En una clase de artes
manuales, impartida en una sala de los cursos inferiores
de primaria de aquel liceo, vemos a una maestra dirigirse
a sus pequeños educandos, instruyéndoles
acerca de la tarea que iban a realizar en esa sesión.
A cada uno de ellos se les hizo entrega de un pedazo
rectangular de cartulina para que estos confeccionaran
una tarjeta para que la regalan a algún ser querido.
La gran mayoría de aquellos niños acometieron
con pronto entusiasmo aquel deber, tratando de esmerarse
en confeccionar la más linda tarjeta para regalar
a ese ser querido.
Pero de entre todos estos niños, vemos a una
pequeña inocente que solo atinaba a observar
aquel pedazo de cartulina en blanco, sin saber que podía
poner en ella, porque no había nadie a quien
pudiera ella dedicarle esa tarjeta.
"¿Qué era una madre?"; "¿Qué
es lo que era un padre?"; "¿Cómo
son los amigos?". Eran preguntas que ella se hacía
silenciosamente a medida que veía de reojo los
títulos de las personas a quienes iban dirigidas
dichas tarjetas. Ella solo conocía a "Doctores"
y "Científicos", solo conocía
escalas, grados y rangos, a las formas que solía
ver mas frecuentemente podía distinguirlas, y
en alguna que otra ocasión podía llegar
a recordar algún apellido. Pero nada mas. Para
esa pequeña, todas esas gentes que pasaban únicamente
eran formas que poblaban su mundo y que se marchaban
de su vida tan pronto como venían. Para todos
ellos, esa pequeña niña no era mas que
"La primera elegida".
De entre todas estas personas, solo existía una
persona que usualmente la llamaba por su nombre y que
era capaz de prodigarle de vez en cuando algunas pocas
palabras y algo de atención que daban la impresión
de preocupación por ella. Un sujeto de elevado
rango y estatus a quien todos se referían como
"El Comandante".
La pequeña miro de reojo como hacían las
tarjetas todos sus compañeros, y vio una figura,
un patrón que tendía a repetirse, una
extraña figura que tenia forma muy similar a
la letra "V", con dos medias lunas en su parte
superior y su interior pintado de color rojo, muy similar
al rojo que había visto innumerables veces en
las muestras sanguíneas que le extraían
frecuentemente, el mismo rojo que veía cada vez
que ella se miraba a los ojos frente a un espejo.
Con prestancia y sin mas demora, ella copio la figura,
y mientras la pintaba un inusual e inocente entusiasmo
se apodero de esa niña frecuentemente apática
por la vida. Una vez terminada de pintar la figura,
ella se entusiasmo en escribir en la misma portada de
la tarjeta, y con la mas esmerada de sus caligrafías
una frase para aquel sujeto.
"Te quiero".
Esa tarde, aquella niña había aceptado
estoicamente los largos, rutinarios y tediosos controles
que frecuentemente le eran practicados por razones
que ella ignoraba, pero que sin embargo nunca le habían
importado y ahora le importaban aun menos. Ahora ella
solo quería entregarle a aquel hombre ese presente,
que expresaba la gratitud que ella sentía por
su protector.
Largas horas llevaba ella esperando sentada en un
sillón de un hall, mirando directamente hacia
una ancha puerta de color caoba ubicada frente a ella.
Pero a ella no le importaba esta espera, se sentía
ansiosa esperando ver en aquel rostro normalmente
serio e imperturbable el mismo rostro de alegría
que había alcanzado a vislumbrar en los rostros
de varios hombres y mujeres cuando esos niños
les entregaron esas tarjetas.
Muy avanzada la tarde fue que esa puerta se deslizo,
de aquel sombrío cuarto salio la persona que
ella tanto esperaba. Un hombre adusto y de facciones
serias, profundamente inmerso en sus múltiples
preocupaciones, hacía abandono del recinto
con paso lento y firme, sin haber notado la presencia
de esa paciente niña, quien como reacción
automática a ese sonido se levanto del sillón,
poniéndose de pie para recibirle.
-Señor-. Interrumpió ella en un suave
y monocorde sonido.
El hombre detuvo su caminar, volteando su mirada para
ver a aquella niña.
-¿Qué es lo que ocurre?-. Pregunto él,
en su acostumbrado tono impersonal.
La niña no le contesto, en cambio saco de su
bolso escolar aquella cartulina y se la entrego a
aquel hombre mientras en los pequeños ojos
de aquella inocente adquirían un inusual y
tímido brillo de expectativa a la espera de
la reacción de dicho hombre.
Pero él solo miro la cartulina como quien mira
cualquier pedazo de papel sin valor, solo lo vio por
unos segundos y luego se la devolvió, sin pronunciar
ni una sola palabra. Y de esa misma forma fue que
el se retiro, dejando sola a aquella esperanzada niña,
quien ahora se sentía secretamente decepcionada
por la reacción de aquel hombre.
Lentamente, ella agacho la mirada y se dirigió
de vuelta hacia aquel frío y oscuro confinamiento
donde ella iría a descansar hasta que el momento
en que otra vez se requiriera de su presencia. Sin
darse cuenta, y en algún momento de ese trayecto,
cayó de sus manos aquella tarjeta, pero ella
no se dio cuenta. De hecho, ya no le importaba que
algo parecido a un corazón se hubiera perdido
para siempre y que hubiera terminado recogido por
alguien del aseo y tirado a un gris tacho de la basura.
Para esa pequeña niña, una triste lección
había sido aprendida. Esas cosas no debían
de importarle. Ella debía aprender a conformarse
con aceptar y callar con estoicismo todo lo que viniera,
sin derecho de esperar algo a cambio, porque nada
recibiría.
Fin.
¡Hola!.
Aquí estoy otra vez, publicando y compartiendo
con ustedes esta pequeña historia acerca de
Rei Ayanami, que un día se me ocurrió
escribir y que otro día se me ocurrió
corregir y publicar. Quizás no sea mucho, pero
esta vez quería probar con algo simple.
Espero que les haya gustado. Cualquier opinión,
crítica o sugerencia la pueden hacer llegar
escribiéndome a mi correo, todas sus opiniones
serán bienvenidas.
Y aunque ya lo saben, nunca esta de más decirlo.
Neon Génesis Evangelion, sus personajes y caracteres
NO ME PERTENECEN. Son propiedad de Gainax. La publicación
de este fic no constituye reclamo de propiedad o de
algún otro derecho sobre dicha serie. Solo
publico este fic con el fin de contar una historia
que espero que les guste tanto como a mi.
¡Hasta la próxima!.
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