| Por EsmeLi
Hola, mi nombre es Katsumi Masanori". Había
dicho aquella hermosa mujer de cabellera roja y ojos
verdes.
"Yo soy Fausto" Respondió él
amablemente a la presentación de la dama.
Realmente era una mujer hermosa, muy hermosa "Pero
no tanto como mi Elisa" había pensado
Fausto con ternura.
Katsumi Masanori era cliente frecuente de las aguas
termales Fumbari, Fausto era medico de ese lugar.
A pesar de eso, ésta era la primera vez que
se encontraban frente a frente.
Yoh ya le había hablado de ella: "Es
una mujer muy amable" habían sido las
palabras con la que el shaman de cabello castaño
la había descrito.
"Así que ésta es la mujer de
la que tanto habla Yoh" Pensó mientras
miraba fijamente a la dama. "Ahora entiendo porque
Anna se ha mostrado celosa de ella, es muy bella"
pensó el medico divertido, al recordar el rostro
celoso de la itako.
-Ya le había pedido a Yoh que nos presentara.
Pero como él ha tardado mucho en hacerlo, decidí
presentarme yo misma. -la voz de la mujer lo hizo
alejar sus pensamientos.
-Yoh me ha platicado mucho sobre usted. -dijo poniendo
atención al parloteo de la dama.
-¿En serio? Me alegra oír eso... yo
siempre le pregunto sobre usted. -sonrió Katsumi
con alegría.
-¿Preguntar sobre mi? ¿Y por que tiene
tanto interés en mí? -Fausto se mostró
confundido.
-Pues... cosas.
-¿Cómo que cosas?
-¿Alguna vez se ha enamorado?
Fausto bajó la mirada. ¿Qué
si alguna vez se había enamorado? ¡Claro
que sí! Es mas, seguía enamorado....
a pesar de que la mujer que amaba, no contaba con
vida.
-Perdóneme, ¿lo ofendí acaso?
-la mujer parecía apenada
-No, no se preocupe. Sí, una sola vez me he
enamorado y sigo enamorado. -le dijo con seguridad
-¡Que mujer tan afortunada! ¿Se puede
saber quien es la dama que cuenta con tan buena suerte?
-Mi esposa Elisa.
-¿Su esposa? No sabía que fuera casado...
creí que usted vivía aquí.
-Y aquí vivo.
-¿Si? Pues si ustedes viven aquí, me
gustaría mucho conocer a su esposa... en todo
este tiempo nunca la he visto.
-Ella murió.
-¡Oh! -Katsumi Masanori se llevó una
mano a la boca
Fausto lucía muy triste. Katsumi se sintió
avergonzada.
-Discúlpeme. -dijo apenada.
-No se preocupe.
-Entonces... es viudo.
-Elisa jamás me ha abandonado. -soltó
Fausto con seguridad.
Katsumi Masanori se sonrojó, al mismo tiempo
que sentía ternura. ¡Que hombre tan dulce!
Seguía enamorado de su esposa muerta. Eso la
hizo sentirse en confianza.
-¿Sabe? yo estuve muy enamorada de un hombre...
éramos el uno para el otro. Íbamos a
casarnos. -Katsumi sonaba extraña.
Fausto la miró con interés.
-Un día desapareció. El día
de nuestra boda...yo lo estuve esperando frente al
altar
con mi vestido blanco y los miles de invitados
a mi lado. La familia murmuraba, el sacerdote se desesperaba...
y yo solo rogaba por que llegara. Pero, nunca llegó.
Lo odie... lo creí falso... mentiroso, traicionero...
poco hombre. Días después, encontraron
su cuerpo... unos bandidos lo habían atacado
camino a la iglesia.... lo asesinaron.
Los ojos de la dama se llenaron de lágrimas,
Fausto se acercó extendiéndole un pañuelo.
-A veces siento que está parado junto a mí...-sonrió
aún con lágrimas en los ojos.
Fausto se sintió conmovido, entendía
muy bien la tristeza de aquella mujer. Él había
pasado por el mismo sufrimiento ante la perdida de
Elisa, ahora su dolor había sido recompensado,
tenía nuevamente a su esposa junto a él.
Pero, esta mujer no tenía poderes espirituales,
por lo tanto no podía ver al hombre que tanto
había amado y que al parecer seguía
amando. Sin embargo, ella seguía adelante.
Aunque hubiera días en que el dolor parecía
incrementarse, ella seguía. Y vaya que esos
días eran terribles... él lo había
sentido al perder a Elisa. Katsumi Masanori, con todo
y su dolor, estaba ahí, tan amable y sonriente
con todos. Fausto sintió que comenzaba a admirarla.
-¿No le gustaría tomar un café
conmigo?
La voz femenina volvió a sacarlo de sus pensamientos.
-Con mucho gusto. -sonrió el rubio con dulzura.
Los siguientes días estuvieron saliendo. Platicaban
de sus penas, así como de la alegría
que habían compartido con sus parejas. Katsumi
escuchaba con atención la forma en que Fausto
hablaba de Elisa, seguía tan enamorado, parecía
como si cada día que pasara se enamoraba más
de ella. Lo más asombroso para la dama, era
que los relatos de Fausto daban la impresión
de que ella seguía viva. Un día, sentados
en el parque, la dama Masanori se atrevió a
preguntar:
-¿La ves mucho fausto? -obviamente refiriéndose
a Elisa.
-Todos los días. -respondió él
con una mirada llena de alegría.
-Eso pensé. -Katsumi también sonrió.
Fausto se sintió triste. Él podía
estar con Elisa, pero Katsumi no podía estar
con el hombre que tanto había amado. Ni siquiera
podía darse cuenta de que siempre estaba a
su lado.
-Tengo que irme. -dijo ella levantándose.
-Te acompaño.
-No. Quiero estar sola.
¿Sola? Ella siempre estaba sola. Su única
compañía era un gato gris llamado "Poney"
y a las únicas personas que conocía
eran a sus compañeros de trabajo, Fausto, Yoh
y Anna.
Fausto regresó a la residencia Asakura más
temprano de lo acostumbrado, considerando que desde
que salía con Katsumi regresaba muy tarde.
El medico comió tranquilamente y se retiró
a su habitación.
-Es extraño que haya regresado tan temprano.
-exclamó Yoh.
-¿Has visto a Elisa últimamente? -preguntó
la itako.
-¿A Elisa? -Yoh parpadeó
-Yo sí la he visto. Y créeme, nunca
la había visto tan triste. -suspiró
Anna, su prometido era un despistado.
-¿Elisa está triste? -Yoh la miró
preocupado.
-Bastante. Y todo es por la amistad que ha surgido
entre esa mujer y Fausto. -Anna parecía disgustada.
-¿Crees que Fausto...?
-No dudo del amor que Fausto siente por Elisa, pero
no me gusta la forma en que esa tal Katsumi lo mira.
Yoh miró a Anna con asombro, la itako había
sido muy directa: Katsumi Masanori no sólo
veía en Fausto a un amigo.
El sol salió como todas las mañanas.
Fausto se encontraba en el techo de la casa admirando
el paisaje, acompañado de su fiel Elisa. Anna
tenía razón, el rostro de Elisa reflejaba
una infinita tristeza.
-¿Te ocurre algo, Elisa? -Fausto miró
fijamente a su esposa.
Elisa evitó mirarlo.
-¿Acaso estás enojada? -insistió
Fausto.
Elisa volvió a desviar la mirada.
-¿Elisa?
Fausto tomó con suavidad la barbilla de su
amada esposa, obligándola así a mirarlo.
Las mejillas de Elisa estaban mojadas, gruesas lagrimas
salían de sus ojos azules.
-¿Qué te sucede? -preguntó él
con preocupación.
Sin recibir respuesta alguna, se dispuso a limpiar
las lágrimas del rostro de su amada. Posteriormente
la abrazó.
Era en ocasiones como ésta, cuándo
Elisa sentía que Fausto sólo la amaba
a ella. Que no importaba que la muerte los haya separado,
ahora estaban juntos y eso era lo único que
importaba.
Pero... ¿no se habían jurado amarse
hasta que la muerte los separara? Pues, en ese caso
la muerte ya los había separado, sin embargo,
ninguno aceptó tal cosa. Ambos seguían
juntos a pesar de la muerte de ella.
Aún se amaban
¿Por qué Fausto aún la amaba,
verdad? Él estaba tan enamorado de ella, como
ella lo estaba de él ¿no?
Ya atardecía. ¿Habían estado
toda la mañana juntos? Ni lo había notado.
Fausto se apartó de ella con suavidad. Miró
su reloj, se suponía que desayunaría
con Katsumi. No había asistido a la cita, seguramente
ella estaba preocupada.... o enojada.
-Fausto, te buscan. -se escuchó la voz de
Yoh.
-Enseguida voy. -contestó Fausto.
Fausto miró a Elisa, ella bajó la mirada.
El medico la tomó con ternura y le depositó
un suave beso en los labios.
Al llegar al recibidor, Fausto se encontró
con Katsumi. La dama lucía pálida y
llorosa.
-¡Fausto! -la dama corrió hacía
él, abrazándolo.
Lentamente se apartó de él.
-¿Estás bien? -le preguntó angustiada.
-Lo estoy.
-Te estuve esperando. ¿Por qué no llegaste?
-la mujer lo miró confundida.
-Lo siento. Elisa no se sentía bien. -dijo
él simplemente.
Katsumi apretó los puños con fuerza.
-¿Hablas de tu esposa? -dijo con amargura.
-Sí, de ella hablo.
-Tu esposa.... ¿la que murió hace tiempo?
-el tono de Katsumi había sido frió.
Fausto palideció.
-Ay, Fausto. Al principio se me hizo muy tierno y
noble de tu parte que siguieras enamorado de ella.
Muy tierno que hicieras como si ella siguiera con
vida... pero, ya es demasiado. Ella está muerta
Fausto... ¡muerta!
Los ojos de Fausto brillaron con rabia y dolor.
-Ella murió, al igual que aquel hombre al
que tanto quise. Nosotros nada podemos hacer... pero
piensa, tu y yo aún estamos vivos
¡Ya
no insistas con este jueguito de ver a tu esposa muerta!
-No es ningún juego.... -soltó Fausto
con rencor.
-¿No te das cuenta, Fausto? Me lastimas.....-sollozó
ella.
Fausto la miró confundido.
-Me lastima que sigas amándola.
Fausto parecía no comprender.
-¡Yo te amo, Fausto! Te amé desde la
primera vez que te vi... ahora lo sé, somos
almas gemelas.
-Yo sólo puedo amar a Elisa.
-¡No! Tú sólo sabes amarla a
ella... déjame enseñarte como amarme.
¡No sigas amarrado a su recuerdo! Fausto, por
favor.
Fausto guardó silencio.
-Todo este tiempo he esperado que a me ames. Decidí
no darme por vencida, decidí luchar contra
el amor que sientes por Elisa y no me voy a rendir
ahora...Ya logré acercarme a ti, así
que ni pienses que me alejare...¡rayos! ni siquiera
me gusta bañarme en agua caliente.... sólo
quería acercarme a ti y lo logré, ahora
no pienso dar marcha atrás.
Katsumi salió de la casa, la puerta se cerró
tras ella. La dama se giró y en voz alta llena
de amargura dijo:
-¡Te odio Elisa! ¿Por qué no
puedes dejarlo en paz? ¡Ya no perteneces aquí!
¡Él aún puede ser feliz! ¡Déjalo
ser feliz! ¡No sigas atándolo!
Katsumi fijó la vista en la residencia Asakura.
Dejó caer sus lágrimas...
Y...
La vio.
De pie, en el techo de la casa Asakura, mirándola
fijamente, con el semblante angustiado y su larga
cabellera rubia al aire.
-E... ¿Elisa? -palideció.
Katsumi Masanori se llevó ambas manos a la
boca, tenía frente a frente a su mayor y única
rival, la fallecida esposa de Fausto. Dio dos pasos
hacía atrás, llena de sorpresa. Después
se echó a correr.
La noche cayó. Fausto no podía dormir,
estaba envuelto entre la confusión y el remordimiento.
¿Había él propiciado el amor
que Katsumi decía sentir hacía él?
¿Había sido muy cruel con ella? ¿Qué
tanta razón tenia la dama Masanori con respecto
a Elisa? Elisa..... Eso era lo que más le angustiaba....
¿qué estaría pensando Elisa respecto
a todo lo ocurrido? Ya de por si su esposa estaba
actuando muy extraño estos últimos días....
Se levantó del futon. ¡Necesitaba tomar
aire! se sentó en el techo, Elisa se sentó
a su lado, se veía mucho más tranquila
que en la mañana. Fausto en cambio, parecía
inseguro.
-Elisa, lo que sucedió esta tarde..... -empezó
cauteloso
-Ya es hora de que me marche. -soltó de pronto
Fausto se giró a verla, la voz de Elisa se
había escuchado ahogada.
-¿Qué dices? -preguntó confundido
el rubio
-Esa mujer tiene razón, juntos fuimos muy
felices.... ahora es tiempo de que seas feliz con
alguien más. -la dulce voz de Elisa se escuchaba
temblorosa
-¡¿Pero que dices?! ¡Tú
me dijiste que estarías siempre a mi lado!
-Fausto la miró herido
Elisa no soportó más, dejó caer
sus lagrimas. Fausto la miró confundido. De
repente, una idea se le cruzó por la mente....
-¿O es acaso que...?-ahora era la voz de Fausto
la que sonaba ahogada
Elisa miró a su esposo.
-¿Ya no quieres seguir conmigo? -terminó
la pregunta, Fausto
Elisa se soltó en llanto.
-Es eso... ¿verdad? -Fausto la miró
con infinita tristeza
Elisa no dejaba de llorar.
-Perdóname, he sido muy egoísta, te
obligue a regresar a este mundo... pero lo hice porque
no soportaba la idea de estar lejos de ti.... -Fausto
trataba de ocultar su llanto
Elisa lo miró profundamente, ahogando un sollozo.
-Tal vez tú preferirías ya no estar
aquí.... perdóname por traerte de vuelta...
por obligarte a estar conmigo. -Fausto dejó
caer sus lágrimas
Elisa se cubrió el rostro con ambas manos
sin dejar de llorar.
-Esta vez haremos lo que tú quieras.... -Fausto
sonrió, aún con lágrimas en los
ojos
Bañada en llanto, Elisa abrazó a Fausto.
-¡Yo quiero estar contigo! No quiero separarme
de ti nunca... déjame quedarme a tu lado. -Elisa
se aferró al pecho de Fausto
-Elisa, yo no quiero perderte de nuevo... no ahora
que te he recuperado.... -Fausto acarició el
rubio cabello de su esposa.
Ambos lloraban, abrazados con fuerza.
A la mañana siguiente, Fausto salió
en compañía de Manta. Anna les había
dado una lista de las cosas que debían comprar
en el supermercado.
Al pasar por el parque se encontraron con alguien
muy conocido para Fausto. Sentada en una banca, con
la vista al suelo se encontraba Katsumi, con su larga
cabellera roja, sujeta en una trenza.
-¿Puedo hablar contigo, Fausto? -le pidió
temerosa
Manta inventó una excusa para adelantarse
a la casa Asakura, de esa forma los dejó solos.
Estuvieron en silencio por un largo tiempo, Katsumi
fue quien rompió aquel larguísimo silencio.
-Quiero pedirte perdón... y también
a Elisa, me comporte como una idiota.
-Tranquila. -sonrió Fausto con dulzura
-¿No me guardan rencor? ¡Estuve a punto
de destruir el amor que hay entre ustedes!
-El amor que hay entre Elisa y yo no se puede romper
tan fácilmente.
-Yo diría que no se puede romper con nada.
-sonrió Katsumi.
-Tienes toda la razón. -Fausto también
sonrió.
Ambos rieron. Después el silencio se apoderó
de los dos. Nuevamente, Katsumi destruyó aquel
silencio.
-¿Sabes? Me di cuenta de que no te amo...
Fausto la miró confundido.
-El amor no es egoísta y yo fui muy egoísta
al querer separarte de Elisa. Además, no puedo
amarte porque yo amo a alguien más....
-¿Te refieres a...?
Katsumi asintió en silencio.
-Ayer conocí a Elisa. Es tan hermosa como
me habías dicho... no, es más hermosa
de lo que me habías dicho. -Sonrió la
pelirroja.
Pero su sonrisa desapareció de repente y su
rostro reflejó tristeza absoluta.
-Al verla comprendí muchas cosas. Incluso
sentí envidia. Tú sí puedes estar
con la persona que amas, en cambio yo... ¡como
me gustaría ver a Tetsato una vez más!
¡Decirle tantas cosas! Decirle que jamás
lo olvide....
Tetsato, ese era el nombre de aquel hombre con el
cuál Katsumi Masanori había estado a
punto de casarse.
Los ojos de Katsumi se llenaron de lágrimas.
Fausto se le acercó lentamente, sentía
tanta tristeza por ella.
-Perdóname, es que no puedo evitarlo. -dijo
abrazándose de Fausto.
Hundió el rostro en el pecho de Fausto, para
ocultar su llanto.
-Una vez me dijiste que a veces podías sentirlo
parado junto a ti. -Fausto la abrazó tratando
de consolarla.
Katsumi alzó la cabeza, lo miró atontada
y sonrió con decepción.
-Así es... pero últimamente ya no lo
siento. Quizás decidió abandonarme para
siempre y con justa razón. -Katsumi se soltó
lentamente de Fausto.
La dama volvió a sentarse en la banca, con
la mirada nuevamente en el piso.
-Dudo mucho que él te haya abandonado. -le
dijo Fausto muy seguro.
-¿Ah? -Katsumi alzó la vista muy confundida.
Ella no podía verlo, pero Fausto sí.
Él lo veía ahí sentado junto
a Katsumi, mirándola lleno de tristeza.
-¿Qué te hace estar tan seguro? -la
dama sonó desconfiada.
-Él jamás te abandonara.
La mirada de Fausto estaba clavada en aquel espíritu
sentado junto a Katsumi Masanori. Ella notó
que Fausto no la miraba, sino que miraba a su lado,
el espacio vacío de la banca. Quizás...
para Fausto, ese lado de la banca estaba ocupado.
-¿Lo ves? te envidio.... hasta a él
puedes verlo. -sonrió Katsumi con tristeza.
-Yo...
-Algún día lo veré. Después
de todo logre ver a tu Elisa ¿no? -la dama
se puso de pie.
Fausto sonrió gentilmente.
-Es probable que no volvamos a vernos. -le dijo la
pelirroja.
-¿Por qué?
-Tengo exceso de trabajo.
-Puedes ir a las aguas termales Fumbari para relajarte,
a Anna le dará mucho gusto no perder una cliente.
¡Quizás hasta te haga un descuento!
-Lo dudo, como si no conocieras a Anna... ¿un
descuento? jajajaja.
-¿Entonces?
-Lo siento, pero como ya te dije antes... no me gusta
bañarme en agua caliente. -sonrió enormemente-
sólo iba para verte.
Fausto también sonrió, algo colorado.
-Adiós, Fausto. Me dio mucho gusto conocerte.
Contigo he aprendido muchas cosas.
-Katsumi....
-¿Si?
-Sobre Tetsato....
-Lo sé. Está jugando con mi trenza,
tratando de desatarla.
-¿Cómo lo sabes? -Fausto estaba asombrado.
-Porque cuándo vivía solía hacerlo.
Me pedía que soltara mi cabello, según
él luzco mejor así. Y si él está
aquí... ¿por qué no habría
de estar haciéndolo? ¡Dudo que haya cambiado
de costumbres!
-¿Puedes sentirlo?
-Para serte sincera no. Pero, pronto lo volveré
a sentir... y como te dije antes... ¡hasta lo
podré ver!
-De eso estoy seguro.
-Sólo espero, que no se fastidie y se vaya....
-Créeme, él jamás lo hará.
-No lo sé.... a él no le gustaba estar
mucho en un mismo lugar
Katsumi parecía más animada. Fausto
sonrió con tranquilidad.
-¡Es cierto! despídeme de Elisa. Y por
favor... pídele que me disculpe por mis malos
modales... eso de salir corriendo al ver la cara de
uno, no es muy educado que digamos.
-Lo haré. -sonrió Fausto.
-Fausto....
-Dime.
-No sabes como deseo que al igual que Elisa, Tetsato
nunca se vaya de mi lado.... ¿eso es ser egoísta?
-Cuándo uno ama siempre lo es. Créeme,
el amor es egoísta.
-El amor no debería ser egoísta.
-La muerte lo es más.
Katsumi se acercó a Fausto:
-Cuídate mucho. -le dio un beso en la mejilla.
Katsumi sonrió por última vez ante
Fausto. El rubio vio a la frágil figura alejarse,
acompañada de un hombre alto de larga cabellera
negra.
-Podrás, sé que podrás. Para
el amor no hay imposibles. -sonrió Fausto.
Se dio media vuelta y caminó rumbo a la casa
Asakura, ahí Elisa lo esperaba, sentada en
el techo, sonriente.
FIN.
NOTAS DE LA AUTORA: Uy.... ¿les gustó?
¿O se les hizo un poco empalagoso? Pues, yo
estoy muy contenta con él. ¡Es mi primer
fanfic de un solo capítulo! Quería probar
que tanto se me da el romance y otros géneros,
ya que normalmente escribo pura comedia. Así
que ando explorando otros terrenos. Y quise probar
suerte con una pareja que tienen muy abandonada: Fausto
y Elisa.
Sobre el titulo, ¿qué les puedo decir?
el día que empecé a escribirlo mi mamá
estaba escuchando Juan Gabriel a todo volumen... y
pues, no sé... me dio la sensación de
que la canción "Amor eterno" va muy
bien tanto con Elisa y Fausto, como con Katsumi y
Tetsato.
Ahora sí, es todo lo que tengo que decir.
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