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Amanecer

Capítulo XXV: Quizás...

-¡Tonta!
Ryu Mari suspiró, sintiéndose levemente culpable... ¿levemente?, para nada. El echo de que estuviera un poco más de un mes escapando de Benji Price, la hacía entre tonta (como le dijo sinceramente su amiga) y culpable.
-Pero es que me cuesta... ¿y si es verdad lo que Karl me dijo?- preguntó Ryu, insegura.
-¿Y cómo vas a saber si es verdad o no, si no le preguntas?
Silencio...
-Bueno...
-¿Ves que tengo razón?, llega a ser algo lógico- suspiró la otra, que no era otra si no Azumi Hayakawa.
-Pero es que trata de entenderme- le pidió Ryu -es difícil para mí estar en ésta situación.
-Mira, si no te conociera, diría que estás enamorada de Benji Price- suspiró Azumi, sonriendo levemente.
Ryu no contestó palabra durante algunos momentos. ¿Ella enamorada?, ¿y de Price?
-... Tu silencio me indica que lo estás considerando- dijo Azumi, con voz pícara. Muy a pesar suyo, Ryu se sonrojó (afortunadamente para ella, la otra no podía verla)
-Ehhm... no sabes lo que dices- replicó Ryu -sólo hablas...
-Si lo estoy diciendo es porque estoy bien segura- rió un poco Hayakawa -en serio, te conozco demasiado bien como para asegurar lo que te acabo de decir...
-Hum... quizás tengas razón- admitió Ryu -pero quizás estás exagerando un poco, así que dejemos en que Benji me gusta, y que aún falta mucho como para que me enamore de él...
-Como quieras, me da igual- sonrió Azumi -pero me alegra que al menos hayas reconocido algo... aunque sea poquito.
-Peor es nada, dicen- suspiró Ryu -a todo esto, ¿cómo vas con tú galán?
Asumí torció ligeramente la boca. Sabía perfectamente que al decir "tú galán"se estaba refiriendo a Misaki...
-Supongo que hablas de Jean- dijo Hayakawa -en realidad, espero que hables de él...
-De mí no puedes esperar muchas cosas- decía Ryu, sonriendo -últimamente mi vida es un caos completo, sobre todo con lo último que ha pasado con Benji.
-Uhhhh, pues trata de arreglarlo, querida...
-Sí... se hace lo que se puede...
-Entonces tú no puedes nada, porque después de tanto tiempo no veo mucho avance- rió un poco Hayakawa.
-Nanananana, mira quien habla- replicó molesta Ryu -no hables tanto, Hayakawa, que tú también metiste la pata, y bien feo.
Esta vez, Azumi no replicó, quizás encontrándole razón a su amiga.

Tom suspiró, con cansancio, mientras Van tomaba con sus manitos el zapato y lo lanzaba muy lejos.
-Van... tienes que ponerte los zapatos, ¡por favor!- Misaki le faltaba poco para rogar a su hijo que se dejara poner los zapatos. Aun no entendía ese afán que desde pequeño, su hijo había mostrado: un odio profundo al calzado.
Y que decir cuando tocaba ir a comprarle... el no andar con zapatos era algo que le gustaba desde que era pequeño, asi que igual no debería sorprenderse (ni escandalizarse)
Lo malo era que Erika no dejaba de darle la lata con el asunto. Ya lo tenía completamente aburrido del tema "los zapatos de Van", sin contar que adoraba estar con él...
-Hijo, tú abuela me va a retar si no te pongo zapatos, por favor, ayúdame...
El bebé rió un poco, divertido. Misaki aun recordaba esa tarde en que ambos estaban en el parque (por supuesto, Van sin zapatos), y se acercó a ellos una señora de avanzada edad y con mucha cara de lástima...
-Hijo- le dijo esa vez la mujer -tengo un nieto que está creciendo bastante rápido...
-Ya...- Misaki miraba confundido a la mujer. ¿Qué le importaba eso a él?
-... Si quieres te puedo regalar sus zapatitos, para el niño.
Tom no supo si sentir vergüenza o comenzar a reír por lo que ella le acababa de decir. Sabía que la mujer lo había hecho con una muy buena intención... pero no podía dejar de pensar que era ridículo.
La cosa es que a Tom le costó un mundo que la mujer le creyera que a Van no le faltaban los zapatos, sino que a él no le gustaba ponerse y que siempre armaba show cuando andaba con ellos...
-Está bien- terminó por decir la mujer, molesta -si quieres que tú hijo se enferme, allá tú. Sólo espero que seas lo bastante sincero como para tener cargo de conciencia. Y no le deseo nada malo al niño, él no tiene la culpa de tener un padre como tú...
Misaki estaba tan sorprendido por las palabras de ella que no atinaba a defenderse, ni siquiera a replicarle algo.
Y finalmente la mujer se fue de ahí, murmurando cosas como "éstos jóvenes de ahora, que creen que la única responsabilidad que tienen con los niños es darles de comer"
-¿Ves por las cosas que me haces pasar, Van?- murmuró el muchacho, sin quitar la vista de la mujer -ahora me creen un padre desnaturalizado...
Para su suerte, nunca más se encontró con la mujer (ni nunca más se asomó a ese parque... sólo cuando Van sí andaba con sus zapatos)
Pero en esos momentos, continuaba luchando contra él para ponerle los dichosos zapatos. Cuando por fin lo logró, el niño empezó a llorar, enojado.
-Como se nota que eres hijo de Deya- murmuró Tom, tomándolo a penas en brazos y saliendo de la casa, caminando hacia su automóvil.
Se fue haciendo escándalo todo el camino, y cuando llegaron a la casa de los Le Blanc, su abuela lo recibió con los brazos abiertos...
-¿Qué le pasa a mi nieto?- decía, con voz fatalista. Van, sabiendo que la tenía a ella a su favor, se apoyó en su pecho y empezó a llorar en silencio -¿Qué le hiciste, Misaki?
Tom suspiró, cansado. Su hijo era un manipulador de primera...
-Le puse sus zapatos, eso le hice- contestó Tom, mientras bajaba un bolso.
-Ah, pero hijo, tienes que ponerte tus zapatos...- le decía la mujer, con voz suave -¿no ves que tú papá corre peligro de que lo tomen por malo?- bromeó ella, Tom la miró horrible.
-Lela...
-¿Si, mi niño?
-No queyo zapato...- dijo Van, poniendo ojos de penita y haciendo pucheritos.
Como era obvio, Erika estaba cayendo ante ese tierno niño (que tanto sufre, como diría mi mamá :P), y cuando estaba a punto de ceder ante su petición, Tom se lo quitó.
-No puedo creer lo rápido que te convence- le reclamó Misaki, mientras Van comenzaba a estirar los brazos hacia su abuela -si hace esto contigo ahora que es chico, no quiero ni pensar qué logrará cuando tenga diez años...
-Siempre logrará lo que quiera de mí...- dijo con seguridad Erika. Tom suspiró.
-Escúchame, Van, si cuando llegue estás sin zapatos no vamos a jugar, ¿eh?
El niño luchó para que su padre lo soltara, y cuando Tom lo dejó en el suelo, Van corrió y se abrazó a las piernas de Erika.
-Mira, gran caso que te hace...- sonrió con burla la mujer.
-Se porta así porque sabe que tú lo concientes en todo- replicó Misaki, caminando a su auto para por fin irse a entrenar -nos vemos en la tarde...
-Cuídate...
Tom se fue. Erika esperó a que pasaran unos momentos y luego sonrió.
-Ya Van, sabes que en mi casa puedes andar sin zapatos...
-¡Eh!

-¿Sabes lo que creo?, que tienes miedo de enfrentar a Misaki...
Azumi miró seriamente a Jean. No le gustó el tono con que había dicho la última frase, y se molestó.
-¿Qué tiene que no quiera que le digas que estamos saliendo?- le preguntó ella -no tiene nada del otro mundo...
-Es que ya no estamos simplemente "saliendo", Azumi- replicó molesto también Jean -ahora estamos intentando algo mucho más serio, pero pareciera que a ti te da lo mismo.
-No me puede dar lo mismo, no seas tonto- suspiró Hayakawa -después de todo, no es cualquier cosa lo que estamos haciendo...
-Claro que no, y por eso mismo quiero que todos sepan que tenemos algo, pero pareciera que tú te empeñas en escondérselo a Misaki...
-¡Eso no es verdad!
-¡Claro que sí!
Los dos se quedaron en silencio. Jean suspiró, intentando calmarse. Discutir con Azumi no le hacía gracia, y mucho menos discutir por algo que no tenía nada que ver con la relación propiamente tal.
-¿Y qué quieres que piense?- preguntó Jean -¿acaso estás esperando a que Misaki te invite a salir y a mí me tienes por mientras?
-Sabes que eso es mentira...- murmuró Azumi, con voz cansada -sólo te pido que me dejes a mí contárselo a Tom... no es mucho y no te cuesta nada-
-Es que ya me lo pediste desde que empezamos, hace una semana- suspiró Jean -y no entiendo por qué estás esperando tanto.
-No se ha presentado el momento oportuno -musitó Azumi, sin siquiera saber si lo que estaba diciendo era del todo cierto.
-Esa es una excusa tonta- dijo él -y ya me estoy cansando. No quiero que terminemos lo nuestro, pero si no se lo dices tú, no me quedará otra que contárselo yo...
Azumi pensó en las posibilidades... y quizás era mejor que se lo dijera Jean. Con eso, ella se evitaría la vergüenza que le daba decírselo... ¿acaso era vergüenza lo que sentía?, en esa parte estaba dudando.
Le daba miedo la forma en que él lo tomaría.
Sabía que no se iba a enojar con ella, lo conocía... pero...
-Está bien, Jean, se lo diré... ahora sí que sí...- suspiró ella.
Y no le estaba quedando de otra... estaba decidida a decírselo, así que eligió un día en que fue a ver a Van y a Misaki a su casa.
Habían pasado toda la tarde juntos los tres, jugando y conversando. Cuando ya estaba oscureciendo, entre Tom y Azumi acostaron a Van... por momentos, a la muchacha se le pasó por la mente que en vez de estar con Jean, muy fácil podría estar intentándolo con Misaki (sobre todo, porque aún sentía algo por él)
Mientras Tom arreglaba a Van en su cuna, la muchacha lo miró de reojo. ¿Es que no se daba cuenta Misaki de todo lo que estaba ocurriendo?, ¿de todas las cosas que desde que se conocían le hacian sentir?
-¿Ocurre algo?- le preguntó él, mirándola con curiosidad, y haciéndola reaccionar.
-Ah... claro que no...- balbuceó ella, insegura.
-¿Quieres tomar algo antes de irte?- le ofreció Misaki, Azumi pensó que ea justamente ese momento el que estaba esperando para contarle todo.
Pero a pesar de todo, le estaba costando decidirse a decírselo. ¿Por qué tenía que ser tan complicado?
-Me tinca que algo te pasa- le comentó él, mientras estaban en la cocina -te he notado media rara hoy...
-Para nada... sólo estoy algo cansada- contestó Azumi, mintiendo un poco -te espero en el sofá.
La muchacha se sentó y suspiró.
"Vamos, mujer" pensó "Tom nunca ha sido nada tuyo como para que te pongas tan nerviosa por lo que estás haciendo"
No supo en qué momento Tom se sentó a su lado, dejando su café en la mesita que tenía en frente de ambos.
-Bien, Azumi, a mi no puedes mentirme, ¿me vas a decir o no lo que te pasa?- le insistió él, mostrando mucha curiosidad.
-¿Por qué crees que me tiene que pasar algo?- le preguntó ella, quizás para evitar el tema (a ese paso, nunca se lo iba a decir...)
-Fácil, has estado muy callada, y para que tú te calles tiene que ser muy serio...
-¡Misaki!
El joven empezó a reír por la reacción de su amiga. Azumi, supuestamente molesta por las palabras de Misaki, lo golpeó en el brazo un par de veces.
-¡Ya, no te pongas así!- rió Tom, divertido y tomando a Azumi de la muñeca, para evitar que continuara golpeándolo -sabes que es verdad, no se qué tanto te ofendes.
-¡Claro que no es verdad, no seas mentiroso!- exclamó ella, tratando de soltarse, pero Tom la tenía afirmada muy firme -¡suéltame!
-¿Para que me sigas golpeando?, ¡olvídalo!- rió más él, porque Azumi se estaba enojando en serio por el juego.
Minutos después no le quedó otra que soltarla (cuando Hayakawa amenazó con gritar y despertar a Van), y los dos se quedaron en silencio por unos minutos.
-Te quedó rico el café, gracias- dijo ella, sólo para que ni hubiera tanto silencio.
-De nada...
Tom la miró de reojo. Lo sentía, Azumi estaba demasiado esquiva con él, y no entendía la razón... pero se le ocurrió una idea para que eso cambiara.
Esperó a que ella dejara nuevamente la taza sobre la mesa, y se acercó disimuladamente a ella. Aprovechando que ella estaba mirando para otro lado, puso su dedo índice al lado de la mejilla de ella.
-Azumi- dijo él, sin moverse.
-¿Si?- la muchacha, al mirarlo, se enterró el dedo en su mejilla, doliéndole mucho -¡¡Misaki, odio cuando haces eso!!- le gritó, mientras que Tom se partía de la risa.
Azumi, enojada, se corrió al otro extremo del sofá. Misaki la miró unos momentos y se acercó a ella, hincándose al frente.
-No era para que te enojaras- sonrió él, cerquita de ella.
-Tú te pasaste- gruñó Hayakawa.
El la miraba con atención. Esa expresión de molesta la hacía verse muy divertida... sin saber la razón, puso unos mechones detrás de su oreja (pensando que quizás le molestaban)
Ante el suave contacto, Azumi sintió un ligero temblor en su cuerpo (involuntario, por si acaso), y miró a Tom, que continuaba frente a ella.
-Tom...
¿Qué tenía de malo?, fue Misaki el que finalmente se acercó a ella, dejando atrás trabas que había estado meditando desde hacía tiempo.
¿Qué tenía de malo?, quizás de verdad se estaba volviendo a enamorar de su amiga. Le encantaba estar a su lado... no le gustaba cuando se iba... ¿podía ser ese un indicativo?
Por otra parte, Azumi no fue capaz de resistirse, y por momentos le correspondió a Tom. Hasta que se acordó de cierta persona, y fue entonces que corrió la cara.
-Ahm... disculpa si te molesté- murmuró Misaki, poniéndose de pie y alejándose de ella -lo siento, de veras...
-No se trata de eso- contestó Azumi, con voz firme -no te lo habíamos dicho, pero acepté ser la novia de Jean.
Por momentos, Tom pensó que ella estaba bromeando, pero al ver su rostro serio, se dio cuenta que era verdad.
-¿Novia de Jean?- preguntó él -¿y por qué?
-Porque él me quiere...- contestó ella, sólo por decir algo. Misaki sonrió con ironía.
-¿Quererte?, ¡por favor, Azumi, no seas ingenua!- dijo Tom -los dos sabemos que es más fácil que se caiga el mundo que Jean se enamore de alguien... te dije que no cayeras en su juego, al final te va a dañar...
Hayakawa estaba molesta, y se puso de pie, encarando a Tom.
-Más de lo que me has dañado tú, no creo...
-¿¡Y yo que te he hecho!?- le preguntó Misaki, molesto -cuando estés más enganchada de Jean a él no le va a importar y se va a meter con la primera mujer que se le cruce.
-¡Deja de hablar de esa forma!- le gritó Azumi.
-No te hagas, sabes que es verdad.
La muchacha, enojada, agarró su bolso y se fue, dejando solo a Misaki, quien se tiró pesadamente sobre el sofá, mirando al techo.

 

Email de la autora:vitalisse@hotmail.com

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