaba matando.

Para cuando Michiru regresó encontró a una Haruka enloquecida, a una Haruka diferente a la que hacía seis meses había dejado

- ¿Haruka? – la puerta estaba entre abierta y yo aún tirada en la cama tratando de ponerme en pie sin grandes resultados

Y cuando me vio su rostro se llenó de asombro, frunció el ceño y con tono maternal me reprendió del desorden en que vivía

- No puedes vivir sin mi – y tal vez era cierto o tal vez demasiado me había pasado en esos seis meses

- Creo que no me puedo levantar – reí aún con los efectos del vodka en mi cerebro

- ¿Te sientes bien? ¿Has estado bebiendo? ¿Qué te tomaste?

- Una pregunta a la vez – y me deslicé torpemente entre las cobijas para terminar en el suelo

Hubiera deseado echar el tiempo a tras y no cometer la estupidez de beber ahora veía a Michiru ir y venir tratando de volverme a mis cinco sentidos. Le vi llorar, asustada tal vez, preocupada quizá. Me hizo beber leche y comer un pan tostado, me acurrucó entre sus brazos tratando de descifrar lo que me tenía tan mal

Las cosas no mejoraron para mi ni para Michiru y fue aquí donde perdí la hilaridad entre lo real y lo irreal y fue aquí donde voces siniestras me persiguieron, primero de noche.... despertaba a las tres de la madrugada con un radio sintonizado en ninguna estación con miles de voces hablándome al mismo tiempo tratando de enloquecerme sin averiguar de dónde provenían

- ¿Qué tienes Haruka?

- No me la puedo pasar

- ¿Cómo?

- Apaga la radio

- Está apagada

- Entonces préndela!

Temía hasta a mi propia sombra, veía figuras deformes escondidas detrás de las puertas acechándome como presas. Mis ideas se volvieron confusas. Me sentía ansiosa caminaba largas horas sin rumbo fijo hasta que Michiru me encontraba y trataba por todos los medios de apaciguar mi torrente y desorganizado pensamiento.

- ¿Qué tienes Haurka? Estás asustándome – y yo me negaba si quiera a mirarla a los ojos porque mis pensamientos estaban en otro lado enredados como una madeja de hilo con la que ha estado jugando un gato.

Y volvía por placer a escapar de los brazos de mi amada, deambulaba por las calles sin pensar ni observar hasta que mi memoria fallaba y no sabía ya quien era o donde me hallaba

- ¿Dónde es aquí?

- Le sucede algo? – y la gente me observaba con fijeza extrañada de mi comportamiento figurando ya en la lista de demencia. Y yo les veía a terrada buscando escapar a sus ojos de demonio, solo quería saber cómo regresar a casa

- ¿Dónde estoy? – y sujetaba mi cabeza, un dolor intenso y las voces diciéndome mil cosas, buscando enloquecerme

Una sensación de vacío siguió a mi depresión y por mucho Michiru quiso rescatarme. La ayuda había llegado demasiado tarde y tal vez yo disfrutaba más estando demente sin pensar sin tener que enfrentar a ese mundo que no tenía un lugar para mi por ser diferente por tener sueños que las personas comunes no poseen.

Atravesaba las calles sin fijarme a veces el claxón de algún automóvil me volvía a la realidad. Y un buen día simplemente me hallé frente a un hombre barbudo, de diminutos ojos inexpresivos que me contemplaba y me veía con recelo, habría su libreta anotando mi nombre con tinta azul y por encima de los anteojos me analizaba

- ¿Oyes voces? – y yo me negaba a contestar me negaba a hablar con cualquier doctor y confesar que miles de voces me hablan que por la noche me llamaban con acento enfadado esperando que durmiera para atormentarme en mis sueños. Temía confesar que soñaba con la muerte que creía tener habilidades especiales dadas a mi por algún oscuro motivo. No entendía porque mis sueños parecían la realidad y la realidad un mero sueño que uno domina

Perdí diez kilos en esos seis meses. Caminaba por la calle y oía como me llamaban y al voltear no encontraba a nadie. La paranoia siguió. Aterrada cerraba puertas y ventanas subía a la alcoba y me enceraba en ella perseguida por mis propios demonios.

- Haruka abre, estoy muy preocupada – suplicaba sin que yo cediera – abre por favor! – lloraba a la puerta mientras yo rompía con todo dentro de la habitación luchando contra aquellos monstruos que se presentaban ante mi – déjame ayudarte

Y no hubo más caminos, ni escapatorias para mi

- ¿Tienes algún don especial? – y aquel hombre lampiño de escasos cuarenta años se molestaba en tratar de indagar que pasaba por mi mente

- Leo la mente

- Y puedes controlarlo?

- No del todo

Al salir del consultorio me tambaleaba a pesar de no haber ingerido alcohol, mi mirada se mantenía fija en algún punto del enorme horizonte hablaba con lentitud y mis pasos eran tambaleante y por extraño que parezca recuperé todos mis sentido cuando vi a mi padre hablando con Michiru

- Haurka

- ¡Qué hace él aquí! – estaba molesta, me sentía traicionada y paranoica, sentía que el mundo entero se disponía a atacarme. Gritaba encolerizada, hablaba conmigo y después con la nada

- Haruka... yo... yyo.... – y rompió en sollozos mi pobre Michiru buscando calmarme

- ¡Lárguense! ¡No necesito de ustedes!¡Todos están en mi contra! – retrocedí asustada por las sin fin de formas que las sombras creaban

- No, no es así busco lo mejor para ti

- No Michiru ...no me toques!

Empaqué mis cosas, obligada por mi padre a marchar con él. Fue difícil, muy difícil ver a mi querida Michiru empacando a mi lado animándome que todo estaría bien, que no me abandonaría....La vi hacerse fuerte, la vi sopesar mi enfermedad y su cariño por mi y a sabiendas que la enfermedad tal vez fuese irremediable decidir no abandonarme

- Iré a verte el fin de semana, tienes que poner mucho de tu parte para que volvamos a estar juntas ¿Quieres?

Ya no era depresión, yo presentaba otro cuadro más grave. Y mi sollozo rompió el silencio de aquella noche triste. En un abrazo decidí dejarte. No se en que preciso momento, en un loco afán por apagar mis temores, por deshacerme de mis traumas dejé la realidad, la fantasía es un mundo fantástico y soñar despierta me ha salvado de muchos percances a lo largo de mi vida pero hoy, hoy me separa de lo que más amo. Quiero volver a verte que todo esto sea una terrible pesadilla y despierte en nuestra cama y no en este sanatorio, no fue tu culpa amor, de existir los culpables solo sería mi propio yo.... Me siento inútil, torpe y hasta estúpida mi mente lucubra en tinieblas y fango sin vislumbrar pronto luz. Hoy vivo escuchando voces aterrantes que me dictan lo que debo hacer, viendo seres espeluznantes que amenazan con no dejarme salir de este inhóspito lugar. Ahora eres tú quien debe ser fuerte. Tu recuerdo y amor perdura en mi memoria. Te amo y tal vez lo único que pueda salvarme de este calvario sea el amor....

- Te traje unos libros, y un auto para que juegues con él; ahora que estés mejor pediré permiso para traer la autopista con la que venía el auto.... ahm! Y te traje unas rosas. Te amo – y tu sonrisa se grabó en oro en lo más profundo de mi corazón...Ahora solo espero por tu pronto regreso. Soñar, vivir, respirar, mi ángel, no me abandones....

Por ser esta una época confusa con pocas estrellas despejadas,

Tanto las públicas como las privadas,

Fuera de su oscuridad hago una letanía

Por los perdidos, por los casi perdidos y por los desesperados,

Por todos los que sufren y no en la carne

Diré su nombre, mas no ahora.

Es por ellos que conversan con el hombre barbado en la quietud del consultorio,

Con cordura, con calma, cuando explican exactamente como eran

Y estallan de pronto en ruidosos y engañosos sollozos;

Por los que viven plenamente la reunión, deseando la muerte;

Por los que adoptan falsamente los modos de vida razonables del país

Y se extrañan si la gente los mira con fijeza;

Por los que intentan tejer tapetes en la sala grande y reluciente,

Y lo hacen con torpeza y se contentan con la alabanza;

Por la noche y por el miedo, y por los demonios de la noche;

Por los que se tienden en el diván y por la conversación que retrocede.

Es por aquellos que trabajan y por los que no pueden trabajar,

Por los que se topan de repente con la puerta cerrada con llave

Y la obra se les cae de las manos;

Por los que andan por el pavimento, dentro del infierno,

Por no haber observado la luz roja ni las señales de advertencia,

Porque estaban atareados o porque eran ignorantes o soberbios.

Es por aquellos que están atados con cadenas de papel,

Que son más fuertes que eslabones de hierro; es por aquellos

Que cada día izan la roca de cartón

Hasta la cima del imponente monte en llamas,

Y no hay roca ni montaña, mas ellos lo ignoran.

Es por aquellos que esperan hasta la seis para la bebida

Y hasta las once para la tableta;

Y por los que no pueden esperar, sino que se dirigen a la oscuridad;

Y por los que suspiran por la oscuridad pero no se dirigen a ella

Y van a la ventana y ven la caída del cuerpo,

Oyen el golpe sordo del aire en los oídos

Regresan después a la habitación y se sientan de nuevo,

Sin haber contemplado el suceso, sino a ellos mismos.

¡Cristo ten piedad de nosotros!

¡Freud ten piedad de nosotros!

¡Vida ten piedad de nosotros!

Es por aquellos

Que tiran dolorosamente del pez negro fuera de la oscuridad,

La vieja pesadilla del niño, que conservan el recuerdo en su propio dolor;

Y después de todo esto, curarse o no curarse,

Pero sin olvidar el azufre en la boca

O el tiempo en el que el mundo era distinto, y no por un instante.

Y también por aquellos veteranos

De otra clase distinta de guerra,

Que dicen: “No, gracias” ante los cocteles, que dicen: “No gracias.

Bueno sí; deme coca – cola”, con estudiada sonrisa.

Por los que escondían las botellas muy hábilmente en el baúl,

Los que sobornan al enfermero, los que prometían ser buenos,

Los que despertaban en el sucio lecho, en el pueblo desconocido.

Ahora ya están curados, demasiado curados,

Están curtidos y están bien. Sus ojos son sus únicas cicatrices.

Es por aquellos, con blanquecinas cicatrices en las muñecas,

Que recuerdan el olor del gas y los vómitos,

Y tienen poca voluntad, lo cual es un síntoma bien conocido,

Siempre estuvieron pendientes del teléfono, antes.

Sin embargo recuerdan

Es por aquellos

Que oyeron la música hacerse de pronto más ruidosa

Que no pudieron modificar la fantasía cuando llegaba.

¡Cloral, ten piedad de nosotros!

¡Amital, ten piedad de nosotros!

¡Nembutal, ten piedad de nosotros!

Esto sucede más o menos, tal como ocurrió en el pasado.

Hay estadísticas. No hay verdaderas estadísticas.

Tampoco hay heroísmo. Únicamente hay

Fatiga, dolor, gran confusión y, a veces recuperación.

El nombre como vosotros lo sabéis, es Legión.

¿Cuál es tu nombre amigo?¿De dónde vienes y cómo has llegado hasta aquí?

El nombre es Legión. Es Legión en la historia clínica.

Amigos, romanos y compatriotas,

El nombre es señor y señora Legión

STEPHEN VICENT BENÉT – Minor Litany


F I N

Dudas, sugerencias y comentarios a abccorporatio1@yahoo.com

Email de la autora: abccorporation1@yahoo.com.mx

Fanfics

|+| Layout Info