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Cap. 1
Un hombre de traje corría desesperadamente
por las instalaciones subterráneas de una base
militar abandonada, en Anchorage, Alaska. Llevaba
una carpeta en la mano y su rostro lucía entre
aterrorizado y sorprendido. Llegó hasta una
puerta y pasó dentro de otra habitación,
respirando con agitación.
¡Comandante! ¡Ya están
listos, han despertado! dijo el hombre que acababa
de entrar.
Delante de una gran pantalla de cristal líquido,
un muchacho de unos veinte años, vestido de
militar con ropas de camuflaje azul se dio la vuelta
y miró al recién llegado.
Perfecto. ¿Y por qué tanta sorpresa?
dijo el muchacho.
Pues... señor, acabo de confirmarles
su misión y quieren ver sus armas... dijo
el hombre, con aparente incomodidad.
Entonces entrégaselas. ¿Qué
estás esperando? Los Bladebreakers estarán
aquí en un par de semanas, y los necesitamos
a punto para ese entonces. Si quieren ver sus blades,
dáselos. Mientras más rápido
empiecen a perfeccionar su técnica, mejor será.
dijo el soldado.
Sí, señor... pero yo tengo miedo...
de Ian, el más irascible del grupo. dijo
el hombre, sosteniendo la carpeta con fuerza.
Pues de tal palo, tal astilla, me parece. Es
normal, Kai Hiwatari tiene el mismo carácter.
Pero no será nada que no podamos dominar. Entrégales
sus blades. decidió el soldado, y se
volvió hacia la pantalla gigante, que mostraba
cuatro chicos dormidos en grandes tubos de cristal,
excepto por uno, de cabello azulado, que luchaba y
se debatía contra unos cables sujetos a su
piel.
¡Let it rip! gritó Tyson,
soltando a Dragoon.
El blade dio una vuelta sobre la arena y derrapó
para perseguir a Draciel, que justo pasaba entre dos
latas de refresco. Los alcanzó en un abrir
y cerrar de ojos y de un solo topetazo lo arrojó
fuera del círculo que habían trazado
con un palo.
Tyson empezó a reírse como siempre,
a lo payaso.
¡Ah! ¡Sí, lo hice, gané
otra vez! dijo, levantando el puño en
el aire.
Ray y Max menearon las cabezas, y se miraron con
tristeza.
Ya nos ha ganado tres veces, ¿Qué
le pasó a Tyson, se cayó del lado equivocado
de la cama el día de hoy? dijo Ray, alegremente.
Eso parece. O tiene suerte, o estuvo practicando
más de la cuenta. dijo Max, levantando
a Draciel del suelo.
Ya se le acabará la racha, cuando nos
toque a nosotros. dijo Naomee, dándole
un codazo a Kai en las costillas.
Tienes mucha razón. murmuró
Kai.
Tyson recuperó a Dragoon y dio un salto en
el aire, festejando.
Dame una lectura, Dizzy. dijo Kenny,
tecleando sobre la laptop.
¿Y qué quieres que te diga,
Jefe? Tyson volvió a ganar. ¡Los índices
de rotación y el ángulo de giro se salían
de la gráfica! Podría haber enfrentado
a los Psiquics sin necesidad de llamar a Dragoon.
dijo Dizzy, mostrando una serie de gráficos
y soltando un silbido electrónico.
¡Qué barbaridad! decía
Hillary, inclinándose sobre el hombro de Kenny
para mirar ¿Qué le pasa a Tyson
ahora?
No lo sé, pero sea lo que sea no puede
ser más bueno. Quiere decir que pasamos al
siguiente nivel y Dragoon podrá utilizar algún
nuevo ataque. Son pocos los beyluchadores que llegan
a tener este handycap de juego. dijo Kenny.
¡Y eso sólo significa una cosa!
dijo Tyson, haciendo un bailecito con los pies
¡Que soy el mejor beyluchador de todo el mundo!
¡Soy súper Tyson!
Ay, Tyson, ni que fuera mérito tuyo.
Todos sabemos que sin tu equipo no eres nada. dijo
Hillary, cruzándose de brazos.
¡Si tuvieras un blade, Hillary, lo lamentarías!
le dijo Tyson, montando en cólera.
¿Quieres saber por qué no tengo
uno, Tyson? ¡Porque es un juego para retrasados
mentales! Pero sin ofenderlos, muchachos. dijo
la chica, extendiendo una mano hacia los otros chicos.
No hay cuidado, Hillary. le dijo Ray,
echando a reír.
Tyson gruñó y cerró un puño
delante de la cara.
¡Me las vas a pagar, Hillary! la
amenazó.
Y con creces, Tyson, descuida. le contestó
Hillary, indiferente.
¡Ay, como odio a esa tonta! gritó
Tyson, dándose la vuelta y empezando a alejarse.
¿Dónde crees que vas, Tyson?
Nos debes una batalla a Kai y a mí. dijo
Naomee, levantando en alto el blade negro, Pegassus.
Ya habrá otra oportunidad. dijo
Tyson, mientras se iba.
Rayos, es más testarudo que una mula.
dijo Max, rascándose la cabeza.
Todos lo observaron mientras Tyson se iba hacia su
cuarto, con cara de molesto. Una vez que entró
a su habitación, el chico cerró de un
portazo y se apoyó contra la puerta, suspirando.
Luego echó a reír.
¡Fiufff! Menos mal que me salvé
de pelear con Naomee y Kai. Ellos son mejores que
yo, y habría perdido seguro. Bueno, pero no
importa, porque ya habrá oportunidad de enfrentarlos.
dijo, pasándose la mano por la frente.
Mientras tanto, el equipo recibió una visita
muy especial.
¡Señor Dickenson, tanto tiempo!
dijo Kenny, saludando al anciano.
¡Hola, muchachos... y señoritas...!
dijo el señor Dickenson, sacándose
el sombrero.
Es extraño verlo a usted por aquí...
¿Qué está ocurriendo? preguntó
Max, estrechando la mano del anciano.
Vengo a traerles un sobre que llegó
esta mañana a mi escritorio, y no quise echarlo
al correo porque sé como anda en estos días
y tardaría varios días en llegar. Entonces
como hacía mucho que no los veía decidí
traerlo yo mismo. explicó el señor
Dickenson.
¿Y de qué se trata? preguntó
Kenny, tomando el sobre en la mano.
Es una invitación para un pequeño
torneo en Edmonton; Alberta, Canadá, para la
semana que viene. Hay un par de equipos nuevos, y
uno que es especialmente bueno. Me gustaría
saber si los campeones mundiales todavía están
en forma y decidirán enfrentarlos... dijo
el señor Dickenson, guiñando un ojo.
Cuente con nosotros. decidió Kai,
hablando por todos.
¿Nosotras también podemos ir?
preguntó Naomee, hablando por ella y
por Hillary, quienes seguramente no estaban invitadas.
Seguro, no habrá problemas para agregar
a las chicas en la lista. Lo único que necesitan
es una maleta pequeña, probablemente estemos
allá una semana. Además, tendrán
días libres para recorrer la ciudad, pero no
creo que se atrevan a salir. el anciano soltó
una pequeña carcajada.
Es cierto, debe estar helando en Alberta en
esta época. aseguró Kenny.
Pero de todos modos no deja de ser emocionante.
dijo Hillary, tomando la iniciativa ¡Será
un gran viaje!
Entonces los quiero a todos en el edificio
de la BBA a las cinco de la mañana el próximo
lunes. explicó el anciano, ya saludando
a todos para despedirse.
Después de que el señor Dickenson se
fuera, los chicos se juntaron alrededor de Kenny,
que tenía el sobre. El chico lo abrió
y sacó un folleto lleno de colores y con espectaculares
fotos de paisajes nevados y hermosos hoteles, además
de la visión de un magnífico beystadio
con todos los requisitos para la celebración
de un campeonato mundial.
¿Viste eso? ¡El hotel es precioso!
dijo Ray, señalando la foto.
Bah, ya sabes que nunca se parecen a la foto.
Seguro es para que vayamos y nada más. Pero
que se ve bonito, se ve bonito. le contestó
Max, meneando la cabeza.
Apuesto a que debe costar una pequeña
fortuna pasar una noche allí... ¡Y nosotros
vamos a estar una semana! dijo Hillary, contenta.
¡Y podremos visitar los bosques! dijo
Naomee ¡Voy a tener que llevar un millón
de abrigos!
¡Oigan, muchachos, yo también
quiero ver el folleto! decía la vocecita
de Dizzy.
Kenny acercó el folleto a la cámara
de la laptop, disculpándose.
Oye, Kai, ¿Crees que deba empacar muchos
abrigos? le preguntó Naomee, abrazándolo
dulcemente.
Este... yo... bueno, yo no llevaré más
que uno, estoy acostumbrado al frío. Pero como
tu piel es tan delicada... empezó Kai,
pero una voz lo detuvo antes de que se abalanzara
sobre los labios de la chica.
¡Oigan los dos! ¡Esto no es un
hotel, es mi casa! dijo Tyson, acercándose
¿Y por qué tanto ruido, trato de hacer
una siesta!
¿A las diez de la mañana? le
reprochó Hillary.
Hice una pregunta. dijo Tyson, ignorándola.
El señor Dickenson ha venido, y dejó
una invitación para un nuevo torneo. Kai acaba
de aceptar, así que... empezó
a explicarle Kenny, pero al oír la palabra
torneo, Tyson se puso a saltar.
¡Oh, si! ¡Un torneo! ¡Tendré
oportunidad de demostrarles a todos mi gran talento!
decía.
Oh, vamos, Tyson. Sabes que tus amigos también
brillarán en el estadio, ¿O no, chicos?
dijo Naomee, hablándole a todos.
Sin lugar a dudas. aseguró Dizzy,
y su tono se oía alegre.
Eran las cuatro y media de la madrugada del lunes.
Todos los Bladebreakers y sus anexos (entiéndase
por anexos a Naomee y Hillary) habían pasado
la noche en casa de Tyson, y el mismo Tyson estaba
un poco raro, porque hacía días que
protestaba, incluso la noche anterior había
tenido una discusión amistosa con todo el equipo,
aduciendo que su casa parecía un hotel, entre
los apasionados besos entre Kai y Naomee y todos sus
amigos quedándose a dormir.
La rabia fingida se le pasó en cuanto se durmió,
al último de todos, y hacia las cuatro ya dormía
profundamente. Fue una lástima, porque a las
cuatro y media sonó el despertador y todos
se despertaron dando saltos, porque oportunamente
a Max se le había ocurrido meter el aparato
dentro de una inmensa cacerola de lata, y había
armado tal estruendo que casi despierta a todos los
vecinos de la cuadra.
¿De quién fue la idea? preguntó
Tyson, molesto.
Pues fue mía, pero fue una buena idea.
Cualquier cosa que logre despertarte a ti es un invento
milagroso. respondió Max, desperezándose.
Hacia las cinco menos cuarto todo el equipo estaba
de pie y listo, excepto por Tyson que todavía
estaba lavándose la cara. Cuando se hicieron
las cinco menos cinco, a alguien se le ocurrió
ir a ver en qué andaba Tyson y lo descubrió
durmiendo dentro de la bañera vacía,
con la cortina de baño a modo de sábana.
Incluso le tomaron una fotografía, para tener
una prueba de por qué iban a llegar tarde a
tomar el avión.
Lo siento, es que dormí muy mal anoche...
se disculpó Tyson, mientras se vestía.
Cuando por fin llegaron al edificio de la BBA, el
señor Dickenson los estaba esperando, pero
no los regañó por haber llegado casi
veinte minutos tarde, porque su vuelo estaba atrasado
dos horas.
Y así, los Bladebreakers iniciaron su viaje
hacia el Aeropuerto Internacional de Edmonton, Alberta,
Canadá.
El comandante estaba de pie delante de un grueso
vidrio, observando el entrenamiento de sus pupilos.
Hacía apenas unos días que habían
salido de la cámara de animación suspendida
y ya habían recuperado toda la movilidad del
cuerpo, y las agudezas de sus mentes.
El primero combate contra el megashooter más
perfeccionado hasta el momento lo efectuaría
Ian, el líder de su escuadrón. Cualquiera
que conociera a Kai habría dicho que Ian era
su gemelo idéntico, pero la verdad es que no
tenían nada que ver el uno con el otro, excepto
por su código genético. Ian era más
decidido y malvado, a primera vista. Sus ojos eran
violáceos, y tenían un destello frío
cada vez que se clavaban en alguien.
Llevaba un auricular con un pequeño micrófono
sujeto de la oreja. Se plantó delante del plato
de beyblade, llevando hacia el frente el lanzador
con el blade plateado.
El comandante se sonrió. De las cenizas de
la abadía de Moscú habían recuperado
los restos del Black Dranzer, y los habían
reformado y perfeccionado. Si Kai Hiwatari había
sido entrenado para utilizarlo, Ian estaba hecho para
llevar ese blade en la mano.
El combate contra el megashooter duró apenas
un minuto y medio, y fue demasiado frenético
como para seguirlo con la vista. De todos modos, acabó
con una victoria de parte del Black Dranzer, y entonces
el joven Ian salió de la habitación,
llevándose el blade. El comandante lo interceptó
cuando salía.
Muy buen trabajo, Ian. le dijo.
Este blade es excepcional. El tonto de Hiwatari
no debió despreciarlo. sentenció
Ian, y su voz sonó muy parecida a la del verdadero
Kai.
Tienes razón, y tú estás
aquí para demostrárselo. le dijo
el comandante, pasándole un brazo sobre los
hombros y llevándose al chico aparte.
Lo obligó a entrar en otro cuarto, donde se
encontraban los demás miembros de su equipo,
y el joven Ian apenas cabía en su asombro.
Los había visto dentro de las cámaras
de animación suspendida, pero en esos instantes
había creído ver mal.
Mas era imposible equivocarse. Si él era extremadamente
parecido al líder de los Bladebreakers, sus
compañeros eran gotas de agua comparados con
sus originales: allí estaban Tyrrell, un muchacho
bajo de cabello desordenado que vestía de jeans
y camiseta; a su lado estaba Mike, un joven de cabello
rubio y penetrantes ojos azules, de mirada severa;
y Lee-chang, un tipito bajo de cabello oscuro y ojos
dorados, con una larga trenza cayéndole por
la espalda.
Hola, Ian. Así que tú eres el
doble de Kai Hiwatari. dijo Tyrrell, adelantándose.
Y tú debes ser el doble de Tyson Kinomiya.
apreció Ian, estrechándole la
mano. Miró a los otros Y ustedes son
los dobles de Ray Kon y Max Mizuhara.
Veo que te los conoces bien. dijo Mike,
sonriendo despiadadamente.
Pues mucho no se equivoca. dijo Lee-chang,
cruzándose de brazos con fastidio.
Muchachos, si me siguen, les entregaremos sus
blades... sus verdaderas armas. interrumpió
el comandante.
Un soldado de bajo rango trajo una mesita con ruedas,
cubierta con un paño rojo. El comandante retiró
el paño y descubrió tres blades, todos
ellos negros con algunos arreglos plateados.
Estas serán sus armas, cuando se enfrenten
con los Bladebreakers. Tyrrell, tú llevarás
a Black Dragoon. le entregó el blade.
Es precioso... dijo Tyrrell, acariciando
el borde del aparato.
Mike, tú te encargarás de deshacerte
de Max, con este blade, Black Draciel. Desde ahora
es tu mejor amigo. dijo el comandante, y le
dio el blade.
Perfecto. dijo Mike, apretándolo
entre sus dedos.
Tú, Lee-chang, deberás utilizar
a Black Drigger, el Tigre Negro. dijo el comandante,
haciéndole entrega del blade al joven.
No hay problema. contestó Lee-chang.
Bien, todos están armados y listos.
Les recomiendo que empiecen a practicar con sus nuevos
blades, porque el torneo contra los Bladebreakers
será mañana mismo. decidió
el comandante.
Délo por hecho. dijo Ian, levantando
en alto a Black Dranzer.
El avión tocó tierra en Edmonton un
par de horas después de su salida. Apenas bajó
del avión, Tyson abrió la boca en un
enorme bostezo.
Vaya... me dormí una preciosa siesta
a bordo. dijo.
Es cierto, la pobre sobrecargo no sabía
qué hacer para cerrarte la boca. Roncabas como
una turbina de reacción. dijo Max, sonriendo.
Bueno, ahora hacia el hotel. declaró
Ray, cargando su bolso en el hombro.
Cerca de la puerta de salida había una gran
camioneta negra con vidrios polarizados, y a su lado
estaba parado un hombre con un cartel que decía
BLADEBREAKERS. Hacia allá fueron, pues se trataba
del transporte que los llevaría hacia su alojamiento.
El tipo de la camioneta dijo llamarse Albert, y dijo
que era el delegado de la Convención de Beyluchadores
Asociados de Edmonton. Como los chicos viajaban solos,
el señor Dickenson no estaba allí, y
por lo tanto el equipo nunca supo que tal convención
no existía. Todo se trataba de un engaño.
El hotel era muy real, y tan hermoso como en la foto
que Ray había señalado. La camioneta
los dejó en frente del edificio, y Albert aseguró
que pasaría por ellos a la mañana siguiente,
para llevarlos hasta las instalaciones de la Convención
donde se realizaría el torneo.
Tenían toda la tarde para relajarse o practicar,
y fue a eso último a lo que se dedicaron. Entrenaron
un par de horas y luego pasearon. Max se separó
del grupo en un centro comercial, buscando una máquina
expendedora de refrescos, y desapareció por
un rato.
Mientras el chico rubio caminaba buscando la máquina,
al principio no notó que un muchacho extrañamente
parecido a él tomaba su lugar en el grupo.
¡Oye, Max! le dijo Tyson
¿No ibas a buscar una máquina de refrescos?
¿Y qué le pasó a tu chaqueta?
El falso Max miró a Tyson con expresión
confundida, y meneó la cabeza.
Cambio de planes. le contestó.
Como quieras, pero ya vámonos porque
se nos hace tarde. le avisó Tyson.
Espera, tengo que ir al baño, no aguanto
más. dijo el falso Max, y se alejó
corriendo.
El muchacho, llamado Mike, se reunió con el
resto de sus compañeros en una cafetería.
Ian se levantó de su silla al verlo llegar,
y se quitó los anteojos oscuros. Todos iban
encubiertos con chaquetas y anteojos oscuros.
No te lo vas a acabar, Ian: iba de camino al
baño y me encontré con los Bladebreakers.
Me tomaron por ese chico, Max Mizuhara. No notaron
la diferencia, creo que todo marcha como lo planeamos.
le comentó Mike.
¿Te los encontraste? Muy bien, esos
tontos serán fáciles de engañar.
dijo Ian, mientras se sentaba de nuevo.
¡Allá va Mizuhara! dijo
Lee-chang, señalándolo con el dedo.
En esos instantes Max pasaba delante de la cafetería,
con una lata en la mano, buscando a sus amigos.
¿Dónde se habrán metido?
decía Max.
¡Max! ¡Date prisa, ya paramos
un taxi! le dijo Kenny, mientras lo agarraba
por el brazo sorpresivamente.
Lo siento, es que los perdí mientras
buscaba el refresco. se disculpó Max.
¿No era que habías cambiado
de planes? le dijo Tyson, al verlo llegar con
la gaseosa en la mano.
¿De qué hablas? le preguntó
Max, extrañado.
¿Y qué pasó con tu chaqueta?
insistió Tyson.
¿De qué chaqueta hablas? Yo
no traía ninguna chaqueta. aseguró
Max.
Bueno. Juraría que recién cuando
hablé contigo traías una chaqueta puesta.
Debo haber prestado menos atención que de costumbre.
dijo Tyson, rascándose la cabeza con
indecisión.
Tyson, eso es lo más normal del mundo,
eres tan tacaño que atención es lo que
menos prestas... bromeó Max, y los tres
amigos se alejaron hacia la salida del centro comercial.
Mientras se subían al taxi, el líder
del grupo enemigo, Ian, se acercó a una puerta
de servicio y los observó atentamente. Fijó
la vista en todos ellos, y no dudó que aunque
eran los reales, los Bladebreakers nunca serían
tan buenos como su equipo. Pero algo llamó
especialmente su atención: una chica de unos
catorce años, alta y delgada, de cabellos castaños
y ojos risueños, que estaba discutiendo con
Tyson. No la conocía, pero ya averiguaría
datos sobre ella.
La camioneta conducida por el tal Albert dejó
a los siete chicos en la entrada de una estancia perdida
en el medio de las montañas, en las afueras
de Edmonton. Apenas bajó del vehículo,
el aire escarchado acarició las mejillas de
Kai y al cerrar los ojos recordó el viento
helado de Siberia, estremeciéndose levemente.
Habría cedido al impulso de volver a meterse
en la camioneta y no salir nunca más si no
hubiera sido por Naomee, que lo tomó de la
mano y tiró de él para llevarlo hacia
la nieve. Ella había sabido todos los secretos
de su vida hacía apenas un par de semanas,
cuando le había relatado por qué Tyson
desconfiaba de él. Naomee lo miró tiernamente,
y Kai se olvidó de cualquier noche dolorosa
o penoso castigo que había sufrido.
Tyson bajó de la camioneta de un salto y lo
primero que hizo fue jugarle una broma a Hillary:
levantó un puñado de nieve fresca y
se la arrojó a la chica en la cabeza.
¡Oh, si! dijo Tyson, descerrajándose
las costillas de la risa ¡Tengo una puntería
increíble!
Y no terminó de decir esa frase porque Hillary
le devolvió la broma, estrellándole
en plena cara un puñado de nieve más
grande aún.
¡Pero la mía es más certera!
gritó Hillary.
Max y Ray atraparon a Tyson por los brazos antes
de que se lanzara a vengarse de Hillary. A un grito
de Kai todos se callaron y empezaron a caminar hacia
la entrada que se veía delante de un largo
camino.
Luego de caminar un largo rato, vieron que empezaba
a nevar.
¡Qué falta de cortesía,
podrían habernos acercado hasta la casa! dijo
Tyson, molesto.
Quizás Albert no quiso meterse por miedo
a la nieve. ¿Y si se quedaba atascado y no
podía salir? le explicó Ray, cargando
su pesado bolso sobre los hombros.
Allá está la casa. observó
Max, señalando hacia delante.
Parece... empezó Hillary, pero
Kai la interrumpió.
Parece un hangar militar abandonado. dijo,
frunciendo el entrecejo.
Se acercaron hasta las proximidades del hangar y
encontraron algunos aviones desarmados y herrumbrados,
restos de viejos cazas utilizados en alguna guerra.
Definitivamente algo huele mal aquí.
dijo Kenny, mirando a su alrededor.
Oye, Jefe, no me mires a mí, yo no tuve
nada que ver. dijo Dizzy.
¿Qué es este lugar? No parece
el sitio de una convención... dijo Tyson.
Eso es porque aquí no se celebrará
ninguna convención. Todo esto me huele a trampa.
dijo Kai, aferrando a Naomee por la cintura,
para protegerla de cualquier ataque.
¿Una trampa? No lo sé, quizá
tratan de impresionarnos. Mejor separémonos
y veamos que encontramos. sugirió Ray,
siempre tan optimista.
Es una gran idea. Pero en dos grupos. ¿Qué
dicen? dijo Kenny, temblando de frío.
Hecho: Kenny, Tyson y Max irán hacia
el Norte, rodeando el hangar principal. Hillary, Ray,
Naomee y yo iremos hacia el sur, revisaremos los galpones
más pequeños. Nos veremos en este mismo
sitio en media hora si todo sale bien. Vamos, en marcha.
decidió Kai, actuando como jefe, lo que
más le salía.
Bueno... dijo Tyson, y empezó
a caminar hacia el Sur.
El resto del equipo lo observó, exasperado.
Entonces Kai habló, en un tono sádico:
Oye, Tyson... ¿Crees que sabrás
para qué lado queda el Norte?
Tyson se detuvo, y echó a reír.
Ah, para el otro lado, ¿Verdad? dijo,
caminado en la misma dirección que iban Kenny
y Max.
No, si es como Kai dice, Tyson es demasiado
tonto para este planeta. murmuró Hillary,
cuando se separaron.
Ian estaba nervioso. A través del auricular
le habían confirmado que Kai iba directamente
hacia él, con un grupo de amigos. Los estaba
esperando dentro de uno de los galpones con paredes
de ladrillos, y daba vueltas alrededor del plato de
beyblade, apretando entre los dedos a Black Dranzer,
el mejor blade que había visto.
La puerta del hangar de ladrillos se abrió
sorpresivamente, dándole a Ian el tiempo justo
para esconderse. Sabía que Kai había
llegado, y sería su oponente en menos de lo
que cantaba un gallo si lograba asustarlo lo suficiente.
Kai y su pequeño grupo ingresaron al hangar
al ver que las luces estaban encendidas en el interior.
¿Qué rayos es esto? dijo
Kai, arrugando la nariz.
Parece que hay un plato de beyblade allí
adelante... dijo Ray, adelantándose.
Esperen, esto parece peligroso. lo detuvo
Kai, cruzando un brazo delante de Ray.
Silencio mortal unos segundos. Ian no se atrevía
a salir de su escondite, pero ya tenía un discursito
planeado.
Y puede ser tan peligroso como tú quieras,
Kai. El beyblade puede ser un juego especialmente
oscuro. ¿Nunca viste a un blade matar una liebre?
Es muy divertido. dijo Ian, saliendo por fin
Le arranca las orejas de una sola pasada. Y sin nada
de sangre.
¡Ya da la cara, tonto! dijo Kai,
poniéndose delante de sus amigos.
Ian apareció en una esquina, saliendo hacia
la luz de las lámparas.
¿Qué demonios...? empezó
Kai, con la voz cortada por la sorpresa.
Ray, Naomee y Hillary soltaron sendos gritos de terror,
al ver delante de Kai a un chico totalmente igual
al él, que vestía de blanco. Ian tenía
marcas rojas pintadas en la cara, imitando las de
Kai, y se ataba un pañuelo negro en el cuello.
Mi nombre es Ian. Mucho gusto, hermanito. dijo
Ian, parándose del otro lado del plato.
¿Cómo es posible? ¡Eres
igual a mí! dijo Kai, abriendo mucho
los ojos.
La clonación es una maravilla, ¿No
crees? dijo Ian, riendo a carcajadas.
¿Clonación? ¿Eres un
clon de Kai? dijo Naomee, adelantándose
hacia Kai.
Precisamente. Aunque soy mucho más joven
que él, apenas tengo un año de vida,
pasé un largo tiempo en la cámara de
animación suspendida. explicó
Ian.
¿Qué quieres de nosotros? le
preguntó Ray, cerrando los puños con
ira.
Quiere una beybatalla. No puede querer nada
más. dijo Kai, apretando a Dranzer dentro
de su bolsillo.
¡Qué bien me conoces, Kai! ¿Eso
es lo que tú querrías? dijo Ian,
cruzándose de brazos.
Supongo que sí. No eres muy diferente
de mí si eres mi clon. Te venceré en
cuestión de segundos. Conozco mis propias debilidades.
advirtió Kai, y su tono se volvió
gélido y cortante.
Pues tengo una sorpresa para ti, porque creo
que no te conocías cuando tenías a Black
Dranzer en tu poder, ¿O sí? le
dijo Ian, levantando el blade.
Kai lo miró con terror. Nunca antes en su
vida se había sentido tan atemorizado en presencia
de nadie.
¿De dónde sacaste eso? ¡Black
Dranzer se quemó junto con la abadía
de Siberia! protestó Kai, casi gritándole.
No creas en todo lo que ves, Kai. Y así
como me ves, físicamente igual a ti, puedo
asegurarte que tú no te comparas conmigo en
lo más mínimo. advirtió
Ian, frunciendo el entrecejo y perdiendo el tono burlón.
¡Entonces demuéstrame de qué
eres capaz! dijo Kai, y preparó a Dranzer
en su lanzador.
¡Hagámoslo! Pero no olvides que
conmigo, estás fuera de tu liga, Hiwatari.
Yo no te tengo miedo. declaró Ian, apuntando
a Black Dranzer hacia el plato.
Mientras los dos discutían, Naomee se acercó
a Hillary, que la estaba llamando en secreto. Hillary
estaba aterrorizada; tanto, que sin darse cuenta le
había apretado la mano a Ray, y el muchacho
había reaccionado como todo buen amigo y la
había abrazado levemente, protegiéndola.
¿Por qué ocurre esto, Naomee?
preguntó Hillary.
No lo sé, pero este combate va a ser
intenso. Es Kai contra sí mismo. dijo
la otra chica.
Kai es capaz de morir por defender su honor.
Estoy seguro. aseguró Ray, en tono sombrío.
¿Pero de dónde salió
ese clon? preguntó Hillary, con terror.
Eso es lo que no me explico. Para hacerlos
deberían necesitar muestras de sangre y tejido...
es imposible que sea un verdadero clon de Kai. murmuró
Naomee.
¿Y de dónde sacaron muestras
de sangre? dijo Hillary, como pensando.
Entonces Ray vio claro, y puso el grito en el cielo.
¡El último examen reglamentario!
¡De allí sacaron las muestras! dijo
Hace poco más de un año nos hicieron
un examen médico completo a todos, por órdenes
de la BBA. Estoy seguro que de allí las sacaron...
Es posible. dijo Hillary.
Mientras tanto, en el plato, Ian y Kai seguían
discutiendo, ajenos a la conversación de lo
otros chicos. Como última medida, Naomee dijo
a Ray:
Si el combate se vuelve peligroso para alguno
de los dos, ayúdame a detenerlo, Ray. No podemos
permitir que Kai se lastime.
Cuenta conmigo. aseguró Ray
¿Pero qué piensas hacer?
Eso ya lo verás. dijo Naomee,
y se volvió a ver a los dos chicos, a punto
de lanzarse a competir.
Continuará...
Avance del siguiente capítulo: EL combate
de Kai contra Ian y el de Ray contra Lee-chang, y
descubriremos qué pensaba hacer Naomee para
detener a Kai, si se daba la oportunidad; más
un ligero inconveniente que se presenta en la batalla
de Kai, haciendo que, por intervención de Ray,
las cosas se volteen a favor de los Bladebreakers.
Si deseas conocer a los clones, te recomiendo que
vayas a la sección fanarts de este mismo fanfic.
Espero que te haya gustado! Atte: Lady Kagura.
Si no sabes quién es Naomee, te recomiendo
también que leas los capítulos LA CHICA
DE KAI I y II, y te saques las dudas.
Espero que te haya gustado! Atte: Lady Kagura.
PD: Tanto si te gustó como si no fue así,
me gustaría que me envíes un e-mail
y así lo discutimos o me das más ideas
para seguir escribiendo. Mi msn es melisaramonda22@hotmail.com.
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