|
La lluvia no se ha detenido, yo corro a través
de un parque, los rayos que caen alumbran mi camino,
guiándome a través de las tinieblas,
yo había poseído un rayo de luz que
me guiaba a cualquier lado: eras tú. Dejo el
camino pavimentado y me interno entre la maleza y
las rocas, huyo tan rápido como mis piernas
me permitan, deseo alejarme de ti. Tropiezo, con una
raíz salida de un árbol, caigo de bruces,
entre el barro, me siento entre el fango permitiendo
que mis lágrimas salgan, me siento humillada,
dejada y todo por tú culpa. Me incorporo y
me siento en la raíz salida. Tu imagen pasa
en mi cabeza como el flash de una cámara. Me
limpio las lágrimas y abrazó mis rodillas,
tal como lo hago con tu recuerdo.
Después de estar ahí sentada por más
de media hora me levanto y me dirijo a mi casa. Me
interno y llegó hasta mi alcoba, donde me dejo
caer en la cama, hundo mi cara en la almohada. Siempre
creí que éramos la pareja perfecta,
que nada nos separaría, llegué a decir
que no era de nadie, que no tenía dueño,
hasta que te conocí. Caminábamos de
la mano por todo el campus, levantando envidias a
cada paso, ¿acaso estas fueron la causa de
este desenlace?. Llegué a soñar que
nos casaríamos, que chiquilla no ha tenido
ese sueño, me gustaba esa idea, pero con el
tronar de tus dedos, todos mis sueños se vinieron
abajo. No me dejaste ni siquiera el saber por que,
con cuatro palabras destruiste medio año de
relación: ya no te amo. Te deteste, maldije
la hora en que me había entregado a ti y aún
así te amaba en el fondo.
No quería ir a la escuela, pero mi madre me
obligo, ni siquiera mi actuación de enferma
logro convencerla de no mandarme. Entre al salón
medio vació y pase de largo ante Tacuya y sus
bromas, por suerte me sentaba delante de ti, así
no tendría que mirarte. El día permanecía
monótono hasta que me llegó una hoja
a mi butaca, mientras la maestra se distraía
escribiendo en el pizarrón, yo desdoble la
nota y la mire. Izumi: me he equivocado, creo que
aun te quiero. El orgullo me ganó. ¿Que
se creía, que cuando el quisiera regresaría
a su lado?, no soy juguete de nadie. Estruje el papel
y sin ninguna discreción lo arroje al bote
de la basura. A la hora de la salida salí caminando
rápidamente, pero me alcanzaste de un brazo,
cerca del parque
- necesito hablar contigo - ahora tú querías
hablar pero yo no estaba de humor. De repente me abrasaste,
hundí mi cabeza en tu pecho y empecé
a lloriquear como actriz de novela. Noté que
buscabas mis labios y te facilite la tarea, nos unimos
en un beso, pero no supe interpretar lo que sentí,
nos soltamos al cabo de unos segundos y mientras yo
ponía mi cabeza en tu hombro tu acariciabas
mi cabello
- ¿qué es lo que pasa? - te pregunte
pero no me respondiste, me separe de ti - ¿por
qué me dijiste eso ayer?, si crees que soy
tu títere estas equivocado, quiero que me des
una explicación - quería las respuestas
que ayer no te pude arrancar. Tú solo seguiste
jugueteando con mi cabello
- ¿podemos hablar mañana? - asentí,
por último me diste un beso en la frente y
te alejaste. Dejándome aun más confundida,
¿qué pasaba?. Llegué a mi casa,
y por ir pensando en ti no escuche el llamado de mi
madre, tuve que bajar desde mi habitación para
ir a la sala. Cuando entre noté enseguida que
algo iba a pasar, me senté enfrente de mis
dos padres
- cariño - comenzó mi padre - hemos
pensado en regresarte a Italia -
- ¿por qué? - replique
- hemos notado que no te acostumbras, casi no tienes
amigos - dijo mi madre
- tú tía te esperara en el aeropuerto
de Italia - me dijo mi madre
- pero yo no me quiero ir - replique
- lo siento, es por tu bien - la discusión
había llegado a su fin. Subí a mi habitación,
si tenía amigos, pero también extrañaba
ciertas cosas de Italia, sabía que si me empeñaba
podría hacer cambiar de opinión a mis
padres. Todo se decidiría mañana.
|